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Higos con crema de azafrán y cardamomo

octubre 11, 2021

Ya está a punto de acabar la temporada de higos, pero aprovechando que encontré todavía unos el otro día, me decidí a probar este postre. Si te gusta el chocolate blanco y las especias lo vas a disfrutar todo. 

Es importante tostar bien el cardamomo y el azafrán, sin quemarlos, para que desarrollen todo el aroma y el sabor, y dejarlos luego suficiente rato en infusión para que los sabores se potencien. Después, no puede ser más fácil. 

A mí me encantan las cremas frías en postres. Se dejan preparadas hasta el momento de servir,y puedes jugar con la presentación como tú quieras: en un bol grande y servir en la mesa, en boles individuales, o en vasitos. Prueba y seguro que encuentras todavía más formas de servirlo. ¿ Porqué no como crema para acompañar un bizcocho?

Un postre de otoño que da muchísimo juego. Espero que os guste.

Higos con crema de azafrán y cardamomo

Ingredientes

500 ml de nata líquida
4 vainas de cardamomo,
Unas hebras de azafrán
100 g de chocolate blanco
9 higos maduros abiertos por la mitad
Frambuesa deshidratada en polvo para servir
 

Preparación

Tuesta el cardamomo en una sartén, sin aceite, y machaca en el mortero. Tuesta el azafrán, sin quemarlo, en una sartén. Vierte 100 ml de nata y cuando se impregne bien del azafrán, pásalo todo a un cazo, añade el resto de la nata, el cardamomo y lleva a ebullición.
Retira del fuego y cubre con una tapa, dejando infusionar 15 minutos.
Derrite el chocolate blanco al baño María. Añade la mezcla de nata y especias al chocolate y mezcla bien. Retira del fuego, y añade poco a poco el resto de la nata hasta tener una crema bien mezclada. Lleva al frigorífico, removiendo de vez en cuando, hasta que enfríe por completo.
Sirve la crema en boles, reparte los higos y decora con la frambuesa deshidratada en polvo.

Sopa fría de pepino

agosto 25, 2021

Con el verano dando ya los últimos coletazos, todavía quedan días de calor en los que sigue apeteciendo comer fresquito. Al contrario que Mafalda, yo adoro las sopas en todos sus formatos; también las sopas frías. Pero con lo que no he podido nunca, nunca, es con el pepino.
Sí, has leído bien. Te traigo una sopa de pepino para decirte que no me gusta el pepino.
No soportaba el pepino (sigue sin volverme loca, la verdad) hasta hace nada. Este verano he empezado una terapia de desensibilización. Es decir, que lo he ido poniendo en pequeñas cantidades en ensaladas, hemos comido tzatziki para acompañar cantidad de platos y me he ido reconciliando con su sabor, así, en pequeñas dosis. Y al final, a fuerza de usarlo como de tapadillo, he conseguido que no me resulte tan intolerable. Lo he usado cortado en palitos con otras verduras y hortalizas en estos rollitos vietnamitas, y la semana pasada nos animamos a hacer sushi casero y también le pusimos su parte de pepino a algunas piezas. Así que tras este incremento gradual de la dosis, y mejorada mi tolerancia a su sabor, me vine arriba y me decidí a hacer una sopa fría de pepino que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Básicamente, desde principios de verano. Me temía que me iba a seguir resultando demasiado potente de sabor, pero me pudo la curiosidad y me animé a probarla.
Y la verdad es que si te gusta el pepino no sé si te volverá loca, pero a mí me ha encantado y ya la tengo compitiendo muy de cerca con el gazpacho y la vichyssoise en el top de mis sopas frías favoritas. Además de muy rica, se prepara en un momento, no hay que hacerle apenas nada al servirla y es un primer plato refrescante perfecto para un día de calorazo. Y te lo dice una que sigue sin ser superfan del pepino.
Espero que te guste. 


Sopa fría de pepino
2 pepinos grandes
500 g de yogur natural
125 ml de agua
Sal
Para servir
Aceite de Oliva
Chile rojo
Unas hojas de menta fresca

Preparación
Pela el pepino y córtalo en dados no muy grandes. Pon en el vaso de la batidora el pepino, el yogur, y la mitad del agua. Añade la sal y bate hasta tener una crema. Ajusta con el resto del agua si fuera necesario, hasta darle la textura que prefieras.
Si quieres, puedes colarlo ahora y dejarás una sopa muy fina, pero no es imprescindible.
Llévalo al frigorífico, mejor un par de horas, y sirve muy frío decorado con un hilito de aceite de oliva, un poco de chile rojo y unas hojas de menta. Si te apetece, también le puedes poner unas bolitas de mozzarela, y un poco de tomate en dados.


Crema de zanahorias, naranja y cilantro

marzo 03, 2021

No importa el calor que haga, una crema de verduras o una sopa siempre es bienvenida. Calientes, cremosas y reconfortantes en invierno; ligeras y con verduras de temporada, o simplemente cargadas con lo que va quedando en la nevera en cualquier otro momento. Esta de hoy aprovecha unas zanahorias un poco pasadas y unas naranjas ya de retirada, y consigue sacar lo mejor de las dos. La combinación de zanahorias y naranja funciona de maravilla en esta crema. y la textura la puedes ajustar a tu gusto, con más o menos líquido, dejándola más o menos fina. El color es definitivamente un plus que me pone de buen humor cuando la veo. 
La pena es que una de estas tazas pasó a mejor vida poco después de hacer estas fotos. ¿Soy la única torpe que se carga las piezas de vajilla que más le gustan en los momentos más inorportunos? Una pena, porque son de hace un tiempo y no he conseguido reponerla. Claro, que igual por eso tengo el armario  de tazas de desayuno más colorido que te puedas imaginar, que como daño colateral de mi torpeza tampoco es tan terrible, ¿no crees? 
Disfruta de esta crema, que además congela de maravilla y puedes dejar en raciones individuales para tomar en tu taza preferida cuando más te apetezca.
Crema de zanahorias, naranja y cilantro

Ingredientes

500 gr de zanahorias, limpias y cortadas en dados
Zumo de 1 naranja
Ralladura de media naranja
1 litro de caldo de verduras 
Aceite de oliva 
Sal

Preparación

Cubre ligeramente el fondo de una sopera con aceite de oliva y añade la cebolla y una pizca de sal. Deja que la cebolla se sofría despacio, unos 10 minutos. Añade las zanahorias y la ralladura de naranja y remueve unos 3 o 4 minutos. Añade el caldo y lleva a hervir. Reduce el fuego al mínimo manteniendo el hervor y deja que se cocine unos 20 a 25 minutos, hasta que las zanahorias estén completamente blandas.  Tritura con una batidora para conseguir una crema. Añade el zumo de naranja y mezcla de nuevo. Salpimenta y sirve acompañada de unas hojas de cilantro. 

