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Focaccia tradicional

febrero 11, 2020
Me gusta el pan.
Quiero decir que me gusta mucho el pan. Me gusta el pan nivel patatas fritas. Lo que, basicamente, quiere decir que empiezo a comer pan, y si no estoy muy concentrada en controlarme, puedo seguir hasta acabar la barra, la hogaza o la pieza que sea que este a mano. Igual que cuando abres una bolsa de patatas fritas y no paras hasta acabarla (porque todas sabemos que es un mito que exista alguien en este planeta que se coma SOLO los 30 gramos que son una racion). Pues exactamente lo mismo me pasa a mi con el pan.
Mis hijas son igual de panarras de yo, capaces todas de comer pan sin nada mas, sobre todo cuando esta recien salido del horno, y toda la casa se llena de ese olorcito que anticipa una miga esponjosa debajo de una corteza crujiente y tostada.
Este de hoy es una variante del pan, que he hecho muchas veces. Es una focaccia italiana que tiene los mismos ingredientes y que asi, cortada en tiras, he usado para servirla con aperitivos y ha sido un exito absoluto (con deciros que en Navidades, por aclamacion popular, tuve que hacerla tres veces, creo que os haceis una idea de que no soy solo yo la panarra nivel patatas fritas en esta casa).
En cualquier caso, y ya seas adicta al pan nivel profesional, o simplemente te apetezca probar esta receta, te adelanto ya que esta en particular es altamente adictiva. El truco esta en el agua salada con que la pintas antes de llevarla al horno, que hace, que al igual que los pretzels, tenga esa mezcla perfecta que te hace coger solo otro trocito mas… hasta que te das cuenta de que no has dejado nada.
Estais avisadas! 
Focaccia tradicional

Ingredientes
500 gramos de harina de fuerza (panadera)
300 ml de agua tibia
7 gramos de levadura seca de panadería
1 cdta de sal
1 cucharada sopera de aceite de oliva virgen

Para el acabado
30 gramos de sal
100 ml de agua
Aceite de oliva virgen

Mezclar los ingredientes en el bol de la amasadora y amasar hasta tener una masa homogenea y lisa (unos 10 - 15 minutos).
Hacer una bola, dejar reposar cubierto con film de cocina o con un paño húmedo en un sitio cálido hasta que doble su volumen. Cuando la masa haya crecido, desgasificar ligeramente sobre la superficie de trabajo. Pintar la bandeja de horno con unas gotas de aceite de oliva para que no se pegue, y extender la masa, empujando con la punta de los dedos hasta cubir toda la bandeja. marcar los dedos, estas indentaciones son típicas de la focaccia. Rociar con un hilo de aceite y dejar reposar de nuevo en la bandeja  hasta que suba de nuevo. Encender el horno a 220 grados, mezlar el agua y la sal, y pintar con esta mezcla la superficie de la focaccia. Marcar de nuevo los dedos si habían desaparecido, rociar con aceite de oliva y llevar al horno unos 25 minutos.
Servir cortada en tiras.

