He hecho estas trenzas de chocolate porque hace un tiempo que encontré en Instagram a Thida Bevington;  y ella es la auténtica responsable de esta maravilla. Si no la conoces, estoy segura de que te pasara como a mí: empezarás y ya no podrás parar. Seguro que hay una y dos y muchas más de las cosas que crea que te van a apetecer hacer de inmediato. Yo estoy menos interesada en sus tartas y decoraciones -que también son geniales; pero su dominio con las masas, y sobre todo sus stories, donde te cuenta paso a paso cómo hace las cosas, son una lección magistral tras otra.
Una vez declarado mi flechazo incondicional, debo decir que es la primera vez que me animo a hacer trenzados con el corte abierto, y no podría estar más satisfecha con el resultado. 


Me encanta trabajar con masas levadas, y he hecho antes algún trenzado sencillo, (mira aquí mi pan trenzado) pero, admitámoslo: no soy un hacha. Soy más bien tirando a torpona. Y es que, cada vez que hago una de estas cosas me supone un esfuerzo doble: intentar hacer algo que no sea un completo desastre, y convencer a mi yo de 8 años en clase de manualidades de que la vida no se acaba por que seas una completa inútil con el pegamento, la plastilina, o los pinceles. Y mi yo de 8 años me mira y no dice nada, pero no se cree ni media palabra. 



No sé si a vosotras os pasaba, pero para mí las clases de manualidades (bueno, y las de dibujo y las de música) en el colegio eran lo que más me frustraban.  Por cierto, mi falta de habilidad manual estuvo siempre en dura pugna por el primer puesto en falta de talento con mis habilidades con el dibujo y ya ni te cuento con la flauta, que nunca entendí por qué se llamaba flauta dulce, la verdad: en mis manos aquella cosa era cualquier cosa menos un instrumento musical. 


Yo solo veía a la profesora sonreír como una vaca mirando al tren durante toda la hora y dar palmaditas en la espalda a las niñas que eran unas manitas. El resto supongo que estábamos allí aparcadas y dejadas por imposibles. Como mucho, de vez en cuando, la vaca que miraba al tren se dignaba a mirar hacia tu mesa y cerraba los ojos lanzando un suspiro que sonaba en mi mente infantil a "Por Dios, no se puede ser más patosa", y desviaba la atención rápidamente hacia otro lado para recuperarse del impacto, como si hubiera visto un monstruo. No es que ella tuviera nada que ver en el resultado: solo se paseaba por la clase cuando se aburría de estar sentada. Su contribución a lo que hacíamos terminaba cuando nos ponía la tarea. Así que nunca terminé de entender por qué parecían ofenderle tanto mis chapuzas siderales ni por qué se enorgullecía de las monerías con las que acaban las tres niñas que lo hacían mejor. De verdad que su contribución en ambos casos era la misma. A lo que sí contribuyó fue a mi convicción absoluta, desde bien temprano, de que mejor no me dedicaba a nada que exigiera destreza manual. Bueno, también ayudó a formar esa convicción el detalle de que yo tenía ojos en la cara y tendría ocho años, pero ya sabía que lo que había hecho no había por dónde cogerlo.


Bueno, esta larga digresión viene a que con mi nula habilidad manual no te puedes imaginar lo satisfecha que estoy del resultado de mis primeras trenzas abiertas. Si, son bastante desiguales y tamaño dinosaurio, para qué andarnos con paños calientes (las comimos a medias, con eso te digo todo); pero eso tiene arreglo y lo mejoraré para las siguientes versiones- prometido.
Pero esa no es la única satisfacción que me ha dado esta receta: además, he hecho otro descubrimiento que se lo debo también a Thida. Esta receta lleva una masa enriquecida. Yo pensé utilizar la que uso siempre en mis pulla o  en mis rollitos de canela, que son clásicas, están probadas, y me encantan. Pero la comparé con la que usa ella y terminé por ajustar mi masa. (ella ponía más azúcar, yo más mantequilla).  Total, que entre un ajuste y otro usé la receta que tienes a continuación y que te recomiendo todo lo que se puede recomendar, porque es la mejor que he probado: verdad verdadera. 
He puesto el enlace al video donde ella muestra el proceso de rellenado y formado de los nudos. Vale la pena que lo guardes y lo uses cuando lo necesites.
Y por lo demás, bueno, dudo que mi yo de 8 años sea más benevolente, pero a mi yo de hoy en día no le ha podido quedar mejor sabor de boca tras hacer esta receta, literalmente.