Crema de zanahorias y jengibre

diciembre 01, 2020

Una cremita caliente apetece siempre, y ahora, con estos días tan cortos, todavía más. Yo es que soy muy fan de cremas y sopas, -si os dais una vuelta por el blog veréis que hago muchas-, y es que, aunque no todos me siguen en casa, a mí me apetecen siempre. 
Cuando vivía en España solía tomarlas como primer plato. Desde que estoy fuera, las sopas se han ido haciendo algo más contundentes y ahora son una comida rápida o una cena ligera, sobre todo si las enriquezco con arroz, legumbres, o pollo.
Esta es de una sencillez absoluta, pero tiene la belleza no solo del color de la zanahoria, que  te alegra los días grises de diciembre, sino el punto picante del jengibre, que levanta un poco el sabor del conjunto. A mí la zanahoria en crudo me encanta, pero cocinada me resulta dulzona y plana de sabor. Un poco de jengibre le va perfecto. Si te apetece, añádele también un golpe de cúrcuma. Ganará en color (intensificando el naranja), en sabor, y en propiedades antiinflamatorias. 
La tomes como la tomes, te va a encantar. Por mí que no quede darte opciones. 
A disfrutarla.
Crema de zanahorias, jengibre

Ingredientes 
1 cucharada de aceite de oliva
1 cebolla pequeña picada fina
1 diente de ajo picado
20 g de jengibre fresca, pelado y picado picado
200 g de zanahorias picadas
300ml de caldo de verduras
Pimienta negra molida
Aceite de oliva virgen extra para servir
 
Preparación 
Calienta el aceite en una cacerola pequeña a fuego medio. Añade la cebolla y cocina 2-3 minutos. Agrega el ajo, el jengibre y las zanahorias y cocina 5 minutos, revolviendo ocasionalmente.
Añade el caldo, rectifica de sal y pimienta. Lleva a ebullición, reduce el fuego, cubre y deja que se cocine a fuego lento unos 20 minutos, o hasta que las zanahorias estén suaves.
Tritura con una batidora de pie hasta que tengas una crema suave, vuelve a calentar si es necesario. Sirve en boles y añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra y un golpe de pimienta negra recién molida.

Sopa de tomate y albahaca

julio 07, 2020
Una de las mejores comidas del verano son las sopas frías. Sí, y los helados, y las ensaladas, y las barcacoas y el pescado a la brasa, y mil millones de cosas más que echo de menos porque vivo en una ciudad sin verano (también conocida como Belfast). Obviamente, no elegí este destino por el clima, eso os lo aseguro. No es frío, pero vivimos con una nube gris sobre nuestras cabezas.
Permanente.
Dicho esto, para los que estáis disfrutando del verano-verano,  es cierto que hay miles de comidas, frutas, y demás que son una auténtica maravilla, pero uno de mis platos favoritos de todos los tiempos son las sopas frías.
Hay muchas opciones y en esto, igual que la tortilla de patatas, cada casa tiene la suya. Si te apetece probar otras sopas frías, anímate con esta sopa fría de melón, o con este gazpacho con bolitas heladas de queso y albahaca. La de hoy es una sopa de tomate.
No es un gazpacho, ni un salmorejo, ni nada parecido. No se parece en nada a esas maravillosas ensaladas bebibles, que son divinas después de un día de calor.
Esta de hoy es una sopa, sopa. Es una sopa de verduras, pero con el tomate como verdura estrella. Y por tanto, la puedes tomar fría en verano, o caliente cuando te apetezca. En eso me recuerda a la Vichyssoise: una crema de puerros en caliente, o una sopa fría según cómo la sirvas. Pero ahí se acaban los parecidos, porque esta sopa de tomate es otra cosa. La albahaca le da un punto fresco muy agradable, y si quieres, algo italiano (acompáñala con un poco de pan tostado y mozarella y verás de qué te hablo) pero puedes dejarla de lado si no te apasiona. Como otras sopas de verduras, congela bien, pero es mejor que le des un hervor antes de consumirla después de congelarla (esto con todas las cremas y verduras te ayuda a mitigar contaminaciones y vuelve a emulsionar los ingredientes si en el congelado se habían separado).
Una vez cocinada, déjala enfríar y guárdala en el frigo. Sirve como sopa fría, o pruébala como alternativa a tus sopas de verduras y verás de qué te hablo. 
Y a disfrutar del verano!


Sopa de tomate

Ingredientes
2 cucharadas de aceite de oliva
1 zanahoria, pelada y cortada en cubitos
1 cebolla pequeña, cortada en cubitos
3 dientes de ajo picados
1 lata de tomates enteros
250 ml de caldo de verduras
Sal y pimienta
1/2 cucharadita de comino molido
1/4 cucharadita de orégano seco
1/2 cucharada de azúcar
1/4 taza de albahaca fresca

Preparación
En una sartén mediana, calienta el aceite de oliva a fuego medio-bajo. Añade las zanahorias, la cebolla y el ajo, y cocina hasta que estén tiernos, unos 8 minutos. Añade el tomate con su jugo, el caldo de verduras, el comino y el orégano. Deja que se cueza a fuego medio unos 20 minutos. Bate la mezcla con una batidora o con una batidora de vaso. Prueba y salpimienta, y comprueba la acidez. Rectifica con el azúcar.


Crema roja de verduras

mayo 05, 2020
Esta es todavía otra forma de hacer otro plato de un plato que ya has cocinado y has guardado, o del que has hecho cantidad.
¿Te acuerdas de la sopa de verduras cajún?
Pues justo en el último paso, si no le añades las alubias ni el champiñón, o si retiras una parte antes de añadirlos, y los pasas por un robot de cocina o una batidora, tienes esta crema de verduras.
Otro plato más cocinando solo una vez.
A mí me viene genial, porque como siempre, puedes congelar en porciones e ir tirando de recurso cuando lo necesites.
Una idea supersencilla que igual os sirve.