Mermelada de naranjas

febrero 04, 2020
Igual es que soy una simple –bueno, casi seguro- pero yo, como que no le pillo la gracia al dicho ese de los anglosajones de “when live give you lemons…”. Mejor dicho, le pillo la gracia al dicho en inglés y en su contexto, que es totalmente americano, pero no le pillo la gracia a la traducción directa y a usarlo directamente en español, como si tuviera sentido para nosotros.
Lo dicho, debo de ser muy simple, pero en español a mí se me ocurren cosas como hacer de la necesidad virtud, o a mal tiempo, buena cara. Pero nada de limones. Y a mí los limones, así a tontas y a locas en una expresión que traducida no tiene sentido, pues me resultan ácidos.
Otra cosa son las naranjas. Naranjas de la china, tu media naranja, peor es nada que media naranja, más vale una naranja comida,que tres exprimidas. Y seguro que me dejo expresiones naranjiles a porrillo. Igual que había dejado de lado hasta ahora el hacer mermelada de naranja. Porque vamos a ver, cuando iba yo a hacer mermelada de naranja?  En primer lugar, porque es algo que no como nunca. No lo he comido en casa de mis padres, y nunca me dio por comerla luego. En segundo lugar, porque lo de hacer mermelada en mi cabeza de compartimentos estancos, tiene un lugar y un solo lugar: uno hace mermelada para aprovechar la fruta que le sobra (o hace conservas de lo que sea: tomate, melocoton, albaricoques, bonito, porque la materia prima le sobra –lease: tienes un huerto con un pico de produccion y te pones a aprovecharla y te lias a hacer mermeladas. Lo de comprar fruta para hacer mermeladas es como el colmo del absurdo en mi cuadriculada cabeza: te cuesta dinero y trabajo, cuando puedes ir al super a comprar solo lo que necesites- pero eso daria para otro post muy largo.) Y yo, como que no tengo naranjales a mano, ni los he tenido nunca.
Pero, hete aqui que llevas ya una buena temporada en la menos britanica de las islas britanicas y como que ya te has habituado a tomar te a todas horas (sin dejar de tomar café, tambien), y has aprendido a hacer scones, y a usar el pure de patata como guarnicion, y otros miles de tics cotidianos que ya no te sorprenden, porque los has incorporado a tu vida de la forma mas natural del mundo. Y hete aqui que un buen dia la vida no te da limones, sino unas pocas (muchas) naranjas que se han ido quedando rezagadas en el frutero y que te miran amenazando con darte cargo de conciencia, porque lo de no desperdiciar comida lo llevas interiorizado a sangre y fuego ( y ademas ahora con el rollito del reciclaje y la comida real y la sostenibilidad ademas lo puedes decir en voz alta sin que nadie te juzge) y automaticamente se te dispara esa parte del cerebro que debe ser exclusiva de los bloggers que vivimos obsesionados con nuestra proxima receta, y empieza a funcionar, pensando que hacer con ellas.
Y todo eso pasa en la fraccion de segundo que tardas en pensar, ya esta:  mermelada de naranja en enero.
Y no creo que la vaya  a usar para el desayuno, que untar de mermelada de naranja la tostada me sigue resultando raro (y me doy cuenta de que mis costumbres y mis nuevos habitos son totalmente caprichosos e impredecibles- ni idea de porque algunas cosas no pueden cambiar y otras las adopto sin problema, pero que mas da); pero como cobertura o relleno para bizcochos con base de chocolate, esto tiene que estar de muerte. De muerte lenta. Mira que ya estoy activando otra vez el blogger-cerebro (que suena como un superpoder, oye) y pensando en hacer un bizcocho tipo genoves con chocolate y esta mermelada. O tipo brownie, o…
Si la vida te da limones….se los das de vuelta.
Yo prefiero naranjas.


Mermelada de naranjas

Ingredientes
1 kg naranjas (peso sin piel: lee la receta entera)
600 gr de azúcar
cáscara de 2 naranjas
Lava bien las naranjas con agua y una esponja. Pela dos de las naranjas con cuidado de no coger la parte blanca, ya que amarga. Solo queremos la parte exterior de la piel. Corta la piel de esas dos naranjas en tiras finitas. Pela el resto de las naranjas y pésalas sin la piel hasta tener 1 kg de fruta. corta las narnjas en trozos y pónlas en una olla a fuego medio. Cuando alcance el hervor, reduce al mínimo y cocina 15 minutos más. Añade el azúcar y las cáscaras en tiritas y dejar cocinar a fuego lento unos 45 minutos, moviendo de vez en cuando para que no se queme. Comprueba su consistencia poniendo una cucharadita de mermelada en un plato, inclínalo y mira si te gusta ese punto: si cae muy rápido estará líquida. llévala de nuevo al fuego hasta que coja más consistencia.
Una vez tenga el punto que te gusta, pona en un frasco limpio y deja que se atempere antes de taparla y guardarla en el frigorifico para consumir en los siguientes días.