Trenzas de chocolate

Ingredientes

500 gramos harina de fuerza
250 gramos de leche
75 gramos de azucar
60 gramos de mantequilla
15 gramos de levadura de panadero seca
2 huevos (1 para la masa, otro para pintarlas antes de ir al horno)
5 gramos de sal
Crema de chocolate (Nutella, Nocilla) para rellenar


Preparacion

Calentar la leche y la mantequilla ligeramente (al meter el dedo debe estar solo tibia). Poner la harina, el azucar, la levadura en el bol de la amasadora y mezclar.
Anadir la mezla de leche, el huevo y la sal y mezclar con el gancho amasador unos 2 minutos a velocidad baja. Aumentar la velocidad casi al maximo, y seguir amasando otros 5-6 minutos.
poner en una superficie ligeramente enharinada y hacer una bola. Dejar reposar en un bol para que haga un primer levado hasta que doble su volumen.
Pasado ese tiempo, extender con un rodillo en un rectangulo y poner crema de chocolate en el tercio central. Doblar un lado encima de la crema de chocolate y anadir mas crema. Doblar el lado contrario encima y estirar de nuevo con el rodillo. Cortar en 8 tiras y formar los nudos. Lo mejor es que veas estos dos ultimos pasos en el video de Thida Bedington, aqui: https://www.instagram.com/stories/highlights/18043173418102438/?hl=en

Una vez has formado las trenzas, dejalas reposar y levar de nuevo, unos 45 minutos (o en el frigo toda la noche para hornear por la manana). Pinta las trenzas con huevo batido. Precalienta el horno a 180 grados y hornea 13 a 15 minutos dependiendo de tu horno. (yo las tuve 14 minutos)  



Hoy tenía la necesidad imperiosa de publicar estas magdalenas porque necesito tener a mano esta receta que me ha dado un resultado espectacular. Me encantan las magdalenas. Simples, rápidas de hacer y con esa capacidad de transportarme a una merienda de leche con Cola Cao a mis seis años. No, no es la magdalena de Proust, pero sí es cierto que las magdalenas mojadas en un vaso de leche caliente me reconfortan, y me saben a todas esas cosas buenas, sencillas, simples, a cuando la vida no era más complicada que jugar, y reír, y crecer convencida de que el mundo era lo que quisieras imaginar cada día.

Pero en una explicación más prosaica, necesitaba tener otra receta de magdalenas, porque mi maravillosa receta, la que nunca me había fallado, la que hacía mi abuela, es una receta que usa gaseosas del Tigre. Y cuando vives en esta parte del mundo y te da la urgencia por comer unas magdalenas no puedes estar dependiendo de tenerla a mano. O no comes magdalenas. Cada vez que he vuelto a España me he traído unos cuando paquetes, os lo prometo. Algo tan peregrino como eso. Y no podía ser. Se me acababan las reservas y no tengo viaje a la vista.

Quería tener magdalenas para el desayuno y probé esta receta cambiando las gaseosas por levadura de repostería -que mira que se me podía haber ocurrido hace días, la verdad-. El otro cambio es usar como grasa aceite y nata. Habitualmente uso solo aceite y lo prefiero de girasol, porque el de oliva me resulta demasiado fuerte de sabor, pero eso va en gustos, realmente. Con la nata quedan perfectas, así que esta receta tenía que estar aquí para recordarme que así de ricas es como quedan.



Magdalenas de limón

Ingredientes
  • 3 huevos
  • 250 g de azúcar
  • La ralladura de 1 limón
  • Zumo de medio limón
  • 75 g de aceite de girasol suave
  • 110 g de nata para montar
  • 250 g de harina de repostería
  • 12 g de levadura de reposteria (tipo Royal)

Preparación.