Sopa de verduras y alubias cajún

abril 14, 2020
Esta es una receta que he adaptado de un libro de cocina que andaba por casa y que  estoy haciendo mucho últimamente por varios motivos. Es perfecta para hacerla mientras cocinas la cena, porque es una receta rápida (y más aún, si, como yo, usas un robot de cocina para cortar todas las hortalizas) y que requiere muy poca atención. Así, te la dejas lista para la comida del día siguiente. Congela de maravilla, y es una comida en sí misma, cargada de verduras y hortalizas, pero con la fibra y la contundencia de las legumbres. También puedes usar las verduras que tengas dando vueltas por el frigo o tirar de latas o de congelador. Le ajustas el picante a tu gusto, y te das un gustazo de la forma más sana posible.


Sopa de verduras y alubias cajún

Ingredientes
1 cebolla mediana
2 dientes de ajo picados
1 calabacín
1 pimiento verde
1 pimiento rojo
2 zanahorias
2 latas de tomate en trozos
1 litro de caldo al gusto (carne, pollo, verduras. También puedes hacerlo con 2 medidas de agua de las latas (~800 ml) y 2 cubitos de caldo)
1 cdta de especias cajun, (u otra mezcla de especias algo picantes, al gusto: ras el hanout,
1 lata de alubias de variedad pequeña y fina
1 lata pequeña de champiñones
Aceite de oliva
Sal
Pimienta negra

Preparación
Sofreír la cebolla y sudarla. Añadir el ajo y sofreír un poco sin quemarlo. Añadir todas las verduras cortadas en rodajas pequeñas, el tomate y el caldo y las especias y llevar a ebullición. Bajar a fuego medio- bajo y dejar que se cocine durante 30 minutos. Probar y rectificar de sal y pimienta, y de especias si hiciera falta. Añadir las alubias lavadas bajo el grifo de agua fría, y los champiñones si los usas (también lavados y escurridos). Dejar cocinar otros 15 minutos. Servir.  

Crema de puerros con aceite de trufa

marzo 31, 2020

Un básico entre los básicos que nos acompaña en casa desde siempre. Tanto es así que ni se me había ocurrido publicar esta receta. Pero hace un tiempo, cuando compartí algo similar en Instagram y no puse la receta,  me dijeron que estas recetas básicas eran muy buenas para quien estaba empezando a cocinar. Y me di cuenta de que si hace unos años me lo hubieran dicho a mí, me habría pasado lo mismo. Así que cuando hace unos días preparé esta crema que hago muy a menudo en casa, decidí hacerle unas fotos y compartirla aquí por si a alguien le sirve. El ajo negro y el aceite de trufa son pijadas totalmente prescindibles que me apeteció ponerle porque las tenía a mano, pero te aseguro que te saldrá riquísima sin ninguno de ellos. 
Esta crema congela de maravilla, sólo tienes que volver a llevarla a hervir una vez descongelada para conseguir los mejores resultados (personalmente, no me gusta la textura que queda si la recalientas en el microondas, pero descongelando por la noche en el frigo, y calentando hasta que hierva a fuego vivo unos minutos, queda perfecta).
Así que aquí tienes una crema de verduras de batalla que además, es la base de un clásico de la cocina francesa: la Vichyssoise. Pero esa es una historia para otro día que os contaré muy pronto, porque también vale la pena que la tengáis en vuestro repertorio para el verano. Si os gustan las sopas frías, os encantará.
Espero que os guste esta crema y la convirtáis en un habitual para vuestras cenas, como lo es para nosotros. 

Crema de puerros con aceite de trufa y ajo negro
Ingredientes
4 patatas medianas
2 puerros no demasiado grandes (la parte blanca)
Caldo al gusto (verduras, carne, pollo) o agua , en cantidad justo para cubrir las verduras
125 ml leche entera 125 ml (aprox)
Aceite de oliva
Sal
Pimienta negra
Opcional
Ajo negro
Aceite de trufa

Preparación
Pela las patatas y córtalas en cachelos. Limpia bien los puerros y corta la parte blanca en trozos pequeños de tamaño uniforme. Pon un poco de aceite en una olla de fondo grueso, a fuego medio, y sofríe ligeramente el puerro. Si usas el ajo negro, ponlo junto con los puerros.  Añade las patatas y dales unas vueltas. Añade caldo solo para cubrir las verduras. Aquí puedes añadir el tipo de caldo que prefieras, hacerlo con agua y un cubito de caldo, o solo con agua, a tu gusto. Lleva a ebullición y deja que se cocine a fuego medio hasta que las patatas y el puerro estén blandos al pincharlos con un tenedor. Retira el resto de caldo con un cazo y reserva. Bate las verduras con una batidora de mano, añadiendo el caldo que has reservado hasta tener una consistencia un poco más espesa de la que quieres. Añade la leche, y rectifica de sal.
Puedes servirlo con un poco de aceite de trufa, como en la imagen. A mí me encanta servirlo con un buen golpe de pimienta negra.
 