Ravioli

enero 28, 2020
La pasta fresca hecha en casa es absolutamente espectacular, pero es una de esas cosas que nunca me parece que justifique el trabajo que se invierte en hacerla. Yo es que soy muy cocinera de esfuerzo minimo- resultado maximo. Y este plato, no nos enganemos, no es uno de esos. Para nada.
Que le voy a hacer, me encanta cocinar, pero no puedo con los trabajos interminables, laboriosos, de filigrana. Las recetas en las que la lista de ingredientes da la vuelta a la pagina, me dan palpitaciones. Las preparaciones con pasos y pasos, y mas pasos, y manchando cacharros y mas cacharros, me superan.  No son para mi.
Mi cocina es mas directa, es mas sencilla. Simple, si quieres.
El unico motivo por el que hago este plato de vez en cuando (y de vez en cuando puede ser un par de veces al ano) es porque mi hija L es una fan absoluta de los ravioli. Y aun mas de los caseros.
Tengo una maquina de hacer pasta que no empleo a menudo, pero que si uso con algo mas de frecuencia. Si tienes un par de horas puedes darte el gustazo de comer pasta fresca casera y de vez en cuando, es algo que hago. Pero los ravioli dan un poquito mas de trabajo. Tampoco mucho mas, porque lo que cuesta realmente es todo el proceso de hacer tu propia pasta, pero los ravioli me dan una flojera especial, asi que nunca encuentro el momento de ponerme a ello.  
Ella los adora, asi que hace un tiempo ella fue la responsable de que comprasemos ese accesorio para cortar ravioli que veis en las fotos.
De verdad que puedo contar con los dedos de la mano las veces que lo he usado.
Pero el gustazo que le doy bien vale otro cachivache mas en la cocina. 
Desde luego que te recomiendo que los hagas al menos una vez, y luego ya decides si te compensa el esfuerzo invertido. Y la otra recomendacion, como siempre que hago cosas laboriosas es aumentar las cantidades y congelar, congelar, congelar. Cocinar es bien. Pero un congelador inmenso es aun mejor.
El otro interes de esta receta esta en la salsa de mantequilla y salvia. Puedes hacer los ravioli como en esta receta y acompanarlos de la salsa que mas te guste, pero queria anadir esta salsa al blog.
Como todas las salsas a base de mantequilla, es obscenamente rica y grasa. Asi que usala muy, muy, esporadicamente.
Pero, como todas las salsa a base de mantequilla, esta que te mueres.
Asi que es bueno saber hacerla, aunque sea un par de veces al ano, cuando hago estos ravioli.
Ravioli de pasta fresca rellenos de ricotta y espinacas con salsa de salvia
Ingredientes 
Para la pasta fresca
250 gramos de harina
2 huevos grandes
Sal 
Para el relleno de ricotta y espinacas
Aceite de oliva
1 diente de ajo
200g  de espinacas frescas, lavadas y escurridas
200g de queso ricotta (u otro queso tipo requeson si no encuentras ricotta)
40g queso parmesano rallado (y algo mas para servir)
Ralladura de 1 limon
Para la salsa de mantequilla de salvia
20g de hojas de salvia frescas
1 diente de ajo
100g de mantequilla
Sal
Pimienta negra
Preparacion