Mezcla el azucar con la ralladura de limon en un bol amplio. Añade los huevos y bate con la batidora de varillas hasta que la mezcla blanquee y doble su volumen (unos 5 minutos).

Incopora los ingredientes liquidos: zumo de limon, aceite y nata y bate simplemente para integrarlos. Añade la levadura a la harina e incorpora a la mezcla. Bate de nuevo, lo justo para incorporar la harina, pero no la batas en exceso.

Pon la mezcla en los moldes que uses y lleva al frigorifico unos 20 minutos, mejor media hora. Si tienes prisa, 7 minutos en el congelador te haran el mismo papel.

Precalienta el horno fuerte, unos 250 grados. Espolvorea con azucar las magdalenas antes de meterlas al horno.

Baja la temperatura del horno a 220 y mete las magdalenas. Hornea 10 minutos y apaga el horno. Dejalas todavia 3-5 minutos mas, hasta que esten doradas por fuera y cocinadas por dentro.






Hace unos días hice donuts por primera vez. Había hecho un par de veces donuts, pero siempre al horno. (Puedes ver las recetas anteriores aquí y aquí)
Y me decidí a probar a hacerlos en casa sin demasiado entusiasmo, con algo de pereza, más que nada porque mi hija me los pidió. Afortunadamente, vi que se congelan muy bien, y en cuanto enfriaron lo suficiente y los probamos congelé el resto de la tanda (sale aproximadamente una docena con las cantidades que pongo aquí). Y digo afortunadamente, porque nos los hubiéramos acabado todos del tirón si no lo hago. Y si tienes dudas sobre el congelado, te aseguro que con unos 10 a 20 segundos de microondas quedan de nuevo como recién hechos. En serio. Yo tampoco me lo creía. 

L. ha sido muy disciplinada y los ha comido poco a poco, en realidad ella los fue comiendo casi todos. Pero tendríais que haber visto su cara cuando le dije que yo estaba comiendo el último cuando  ella contaba con alguno de más.
Está claro que los repetiré pronto, porque además quiero probar a hacerlos sin agujero la próxima vez, rellenarlos de un par de sabores y cubrirlos con azúcar granulado, y también repetirlos tal cual para mejorar el formado, que fue muy irregular esta vez. Pero como prueba y para tener la receta a mano, estoy más que satisfecha.
Así que si te animas a probarlos, cuéntame cómo te quedaron. Yo iré actualizando la información con las nuevas versiones. 


Donuts clásicos

Ingredientes

Prefermento:
•    140g de harina de fuerza
•    90ml de agua tibia
•    5g de levadura fresca de panadería (Importante: ver notas en la preparación)

Para la masa:
•    15ml de leche a temperatura ambiente
•    20g de levadura fresca de panadería
•    30g de azúcar
•    150g de harina de fuerza (es posible que sea necesario algo mas)
•    5g de sal
•    4 yemas de huevo
•    60g de mantequilla a temperatura ambiente/en pomada
•    Aceite de girasol para freír

Para el glaseado:
•    125 gramos de azúcar glas
•    Agua

Preparación:

Prepara primero el prefermento. Deshaz la levadura en el agua tibia y mezcla con la harina. No es necesario amasar, basta con mezclar a mano hasta tener una bola de masa. Reservar cubierta con film transparente o un paño y dejar levar hasta que doble su volumen.
NOTA: yo no puedo encontrar levadura fresca de panadero aquí. Lo que hice fue usar un sobre de levadura seca (son unos 7 gramos en total) para toda la receta. Como no tengo báscula de precisión con sensibilidad suficiente, incorporé al prefermento una pizca de la levadura, completamente a ojo. Y sí, la masa sobrevivió. De hecho, el resultado a la vista está. Ya sé que cuando eres nueva en esto de cocinar, lo de que de las cantidades sean a ojo es un auténtico horror, porque eso es lo que no tienes todavía, ojo para cocinar. No te compliques demasiado aquí, lo que no vaya primero irá luego, y casi seguro que el resultado no se verá demasiado afectado. Mientras mantengas la proporción usando 1/5 de la levadura para el prefermento y luego el resto, vas por buen camino. Y si tienes levadura fresca, pues mejor porque toda esta nota no tiene más importancia.
Aproximadamente en una hora la masa inicial estará lista. Fíjate en el volumen, que es lo importante. Las diferencias de humedad y calor afectan muchísimo a las masas levadas y es el volumen y no el tiempo lo que determina cuándo puedes utilizar la masa. Añade en el vaso de tu amasadora el resto de la levadura, la leche, el prefermento, el azúcar, la harina y las yemas de huevo batidas con la sal. Amasa durante unos minutos hasta que se forme una masa bastante pegajosa. Termina añadiendo la mantequilla a temperatura ambiente. Si en este momento la masa es tan pegajosa que no la puedes manipular, añade UN POQUITO de harina; y ese poquito es una cucharadita. Incorpórala. Solo si todavía no puedes manipular la masa sin que se pegue por todas partes añade otra más, y así poco a poco hasta que puedas manejar la masa, pero siga estando pegajosa. Si pones demasiada harina en este paso destrozarás la receta, porque la gracia está en que en el interior estos donuts queden ligeros y esponjosos a más no poder. Así que ponte aceite en las manos si te hace falta para manipular la masa, pero no caigas en la tentación de terminar con una masa dura.
Pinta de aceite un bol (para esta receta solo uso aceite de girasol en todos los pasos porque su sabor es más suave) y deja la masa, hecha una bola, y cubierta con papel film. De nuevo, esperaremos a que doble su volumen (indicativamente, una hora). Pasado ese tiempo, pinta la superficie de trabajo con aceite para que la masa no se pegue. Aquí hay dos técnicas para hacer los donuts. Puedes optar por extender la masa, dejándola con un grosor de un dedo aproximadamente, y cortarlos con un cortador (o con un molde redondo grande y otro más pequeño para hacer el agujero central); o bien, como hice yo, dividirlos en bolitas de unos 40 gramos y darles forma redondeada y limpia para hacer luego un agujero en el centro. (Nota mental: la próxima vez los dejare sin el agujero central y los rellenaré). Yo corté cuadrados de papel de horno y puse un donut en cada cuadrado. Este truco te ayudará luego, porque los donuts van a volver a levar y luego hay que freírlos. Es más sencillo que mantengan su forma cuanto menos los manipules. 
En este punto, tienen que levar de nuevo, y en unos 30-40 minutos probablemente se habrán hinchado. No esperes que adquieran su tamaño final, porque al freírlos se hincharán mucho. Será suficiente con que hayan crecido algo. 