Crema verde

enero 04, 2020
No, ni dieta, ni détox,  ni similares. Verdura. En enero, y en julio, en cualquier momento y a cualquier hora. Porque,  no nos engañemos, los postres son maravillosos, pero no nos alimentamos de ellos. En el tiempo que llevo con el blog he aprendido a hacer mucha repostería que de otro modo nunca hubiera imaginado que era capaz de hacer en casa. Es divertido, y tiene mucho que ver con el hecho de que el blog es un hobby y que cuando tengo tiempo para pensarlo, organizar compra, y tiempos de levados y demás, la repostería es el tipo de receta que antes y más me apetece hacer. Me lo paso tan, tan, bien probando nuevas recetas de repostería que a temporadas me olvido de incluir otras recetas aquí.
Normalmente, cuando cocino nuestras comidas habituales no tengo tiempo para las fotos. Otras veces, no me parece que sean recetas interesantes que merezca la pena compartir, porque todas podemos cocinar más o menos en automático y no le damos ninguna importancia a esa tarea diaria.  Pero hace un tiempo que mi hija L ha empezado a adelantar su cuenta atrás hacia la universidad y aunque todavía le falta bastbante para eso, me pidió que le pasara recetas. 
Fácil, ¿no? Yo pensé que era lo más sencillo del mundo. Están todas publicadas en el blog, no tendrás problema. Hasta que ella empezó a decirme qué cosas quería saber hacer y me di cuenta de dos cosas: 
La primera, que quieres llevarte los sabores de casa  contigo cuando vayas a explorar el mundo por tu cuenta. Y pensé que eso es una gran idea. Porque no importa lo que pase fuera, pero saber que al volver a casa te espera ese sabor que te reconforta y te hace sentir en tu sitio, te dará fuerzas para comerte el mundo. O al menos, te ayudará a que, cuando intente devorarte, tú puedas coger fuerzas y volver con ganas a enseñarle quién eres. También, y de forma más prosaica: que, como mínimo, estarás bien alimentada con sabores familiares. Y como mami, eso también es importante.  
Y la segunda, que en el día a día cocino muchas cosas muy sencillas y muy rápidas que son perfectas para aprender a cocinar. PERO que no están publicadas en el blog. 
En ese momento se unió mi otra hija y entre las dos me hicieron una lista muy, muy, larga de las recetas que necesitan. Ahora mismo son como 60 más o menos. Y estoy segura de que seguirá creciendo. Algunas de ellas sí están en el blog, así que técnicamente, pueden encontrarlas aquí. Pero la gran mayoría no.
Tengo unos cuantos meses por delante para preparar ese e-book con las recetas de casa que quieren llevarse y tener a mano.
Y, en el proceso, para compartir aquí también algunas de esas recetas para principiantes, que casi, casi se hacen solas: sencillas, rápidas, para el día a día y que para nosotros tienen sabor a casa.
Nuestra pequeña historia de sabores hecha de la cocina de mi madre, de mis años en el piso de estudiantes, de cocina mallorquina, de supervivencia con niñas pequeñas, de currys y cenas que se hacen en un solo cacharro. La geografía de nuestra memoria, que imagino que si llega el caso, no solo les quitará el hambre, sino que les hará sentir en casa.
Así que volviendo a la receta de hoy, esta es una de esas recetas que no tienen ninguna complicación y con la que comes un par de raciones de verduras de una forma muy fácil. Una de las mejores formas en las que siempre, siempre, siempre, me apetece comer verdura es en forma de crema o de sopa, según los días. Esta receta lleva escrito INVIERNO en letras mayúsculas. Y tiene la virtualidad de que se puede hacer con ingredientes que casi seguro que tienes en casa, incluso cuando crees que no tienes nada en la despensa. Si no tienes brócoli fresco, úsalo congelado, si no tienes guisantes congelados, úsalos de bote, si no tienes caldo de verduras, hazlo con un cubito o añade agua y luego ajusta de sal. Si te apetece ponerle otras verduras, adelante. Las cremitas de verduras son una auténtica maravilla en invierno: Si quieres, añádele queso rallado, o unos restos de pollo asado o cocido, y con un poco de pan tendrás una comida ligera perfecta para llevar al trabajo en un táper. Y si haces cantidad, congélala en porciones de ración. Cuando vayas a usarla, descongela preferiblemente en el frigo la noche anterior, y deja que de un buen hervor antes de servirla. Y voilá, un tazón humeante de cremita de verduras para hundirte en el sofá con una mantita.
No es mal plan para estas noches de enero, ¿no crees?
Crema verde - Brócoli, guisantes y yogur especiado
Ingredientes
1 cuchara de aceite de oliva
1 cebolla
1 diente de ajo
400 gramos de brócoli
300 gramos de guisantes congelados
200 gramos de patata
1 litro de caldo de verduras
Un manojo pequeño de menta, perejil o albahaca (opcional)
1 limón (zumo y ralladura)
Yogur natural sin azucar (para servir)
Pimienta (rosa o negra para servir)

Preparación
Pica la cebolla en brunoise y sofríe en el aceite en una sopera, unos 10 minutos, hasta que esté translúcida y suave. Añade el ajo prensado o picadito muy menudo, y cocina otro minuto más. Añade el brócoli en floretes, los guisantes y la patata cortada en cachelos, y vierte el caldo por encima. Lleva a ebullición, reduce el fuego a medio-bajo, y deja que cueza despacio unos 25 minutos. Añade las hierbas si las usas, la ralladura y el zumo del limón, y bátelo todo hasta tener una crema suave y homogénea. Rectifica de sal, y sirve. Decora con un poco de yogur natural sin azúcar y un golpe de pimienta al gusto.

Sopa fría de melón

agosto 20, 2019
Hice la primera versión de esta receta el verano que acababa de empezar con el blog. La he repetido y versionado muchas veces desde entonces, porque es fácil, es rápida, es refrescante y es, simplemente prefecta. Había pensando muchas veces en repetir las fotos de aquella primera versión, porque la receta, a pesar de los pequeños cambios que verás aquí es prácticamente idéntica. 

Las fotos de aquella primera receta de sopa de melón, que puedes ver aquí, son francamente, sonrojantes. 

Y después de haber hecho de nuevo la receta hace unos días, y haber hecho de nuevo fotos, y pensar que por fin me iba a deshacer de esas fotos que me perseguían como una pesadilla en el fondo de mi cabeza, he pensado que prefiero publicar de nuevo esta receta, y mantener también la original. 

Esas primeras fotos eran terribles, pero prefiero dejarlas como están, porque son lo que tenían que ser entonces. Supongo que sin aquellas fotos no habría llegado a estas. Al menos, yo no. No se trata de que sean perfectas. Eran lo que podía hacer entonces. Y he pensado que a veces, hace falta ser capaz de mirar atrás sin que las cosas tengan que ser perfectas, dejando que sean lo que son. 
No necesito eliminar esas fotos. Necesito verlas para ver lo que he aprendido. Ojalá en unos años pueda decir lo mismo de estas.

Sopa fría de melón
 
Ingredientes (Para 2 personas)

400 gramos de melón
50 gramos de yogur griego
Zumo de medio limón

Unas  hojas de menta para decorar
Dos lonchas de jamón serrano

1 o 2 cucharadas de agua (si es necesario)
 
Preparación: 
Poner el melón, el yogur y el zumo de limón en la batidora y batir hasta conseguir una sopa ligera. Añadir un poco de agua si fuera necesario hasta conseguir una textura casi líquida, pero con cuerpo. Llevar al frigorífico hasta el momento de servir.
Poner las lonchas de jamón entre dos hojas de papel de cocina y llevar al microondas a máxima potencia durante un minuto. Comprobar que han quedado crujientes o poner de nuevo, comprobando cada 10 segundos para ver cómo están.

Partir una loncha en trozos y picarla a cuchillo o en un mortero, hasta hacer migas. Decorar la sopa con estas migas y media loncha de jamón y terminar con unas hojas de menta.