Batir los huevos con una pizca de sal. Sobre una superficie de amasado, hacer un volcán con la harina y verter en el centro los huevos batidos. Mezclar con cuidado y amasar hasta tener una masa flexible y lisa. Al principio, es una masa muy seca, pero gradualmente se integraran los ingredientes. Si despues de un par de minutos de amasado la masa sigue sin formarse, anade una o dos cucharaditas de agua, y sigue amasando hasta obtener una masa consistente.  Cubre con film de cocina y deja  reposar en el frigorifico 30 minutos. Una vez reposada, extiende la masa con un rodillo intentando hacer una plancha muy fina. Prepara la máquina de pasta y pasa una porción de pasta empezando por la mayor apertura, dóblala para darle forma rectangular y vuelve a pasarla un par de veces. Reduce la apertura del rodillo y pasa de nuevo la hoja, repitiéndolo hasta que tengas la hoja del menor grosor que te permita tu máquina. Ten a mano suficiente harina para ir espolvoreando la masa al pasarla por la maquina y que no se pegue. Repite hasta terminar toda la masa. Una vez tengas hojas delgadas,  deja secar ligeramente la pasta extendida. Yo suelo poner varias cucharas de madera en la puerta del horno para que pierdan el exceso de humedad. Despues de 30 minutos puedes formar los ravioli. 
Mientras la pasta se seca, haz el relleno de tus  ravioli: Saltea las espinacas en una sarten amplia con una gotita de aceite. Anade el ajo triturado, saltea un poco mas y salpimienta. Retira inmediatamente y pon las espinacas a escurrir todo el liquido en un colador. 
Una vez bien escurridas, mecla con los quesos y la ralladura del limon. Usa esta mezcla para rellenar los ravioli, poniendo una cucharita dentro de cada uno. 
Para formar los ravioli, yo tengo el accesorio que ves en las fotos, con el que solo tienes que extender encima las laminas de masa, rellenar y poner encima otra lamina. Luego, pasas el rodillo y las indentaciones del molde cortaran los ravioli. Si no tienes un molde especifico, extiende una lamina y pon montoncitos del relleno a distancia regular. Pinta con la punta del dedo humedecido en agua o con un pincel de reposteria lo que seran los cuadrados de los ravioli y pon encima otra plancha de masa. Aprieta en las juntas con la punta de los dedos y luego pasa un cortador o un cuchillo para cortar las piezas. Deja los ravioli formados en una bandeja grande enharinada para que no se peguen y cubre con papel film si no los vas a usar inmediatamente.Yo suelo hacer bastante cantidad, porque es trabajoso hacerlos. En este paso, llevaria la bandeja al congelador y despues de una media hora ya puedes ponerlos en una bolsa de congelacion y terminar de congelarlos hasta que los vayas a usar. Este paso evitara que se peguen y asi podras sacar solo las unidades que necesites.
Una vez rellenos, cuecelos en abundante agua salada unos 2-3 minutos, hasta que se hinchen y suban a la superficie. 
Para la salsa, pon la salvia, el ajo y la mantequilla en una sarten en la que pueda entrar toda la pasta. Derrite a fuego medio la mantequilla y anade la pasta escurrida, mezcla bien y sirve inmediatamente, con un golpe de pimienta negra y otro de parmesano rallado.