Fríelos en tandas pequeñas en una sartén a fuego medio y déjalos escurrir sobre papel absorbente antes de manipularlos más.
Es muy importante el paso de la fritura, porque hay pocas cosas peores que terminar con un donut chorreando aceite después de haberte tomado la molestia de completar el proceso entero. Así que no innoves y sigue al pie de la letra las instrucciones:
1.     Usa una sartén con abundante aceite. Es mejor que uses una sartén mediana y hagas más tandas que hacer muchos al mismo tiempo. Yo uso aceite de girasol, pero puedes usar el aceite que prefieras.
2.     El aceite no tiene que estar MUY caliente. Si es así, se pondrán negros instantáneamente, y por dentro quedarán crudos.
3.     Ese no es, sin embargo, el error más usual. Normalmente el riesgo está en empezar a darles vueltas cada poco para comprobar cómo van de cocción. Si haces esto vas a acabar con un trozo de masa empapado en aceite, indigesto y bastante desagradable. Para evitarlo, controla la temperatura del aceite (unos 170-180 grados). No, yo no uso termómetro, pero si pones una miguita de pan, debería empezar a dorarse, no chisporrotear y calcinarse en dos segundos.
4.     No llenes la sartén o bajarás la temperatura de repente y los donuts se empaparán de aceite.
5.     Y por fin, no les des la vuelta hasta pasados unos 3 minutos. Levanta un poco con una espátula en ese momento y comprueba el color, y sigue a partir de ahí: dale la vuelta otros 3 minutos y comprueba el punto antes de sacarlos de la sartén y dejar sobre papel de cocina para que escurran el exceso de aceite.
Fríelos por tandas y déjalos reposar en papel de cocina. Yo, además, puse el papel sobre una rejilla para enfriar tartas.
Una vez enfriados, hice un glaseado muy ligero para cubrirlos, pero puedes ponerles la cobertura que prefieras. Con este glaseado quedan perfectos. Pon el azúcar glas en un bol y añade el agua cucharada a cucharada, removiendo todo el tiempo, hasta conseguir la textura deseada. En mi caso, quería un glaseado ligero, y utilicé 3-4 cucharadas de agua, así que no te excedas con el agua. Para glasear, una vez enfriados, pasa los donuts de uno en uno por el bol de la glasa, cubriendo una de sus caras. Deja reposar sobre una rejilla para que se asiente un poco, y ya están listos para comer.
Hacía tiempo que tenía ganas de probar a hacer un pan con la técnica del Tangzhong. Y los panes de leche me encantan en todas sus variedades, así que probé esta receta, que he adaptado de este blog  . El principal cambio es que ella elabora el Tangzhong con agua y yo lo he hecho con leche. Debo decir que, aunque me apetecía probarlo, no tenía ni idea de la espectacular diferencia en textura que esta técnica proporciona a este tipo de panes. La explicación más técnica la puedes encontrar aquí . Sin ningún tecnicismo, te puedo confirmar que esta técnica mejora espectacularmente la consistencia y el sabor de mi mejor receta de pan de molde. El Tangzhong  proporciona a este pan una miga ligera, esponjosa, con una textura como de algodón de azúcar. También potencia el dulzor del pan, pero de una manera muy sutil. Muy japonesa, si quieres. No es un cake, ni un brioche, sino un pan con un ligero dulzor absolutamente perfecto.
Para que os hagáis una idea, hice este pan un sábado, y lo comimos entre los cuatro antes de darnos cuenta. Mis hijas me pidieron que lo volviera a hacer el domingo -y esta vez nada de fotos, mami- y la verdad es que todavía quedó más esponjoso, porque mi primer intento fue una prueba mezclando dos recetas y en el segundo lo hice exactamente como aparece abajo. Por algún motivo este segundo pan terminó con una textura todavía más algodonosa. Así que no, no hubo manera de hacer ninguna foto: Devoramos el pan entero todavía caliente.
El científico que sigue siendo mi marido insiste en que no hay resultados publicables a menos que n=3. Así que voy a repetir esta receta por lo menos otra vez para confirmar que es perfecta. Método científico aparte, si algo tengo claro es que la repetiré no una, sino muchas más veces porque el resultado es una pan de leche de una textura superesponjosa, pero con estructura, y con un sabor ligeramente dulce perfecto para acompañar un café, para un desayuno o una merienda. No he probado a congelarlo en rebanadas y descongelarlas en la tostadora para el desayuno porque literalmente, no he podido. Pero supongo que si lo haces el fin de semana y lo congelas en rebanadas, los desayunos entre semana serán mucho, mucho más dulces.

Pan de leche Hokkaido (con Tangzhong)

Para el Tangzhong (Roux)
    25 g harina de fuerza (panadera)
    100 g de leche entera

Para el pan de leche

    125 ml leche entera, tibia
    7 gramos de levadura seca de panadería
    350 g de harina de fuerza (panadera)
    50 g azúcar
    1 cdta (5 g) sal
    1 huevo grande
    30 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
    1 huevo para pintar el pan antes de llevarlo al horno