Pho vegano

junio 20, 2019

Hace un par de semanas fui por primera vez al supermercado asiático. Hacía mucho tiempo que me habían hablado de él, pero por un motivo o por otro, no había terminado de decidirme a ir. Supongo que el principal motivo es que la cocina asiática me queda bastante lejos y apenas hay un puñado de ingredientes con los que me sienta cómoda y pueda usar sin tener que pensar en qué hacer o seguir una receta al pie de la letra.
Al final, me costó ir, pero ya he vuelto varias veces después de esa primera vez, que, debo confesar, me hizo sentir bastante como lost in translation. Si has visto la película, recordarás esa sensación de extrañeza total de un par de americanos en Japón. Yo sólo recuerdo haber tenido una sensación parecida en mi primera visita a Finlandia. Bueno, y en algunas más de las siguientes, la verdad. Esa sensación de no poder recurrir a referencias habituales -girar una etiqueta y esperar ver lo que dice en algún idioma que te resulte reconocible- es muy desconcertante. Y más cuando no solo no identificas no ya lo que dice la etiqueta, sino ni siquiera qué es el producto que tienes en las manos. Si tienes tiempo, es divertido y puedes acabar con cosas con las que luego no sabes qué hacer, una vez que buscas el significado de lo que has comprado creyendo que era otra cosa. Casi, casi como los tatuajes de extraradio con símbolos chinos directos del traductor de Google. 
Una de las cosas que compré sabiendo lo que era son estos fideos, que son totalmente perfectos para hacer esta sopa. Rápida, sabrosa, y simplemente perfecta. 

A disfrutar!
Pho vegano rápido

Ingredientes
Un puerro cortado en rodajas finas
20 gramos de setas desecadas (Shiitake) o 50 gramos de setas frescas o champiñones
500 gramos de caldo de verduras
100 gramos de fideos tipo Vermincelli (de arroz, de trigo, o de la variedad que prefieras)
1 cucharada de salsa de soja (opcional)

Para servir
Chile en polvo/escamas
Almendras laminadas
Unas hojas de menta


Preparación

Sofreír en una sarten con un poco de aceite de oliva el puerro y las setas rehidratadas. Dejar cocinar a fuego muy lento, hasta que estén blandas y empiecen a coger color.
Mientras, llevar el caldo a ebullición y añadir los fideos y la soja si la utilizas. Añadir los puerros y las setas, mantener unos minutos al fuego y servir.
Añadir al plato de servicio unas escamas de chile, unas almendras laminadas y unas hojas de menta. 

Crema especiada de verduras asadas

enero 06, 2014






No sé vosotras, pero yo ahora mismo me muero por estar una semana, al menos, alimentándome de verduras y frutas.  No es que haya comido demasiado estas vacaciones, pero solo el hecho de saltar de comida en comida, de ver tanta comida y bebida disponible todo el tiempo, de estar fuera de casa, de tener tanto todo el rato, me ha saturado, y cómo!
Regresamos hace un par de días, y aunque mañana, día de Reyes, no es festivo aquí, no me he resistido a preparar un Roscón de Reyes, (pulsa aquí para ver mi receta que no falla!) compartirlo con unos amigos mientras nuestras hijas veían la cabalgata de Reyes en la tele y se preguntaban si los reyes se iban a enterar este año de que ellas estaban aquí e iban a parar, y dar por cerrado, por fin, el capítulo de celebraciones navideñas.





Y ahora me apetece comer cosas poco elaboradas, sencillas, limpias, ligeras, pero que no me dejen triste el estómago.
No sé si os pasa, pero si os gusta comer, estoy segura de que habréis notado que hay un tipo de comida que te deja el estómago triste. Sabes que está bien, pero no te llena, te deja con una sensación como de vacío, aunque sabes que has comido suficiente. No es siempre la misma comida, ni siquiera es cuestión de la cantidad. Es que hay veces que necesitas algo reconfortante pero que no te deje pesada o hinchada, solo algo agradable, pero nutritivo y delicioso, que te deje volver a la normalidad. Para momentos así, a mí siempre me apetece una crema. Puedes poner en ella casi cualquier cosa que tengas a mano y es casi imposible equivocarse. A diferencia de otras cremas de verduras, para hacer esta he asado primero las verduras en el horno con un poco de harissa, lo que les da un sabor especial. Y a partir de ahí, he hecho una crema como siempre. El resultado: simple, limpio, delicioso;  como la promesa de un año entero por delante que nos vamos a comer bocado a bocado.

Crema especiada de verduras asadas 

Ingredientes
1 cebolla pequeña
2 patatas pequeñas
2 zanahorias
1 puerro pequeño (solo la parte blanca)
1 pimiento rojo
1 cucharadita de harissa (o ras el hanout, u otra mezcla de especias que te guste, en polvo)
Aceite de oliva
1 cucharada de yogur natural, para servir (opcional)
Pimienta negra molida


Preparación
Precalienta el horno a 180º. Pela, lava y corta las verduras en trozos similares. Colócalas en una bandeja de horno sobre una lámina de silicona o una hoja de papel de hornear. Rocía ligeramente con aceite de oliva y espolvorea la harissa por encima. Muévelas para que se mezclen los sabores, y llévalas al horno unos 20 minutos. Una vez asadas, pon las verduras en una sopera con el agua justa para cubrirlas y cuécelas unos 15 a 20 minutos, o hasta que se deshagan al aplastarlas con un tenedor. Bate las verduras hasta conseguir la textura de una crema fina. Sirve con una cucharada de yogur natural, un chorrito de aceite de oliva y un poco de pimienta negra molida.


Crema de coliflor asada (para los que no nos gusta la coliflor)

enero 15, 2013

Atravesado. Hoy he tenido un día atravesado, atravesadísimo. Hay días que simplemente se atraviesan, como un tronco en mitad de la carretera cuando menos te lo esperas, como ese carrito del super que se empeña en ir a la izquierda hagas lo que hagas, como esa amiga que se empeña en no escuchar y que va a seguir con el imbécil de su novio, digas lo que digas. 