Pan perfecto sin amasado

enero 20, 2020



Este pan me ha dejado flipada. Para las que, como yo, sois veteranas en estas lides del blogear gastronómico, no será ninguna novedad. Hace años nos hartamos de verlos en todos los blogs, todos al mismo tiempo, que es lo que tenemos los bloggers de cocina. Hacemos todos lo mismo al mismo tiempo. 
Yo, claro está, no lo hice entonces –si no, no lo estaría publicando ahora otra vez, como os podéis imaginar-. Y no lo hice porque entonces yo no tenía el juguete imprescindible: una olla de hierro fundido.
La idea de un pan sin amasado y sin trabajo me tentaba, como a cualquiera, no os voy a decir que no. Pero admito que me daba muy mal rollito lo de meter una olla como esta en el horno. ¿Manías? Tal vez. Pero se me hacia muy rarito, la verdad.
Total, que pasó aquella moda y no me volví a acordar del asunto hasta que hace unas semanas volví a verlo en Instagram. Todas las modas vuelven, decía mi madre y yo la miraba como si fuera una loca de otro planeta, para acabar diciéndolo yo ahora, que soy madre y tengo hijas de la edad que yo tenía entonces que me miran igual que yo a ella, (ay!).
Y ahí sí que me decidí a probarlo. Hace un par de años me regalaron una de estas ollas preciosas que he estado usando y a la que he acabado por adorar sin condiciones, como os dirán todos los que forman parte del club de usuarios, que a veces sonamos a sectas de abducidos por extraterrestes cuando nos ponemos a hablar de las bondades de nuestros accesorios de cocina como si fueran los logros de nuestros retoños. Pero en este caso es verdad. Este es uno de esos casos en que el precio que pagas lo vale todo. Enterito. De verdad.
Total, que como ya la he usado bastante y ya no le tenía el respeto reverencial de ese juguete nuevo que no le prestas ni a tu madre para que no le haga un arañazo, decidí que igual era el momento de usarla para esta receta, sin agobiarme por cómo respondería el esmalte al horneado. Porque la teoría me la sabía, pero estaba todavía un poco mosca con la práctica.
Así que con mi post instagramero delante, fui traduciendo la receta americana a gramos y la hice en ese mismo momento, que yo en días libres y con IG a mano me vengo arriba sin darme cuenta.
La ventaja inmensa que tiene esta receta es que solo se trata de poner los ingredientes juntos y poco más.
Pero con diferencia, lo mejor fue el resultado. La verdad es que como estaba en casa y no tenía prisa ni tiempos estrictos, dejé que la masa hiciera su trabajo con toda tranquilidad, pero sea por lo que fuera, es de las veces que mejor pan me ha salido y con diferencia. Me ha dado por pensar que igual la fastidio yo con el amasado, no os digo más.
Desde que vivo en Belfast no puedo usar levadura fresca de panadero, básicamente, porque no la venden. Así que tengo que trabajar con levadura desecada. Y con ella he seguido haciendo panes, pero me cuesta conseguir buenas migas. Las fermentaciones son mas rápidas, y las masas cogen volumen pero no hacen alveolo como antes.
Excepto en este caso. Y si, voy y no hago fotos de la miga. Para matarme. Vais a tener que hacer un acto de fe porque es uno de los mejores panes que han salido de mi cocina.
Y mi olla sobrevivió para contarlo.

Pan perfecto en olla de hierro fundido sin amasado

Ingredientes
475 gramos de harina de fuerza
375 ml de agua
1cdta sal
2 cdtas de levadura de panaderia seca

Preparacion
En un bol grande o en el de la amasadora, mezcla la harina, la sal y la levadura. Añade el agua templada y forma una masa mezclando bien con una cuchara de madera o con el gancho amasador. Quedará una pasta muy pegajosa, así que no tengas la tentación de añadirle más harina. Cubre el bol con plástico de cocina y deja reposar hasta que doble su volumen (variará mucho dependiendo de la temperatura, pero aproximadamente, entre 2 y 4 horas). Pon tu olla de hierro fundido (con su tapa) en el horno, en frío, y llevalo a 220º durante 30 minutos. Asï irá cogiendo temperatura progresivamente.
Desgasifica la masa ligeramente para quitarle el exceso de aire. Enharina generosamente una hoja de papel de hornear y pon la masa en ella. Cúbrete completamente de harina las manos y forma una bola con la masa y espolvorea la superficie con harina. Cubre con film de cocina y deja que vuelva a levar una media hora, mientras la olla se calienta en el horno. Saca la olla con cuidado de no quemarte y pon en ella la masa con el papel de horno. Tapa la olla y hornea durante 45 minutos. Quítale la tapa y deja que el pan termine de tostarse otros 10 a 15 minutos sin tapa, hasta que el pan esté hecho y dorado por encima. 