Elaboración del tangzhong:
Mezcla la harina y la leche en un cazo pequeño. Ponlo a fuego medio y remueve constantemente para evitar que se hagan grumos. Irá espesando hasta alcanzar, en unos 3-4 minutos, la textura de una bechamel ligera. Ligará rápido, y no queremos cocinar en exceso la mezcla o endurecerá demasiado, así que en cuanto tengas una mezcla bien ligada (o cuando la mezcla llegue a los 65 grados), retírala del fuego y déjala enfriar a temperatura ambiente antes de usarla.
Elaboración el pan:
Añade a la leche templada la levadura y dos cucharadas del azúcar. Deja reposar hasta que se active la levadura y la superficie esté espumosa y burbujeante.
Pon en el bol de la amasadora todos los ingredientes excepto la mantequilla (el tangzhong, la leche con la levadura, la harina, el azúcar, el huevo y la sal). Con el gancho amasador, mezcla los ingredientes hasta tener una masa suave y pegajosa (unos 10 minutos).
Añade la mantequilla a la masa y sigue amasando otros 10 minutos hasta que la masa esté lisa y elástica. Pon la masa en un bol ligeramente aceitado para que no se pegue, cubre con plástico de cocinar o un paño limpio y dejar levar la masa hasta que doble su volumen. (No hay tiempo fijo aquí, porque el proceso puede llevar de 40 minutos a 2 horas dependiendo de la temperatura ambiente).
Una vez completado el primer levado, divide la masa en cuatro partes iguales. Engrasa un molde de pan y reserva. Usando el rodillo, extiende la primera bola formando un rectángulo. Dobla uno de los lados mas largos hacia el centro, y el otro lado encima, en tres partes. Pasa de nuevo el rodillo para aplanar la masa -este paso le da consistencia al pan- y enrolla este nuevo rectángulo para formar un cilindro con la masa. Ponlo en el molde y repite con las otras tres piezas de masa. Puedes ver fotos del paso apaso aquí. Cubre de nuevo con plástico de cocinar o un paño limpio, y deja que la masa suba de nuevo hasta el borde del molde.
Precalienta el horno a 170 grados. Una vez el pan ha hecho el segundo levado, bate ligeramente el huevo, pinta el pan con él y llévalo al horno unos 35 minutos, hasta que esté dorado por arriba y suene hueco al golpear la base. Desmolda y deja enfriar en una rejilla antes de servirlo.
 El brownie de chocolate es una de las primeras cosas que aprendí a hacer cuando todavía no sabía cocinar. El brownie le gusta a todo el mundo y es tan fácil que ni siquiera te hace falta saber nada de cocina para que te queden perfectos. Si tienes la receta adecuada, claro. 
Esta es la que he estado usando los últimos años. Es de lo más sencillo, sale perfecta, y no necesitas complicarte para darte el gustazo de tener los mejores brownies de chocolate en un momento. De hecho, estos a los que he hecho las fotos los hizo mi hija sin ningún problema.   Esta es una de las recetas que más me gustan, de un libro que tiene ya unos años, “Chocolate”, de Julie Andrieu; pero que es una auténtica maravilla si, como a mí, te encanta  el chocolate pero no te interesa hacer virguerías de alta pastelería. Todas las recetas son perfectas, salen a la primera y tienen las complicaciones justas. No sé si sigue a la venta, pero de verdad que vale muchísimo la pena si lo encuentras.

 Esta receta está inspirada, con mínimos cambios, en la del libro, porque llevo una temporada en la que quiero  publicar esas recetas  que uso a menudo, a las que vuelvo una y otra vez y que tengo dispersas en un montón de libros, revistas y notas varias.




Brownie de chocolate

Ingredientes

3 huevos grandes

200 gramos de chocolate con un 60 o 70% de cacao

200 gramos de mantequilla (+15 para el molde)

200 gramos de azúcar

1 cdta de extracto de vainilla

80 gramos de harina tamizada


Preparacion

Precalentar el horno a 200 grados y colocar una rejilla a media altura. Untar con mantequilla un molde cuadrado de unos 20 cm de lado. Poner el chocolate troceado a fuego muy lento o al baño María. Cuando empiece a derretirse, remover suavemente con una espátula. Cuando este derretido, añadir la mantequilla cortada en dados. Mezclar hasta que la mantequilla este incorporada al chocolate.

Batir los huevos con el azúcar. Anadir poco a poco la harina tamizada y por último el chocolate. Verter en el molde y llevar al horno unos 20 minutos. Servir como mínimo una hora después de la cocción. 

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