Hoy ha sido un día así. Debería haberme dado cuenta cuando me he levantado con un terrible dolor de garganta y la casa helada me ha parecido más helada aún. Cuando mi hija se ha quejado de dolor de barriga y la he tenido que mandar al cole cruzando los dedos para que no fuera a más y no me llamaran a mitad del día. Cuando mi jefe me ha llamado antes de llegar a la oficina, no me fuera a aburrir en lo que él tardaba en llegar al trabajo. Cuando he entrado en una reunión improductiva que ha durado casi toda la mañana, me he escapado al baño y me han cogido en el pasillo para otra cosa que no podía esperar, y he perdido el hueco del café y he tenido que volver a la reunión, cada vez más improductiva, sin la defensa de un chute de cafeína para aguantar el tipo como una valiente. Cuando mi jefe me ha hecho una encerrona y me ha tenido dos horas sin poder moverme, y por si lleváis la cuenta, ya se me había pasado hacía rato la hora de la comida. 

He conseguido comer, al fin, a una hora tan indecente que estoy segura de que mi madre hacía rato que había merendado, y ha empezado a llover a mares justo cuando salía de casa, y hacía viento, y la garganta me dolía cada vez más, y he recogido a mis hijas y he reñido a la mayor, y me doy cuenta de que estoy hecha una madre no solo porque hace una temporada larga, larga que tengo hijas, sino porque es verdad eso de que te queda peor sabor de boca a ti cuando las riñes que a ellas. Y he escuchado a otras mamás pavonearse de los dudosos logros deportivos de sus hijas y me ha dado una tristeza infinita que haya adultos que confundan el deporte, cualquier deporte, con la competición, que confundan las incipientes habilidades de los niños con su propia mediocridad vital, y me ha dado pena que los pobres tengan que crecer con esos padres. 

Y he llegado a casa y la caldera hace un ruido infernal, pero con este frío mis anginas han podido más que mi miedo, y mi hija se ha dormido en el salón, y yo he podido hacer un par de llamadas de las que digo que haré pero luego nunca puedo hacer porque estoy tan cansada que no encuentro el momento, y me han puesto triste, y me duele más la garganta.

Y entonces es cuando, por fin, me he convencido de que ha sido un día muy, muy atravesado. No ha sido una catástrofe, no ha habido uno de esos problemas que te dejan K.O., simplemente, todas esas cosas pequeñas se han atravesado. Y aún no termina, aún tiene margen de mejorarse a sí mismo. 

Como yo ya he tenido suficiente, he decidido que lo mejor es tomar una crema de coliflor. Yo, crema de coliflor! Mi madre se va a partir de la risa si ve esto, y mis hermanas, y casi cualquier persona que me conozca un poco. 

Pero debo decir que esforzarte por probar cosas que de pequeña te hacían vomitar (sin paños calientes, yo era una pava con la comida) tiene su recompensa en la edad adulta. 

Sin embargo, al esfuerzo sobrehumano de comer coliflor me niego a añadirle el castigo del olor de cocerla (o igual era esto lo que me hacía vomitar y nunca llegué a probarla de niña).

Total, que cuando descubrí que se podía cocinar la coliflor sin olor se me abrió el cielo. Y, oh, milagro, os aseguro que no hay nada que un buen plato caliente como este no pueda curar. 

Ni siquiera un día atravesado.



PD: Ya sé que no vais a creer, pero ayer, después de publicar esta entrada el día todavía mejoró: Mi marido se quedó tirado con el coche y tuve que salir a buscarle a última hora.
¿No os dije que todavía podía mejorar el día?  Definitivamente, esta se ha convertido en la sopa quitapenas de los días atravesados!




Crema de coliflor asada

Ingredientes (Para dos raciones generosas)

Media coliflor mediana, cortada en floretes
Aceite
Sal
Pimienta negra
2 dientes de ajo
Un par de ramitas de romero fresco
1/2 litro de caldo (de pollo, carne o verduras, al gusto- yo uso de carne)
Queso curado (manchego o parmesano, al gusto) rallado 

Preparación

Precalentar el horno a 190º (180 si usas aire). Lavar la  coliflor, separar los floretes y ponerlos extendidos en una bandeja para horno cubierta con una plancha de silicona (o en una besuguera grande). Salpimentar, picar los ajos con el picador, sin pelarlos -es un truco de Jaimie Oliver que funciona, la piel se queda dentro-, repartir el ajo picado por encima y el romero. Añadir un chorrito de aceite y llevar al horno. Asar 20-25 minutos.
Poner la coliflor en el vaso de la batidora, con los jugos que haya soltado, y batir hasta obtener una crema. Añadir el caldo caliente hasta conseguir la textura deseada.

Servir acompañado de queso rallado y una ramita de romero.

 

Gazpacho con helado de queso

septiembre 24, 2012

Sí, ya es septiembre, ya ha empezado el cole, ya estamos con la vista puesta en el final de año, saboreando casi el otoño... pero aquí seguimos con un calorazo tremendo. (Se nota que no lo llevo nada bien?). Después de un verano de calor y  humedad insoportable, yo a estas alturas esperaba haber podido encender el horno.
No sólo no es así, sino que me parece que van a pasar unas cuantas semanas hasta que pueda hacerlo.
Así que os dejo uno de mis descubrimientos de este verano, y como todavía quedan días de mucho calor, vale la pena compartirlo. Se trata de añadir al gazpacho unas bolitas de helado de queso con albahaca. Realmente sencillo, pero le da un toque refrescante e inesperado al gazpacho de siempre.
Sobre éste, hazlo a tu gusto.  Yo aprendí a hacerlo -y a tomarlo- hace relativamente poco tiempo, porque nunca ha sido típico de la casa de mis padres, así que no entraré en disputas de cuál es el mejor, de trucos ni nada parecido.
Lo que sí tiene gracia en este plato es que hacer estas bolitas de queso no te llevará más de un par de minutos, y te servirán para acompañar, dar sabor, color y refrescar este y otros platos en un momento. Usa las hierbas que prefieras y cámbialo a tu gusto. En cualquier caso, es sencillo, rápido y da un resultado buenísimo.



Gazpacho 

Ingredientes (4 raciones aproximadamente)

1 kilo de tomates bien maduros
1 pimiento verde
1 diente de ajo
1/2 pepino
1 cebolla blanca mediana
3 cucharadas de aceite de oliva
3-4 cucharadas de vinagre de vino blanco
1 cucharadita de sal

Preparación

Lavar las verduras, limpiarlas y cortarlas en trozos grandes. Poner en el vaso de la batidora los tomates, el pimiento, el ajo, la cebolla y el pepino y batirlo todo muy bien hasta que no quede ningún trozo de verdura. Añadir el aceite, el vinagre al gusto y la sal. Batir, probar y rectificar si fuera necesario, de sal o vinagre.  Se le puede añadir agua muy fría, si se prefiere  más líquido, o dejar tal cual, al gusto. También se puede colar para que quede lo más fino posible, si se prefiere. Llevar a la nevera y mantener en un recipiente cerrado hasta el momento de servir, bien frío.

Helado de queso con albahaca 

Ingredientes (para unas 10-12 unidades)

2 cucharadas soperas de queso mascarpone (u otro queso crema que te guste)
2 quesitos en porciones (tipo El Caserío)
Unas hojas de albahaca fresca picada o un poco de albahaca seca

Preparación
Mezclar en un bol los quesos con la albahaca y aplastar con un tenedor hasta tener una pasta en la que estén integrados todos los ingredientes. Coger porciones de la pasta y darle forma de bolitas con un par de cucharillas, o con las manos mojadas en agua si resulta más fácil. Poner las bolitas sobre una tabla de cocina pequeña. Una vez terminada la masa, poner la tabla con las bolitas dentro de una bolsa de congelación. Así evitarás que se peguen y se congelarán dentro de la bolsa. Después de tres o cuatro horas, cuando empiecen a estar congeladas, podrás retirar la tabla y dejarlas en la bolsita cerrada hasta que las utilices. 

Servir el gazpacho muy frío con dos o tres bolitas de helado, y decorar con unas hojas de albahaca.


Huevas de atún con crema de aguacate

julio 02, 2012

Admito que este no es el típico aperitivo que yo prepararía. Básicamente, por puro desconocimiento. No he aprendido a comer salazones más allá de las anchoas. Poco más. Soy una ignorante total. Simplemente, no es el tipo de producto que se tomaba en casa, ni en mi zona, ni en los sitios donde luego he vivido. 

Y hace unas semanas me ofrecieron probar una selección de productos desde la empresa Ricardo Fuentes e Hijos Salazones. Mi primer pensamiento, casi reflejo, fue pensar que esto no era para mí. Ignorancia absoluta. Pero después pensé que era una ocasión perfecta para probar a manejarme con productos que son habituales en mi despensa, y que eso me iba a poner en la situación perfecta de probar algo nuevo, diferente, y de tener que pensar en algo distinto a lo que habitualmente preparo. En una palabra: salir de mi zona de confort.


Admito que una de las cosas que más me gustan de la cocina es esa posibilidad de probar cosas nuevas, de hacer mezclas y guiarme sólo por mi intuición. Es un campo de pruebas en el que me siento especialmente cómoda, en el que mi forma de pensar y de asociar ideas y dar con el resultado final es particularmente satisfactoria. 

En este campo mi pensamiento intuitivo funciona, y funciona muy bien. No quiere decir que no haga desastres, o mezclas más que dudosas, de vez en cuando, pero es uno de los pocos campos en los que me siento así de relajada, confiada en el resultado final, en mi propio instinto, en los que me meto en el proceso y me olvido de todo. Supongo que es lo que tienen los hobbies. Uno los elige porque le hacen sentirse así de libre de presiones, porque le hacen disfrutar de todo el proceso. 

Mi idea después de probar estas huevas de atún fue preparar un aperitivo frío y perfecto para el verano. Un aperitivo en vaso. 

Esta crema de aguacate más bien espesa creo que casa a la perfección con las huevas de atún, y si se sirve en vasos helados, el resultado es perfecto y muy refrescante. Un primer bocado ideal para una comida de verano. 



Huevas de atún con crema de aguacate

Ingredientes (para 6 unidades)

Huevas de atún de Ricardo Fuentes e Hijos Salazones
1 aguacate maduro
100 ml de caldo (aproximadamente: añadirlo poco a poco para ajustar la textura)
Zumo de 1 limón o lima, al gusto
2 gotas de salsa Tabasco

Poner el aguacate en trozos en el vaso de la batidora, añadir un chorro de zumo de limón, el caldo y batir con la batidora eléctrica hasta conseguir la consistencia de una crema espesa. Añadir el Tabasco, mezclar de nuevo y si fuera necesario añadir más limón, Tabasco o caldo, hasta conseguir una crema al gusto. 
Servir en vasos de chupito con las huevas de atún encima. 

NOTA: como he dicho, para mí las huevas de atún son un sabor nuevo y muy potente, pero si te gustan mucho, se pueden añadir unas cuantas a la crema en trocitos, para intensificar su sabor.


Sopa de leche de coco y gambas

febrero 19, 2012

Con el frío que hace, ¿a quién no le apetece una sopa? Las sopas son capaces de solucionar casi, casi cualquier cosa. Una sopa calentita después de estar un rato en la calle con estas temperaturas reconforta como ningún otro plato. Todas tenemos recetas de sopas caseras de pollo, ternera o verduras. Pero a veces, apetece darle una vuelta y buscar sabores menos habituales y cambiar de tercio y preparar un primer plato como este, que sigue calentando el cuerpo, pero con el punto exótico de la leche de coco y las especias.
En estos casos yo siempre me he preguntado si a los orientales nuestras sopas tradicionales les resultarán igual de exóticas que a nosotros las suyas. ¿Tú qué crees? No tienes que decidirlo ahora, mejor tomar un buen plato de sopa bien caliente y ya lo pensarás después.



Sopa de gambas y leche de coco

Ingredientes

    Medio puerro pequeño (la parte blanca)
    ¼ de cucharadita de cominos molidos
    ¼ de cucharadita de jengibre en polvo
    2 cucharadas soperas de maíz
    1 o 2 cucharaditas de zumo de limón
    500 ml de agua
    3 cucharadas soperas de queso crema (tipo Philadelphia o similar)
    300 ml de leche de coco
    125 gramos de gambas peladas
    Aceite



Preparación

En una cazuela, sofreír el puerro con un par de cucharadas de aceite a fuego suave, añadir las especias, el limón, el maíz, dar un par de vueltas con una cucharada de madera y cocinar unos 5 minutos. Añadir la leche de coco y el agua, llevar a ebullición hasta que espese. Añadir el queso y mezclar bien. Si está demasiado espesa, añadir un poco de leche o agua hasta conseguir la textura deseada.
En una sartén aparte, saltear las gambas y añadirlas a la sopa.



Crema de canónigos y yogur

febrero 01, 2012


Estoy encantada con mis nuevas tazas para sopas y cremas. ¿Qué os parecen? ¿A que el color es precioso? Para alguien que adora las sopas y las cremas como yo, recibir este juego tan bonito fue como tener, por fin, ese regalo de cumpleaños que deseabas con locura pero no estabas seguro de que tus padres te compraran, tampoco este año. 
Pero sí, han llegado, las he usado y estoy absolutamente encantada. 
Todas sabeis que los productos de LeCreuset (puedes comprarlos aquí) son una maravilla. No os digo nada nuevo. Sólo os confirmo que son tan bonitas como parecen, y que para empezar a disfrutarlas he decidido arrancar con una cremita verde bien caliente.
No es que necesite excusas para hacer sopas o cremas -me entantan en todas sus formas- pero con el frío que acaba de llegar, parece que hace falta empezar la comida con algo bien calentito. Tenía unos canónigos en la nevera y en un momento preparé esta crema ligera. 
Ese verde tan brillante que le dejan los canónigos a la crema me encanta. Me parece incluso que es más sana, más natural, así de verde. Eso sí: tiene bastante sabor a canónigos, así que si no te gustan mucho, mejor ponle la cantidad justa. 
Yo solo le he añadido un yogur para que fuera una crema ligera, pero si le pones patatas y zanahorias, puedes hacer una crema más consistente. Te quedará de un verde menos intenso, pero igualmente rica.

Crema de canónigos y yogur

Ingredientes (para 2 personas)
2 chalotas
Aceite de oliva
1/2 litro de caldo
Un buen manojo de canónigos frescos
1 yogur natural (entero o desnatado)
1 patata (opcional)


Preparación
Sofreir en un cazo grande las chalotas cortadas en dados pequeños, con un par de cucharadas de aceite, a fuego medio. Cocinar hasta que estén transparentes.  Añadir el caldo, llevar a ebullición. Añadir los canónigos, cocinar 2 a 5 minutos a fuego medio. Probar, salpimentar si fuera necesario. Con la batidora de mano, hacer una crema muy fina. Añadir el yogur y batir de nuevo. Servir inmediatamente.
Si usas patata: añádela cortada en trozos grandes tras sofreir la chalota. Dale unas vueltas con el aceite y la chalota un par de minutos para que pierda el color crudo, añade el caldo y deja que la patata se haga bien:  15 a 20 minutos. Luego termina la receta igual: añade los berros y el yogur y haz una crema.


Crema de calabaza con curry

enero 09, 2012
De nuevo un año, casi entero, por delante. Todos los meses, nuevecitos, a estrenar, esperando que los ataquemos. La verdad es que después de las vacaciones con los viajes, y los excesos en las comidas, y el regreso y la vuelta al día a día sin apenas transición, casi ni me había dado tiempo a pensar en ello. Personalmente, lo de las resoluciones al principio de año no es algo que vaya conmigo. No entiendo mucho eso de tener que hacer balance y proyectos a fecha fija, porque sí. Sobre todo, cuando para mí estas semanas son tan movidas y tan llenas de cosas que hacer, que no tengo ni tiempo ni ganas para grandes planteamientos. Está bien el simbolismo, los ritos, hay quien necesita un 1 de enero para creer que ese cambio le va a acompañar en sus cambios y sus resoluciones, como si en sí mismo fuera completamente diferente del 3 de abril, del 17 de junio...Pero aparte de para ver los resúmenes de noticias del año y de que todo recuerde esa especie de ilusión infantil de poder empezar de cero, para mí el cambio de año no supone mucho más. 
Bueno, después de un par de semanas intensas con la familia, comiendo sin parar, y fuera de casa, la verdad es que he regresado con ganas  de atacar la vuelta a la normalidad con platos ligeros.  Encontré esta variedad de calabaza que no conocía, toda redonda, parecida a un melón Galia, y no sólo tuve ganas de hacer una cremita sino sobre todo,  de utilizarla también para servirla.


Crema de calabaza con curry

Ingredientes (4 personas)
 
1 cucharada de aceite de oliva
1 cebolla mediana, picada
2 dientes de ajo, picados
1 calabaza, pelada, sin semillas y cortada en cubos de 3 cm
6 tazas de caldo de pollo o caldo de verduras
1 cucharada sopera, más 2 cucharaditas de curry en polvo
Sal
Perejil, para decorar (opcional)

Preparación

Calentar el aceite a fuego medio en una olla. Agregar la cebolla y el ajo y sofreir hasta que esté blando pero sin quemarlo, de 6 a 7 minutos. Añadir la calabaza, el caldo, el curry en polvo y la sal y llevar a ebullición. Reducir el fuego y cocinar a fuego lento hasta que la calabaza esté tierna, unos 12 a 15 minutos. Retirar del fuego y batirlo todo hasta que quede suave. Sazonar con sal, al gusto. Servir espolvorado con el perejil.


Again a year, almost entirely ahead. Every month, crisp, brand new, waiting for us. The truth is that after all the holiday travel, the excess of  food, and then returning to everyday life with little transition, I hardly had time to think about it. Personally, resolutions at the beginning of the year are something that do not fit me. I do not feel comfortable with having to start projects on a fixed date, just for its shake. Especially when for me the previous weeks are so full of things to do, I have no time or inclination for large proposals. It might be necesary for some people to rely on symbolism, rituals, and feeling that you need a January 1st to believe that their are going to stick more on their resolutions, as if itself were completely different from April 3rd, or June 17th .. . But other than to view summaries of news of the year and remember all that sort of childish illusion of being able to start from scratch, for me the change of year does not mean so much more.
Well, after a few intense weeks with the family, eating non-stop, and outside my place, the truth is that I wanted to return to normal with light dishes. I found this variety of pumpkin that I did not know, completely round, like a melon, and not only did I want to make a soup, but above all, to use it for serving it. 


Curried Butternut Squash soup

Ingredients (Serves 4)
1 tablespoon olive oil
1 medium onion, chopped
2 cloves garlic, minced
1 butternut squash, peeled, seeded and cut into 3 cm cubes
6 cups chicken broth or vegetable broth
1 tablespoon plus 2 teaspoons curry powder
1/2 teaspoon salt, plus more, to taste
Parsley, for garnish (optional)

Directions

Heat oil over medium heat in a stockpot. Add onions and garlic and saute until soft but not brown, about 6 to 7 minutes. Add the butternut squash, broth, curry powder and salt and bring to a boil. Reduce heat and simmer until squash is tender, about 12 to 15 minutes. Remove from heat and puree with an immersion blender or in batches in a blender until smooth. Season with salt, to taste.
Ladle into serving bowls and sprinkle with parsley.



 
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