Negroni

enero 14, 2020

A las que sois fans irreprimibles de la ginebra, os voy a dar una alegría. Si no os habéis apuntando a la tendencia de un enero sin alcohol (Dry Januay, que aquí es casi imprescindible después del atracón de alcohol de diciembre), sabed que os podéis apuntar a otra tendencia que es ni mas ni menos…. Redoble de tambores… GINUARY. 
Y es que aquí los juegos de palabras gustan más que comer con las manos. Y no me extraña, el idioma es muy dado a estas cosas y algunas tienen mucha gracia.
 Pero a lo que iba, que no es que yo fomente lo de darse al alcohol como si no hubiera mañana, pero este combinado a base de ginebra es un clásico que resulta de lo más fotogénico y que me apetecía mucho, mucho compartir en el blog. Y Ginuary es una ocasión perfecta para probar bebidas como ésta.
No es nada nuevo, pero para mí tiene ese encanto vintage de las películas en technicolor de los años 50, de los vestidos de cocktail y los guantes de satén.
 Y además está rico, que es de lo que se trata.
Negroni

Ingredientes
1 medida (50ml) de ginebra seca
1 medida (50ml) de Campari
1 medida (50ml) de vermouth rosso

Preparación
Pon los ingredientes en una coctelera y mezcla bien con hielo picado. Sirve en un vaso con cubos de hielo. Puedes decorar con piel de naranja o con hierbas.

Tostadas con frutas

enero 08, 2020
Esto es una receta que no es una receta. Esto es un plan de desayuno para evitar la bolleria y los cereales con azucar. Esta es una forma de comer frutas, pan y queso. Una tonteria. Pero es que tampoco hace falta complicarse, no? 
Esto  un wysiwg de libro. 
Y si, otra vez se me nota que soy una ancianita venerable en esto de las redes. Alla por el cambio de siglo se puso de moda entre los que trabajabamos en IT eso de "lo que que es lo que hay" por sus siglas en ingles, que todo suena mas guay cuando se dice en ingles "what-you-see-is-what-you-get". Vamos, que no hay trampa ni carton, que esto que ves es lo que hay. 
Exactamente: Pan, el queso de untar que prefieras y algo de fruta. Si eres mas golosa, un hilito de miel. Y ya ta.

Desayunando que es gerundio! 




Crema verde

enero 04, 2020
No, ni dieta, ni détox,  ni similares. Verdura. En enero, y en julio, en cualquier momento y a cualquier hora. Porque,  no nos engañemos, los postres son maravillosos, pero no nos alimentamos de ellos. En el tiempo que llevo con el blog he aprendido a hacer mucha repostería que de otro modo nunca hubiera imaginado que era capaz de hacer en casa. Es divertido, y tiene mucho que ver con el hecho de que el blog es un hobby y que cuando tengo tiempo para pensarlo, organizar compra, y tiempos de levados y demás, la repostería es el tipo de receta que antes y más me apetece hacer. Me lo paso tan, tan, bien probando nuevas recetas de repostería que a temporadas me olvido de incluir otras recetas aquí.
Normalmente, cuando cocino nuestras comidas habituales no tengo tiempo para las fotos. Otras veces, no me parece que sean recetas interesantes que merezca la pena compartir, porque todas podemos cocinar más o menos en automático y no le damos ninguna importancia a esa tarea diaria.  Pero hace un tiempo que mi hija L ha empezado a adelantar su cuenta atrás hacia la universidad y aunque todavía le falta bastbante para eso, me pidió que le pasara recetas. 
Fácil, ¿no? Yo pensé que era lo más sencillo del mundo. Están todas publicadas en el blog, no tendrás problema. Hasta que ella empezó a decirme qué cosas quería saber hacer y me di cuenta de dos cosas: 
La primera, que quieres llevarte los sabores de casa  contigo cuando vayas a explorar el mundo por tu cuenta. Y pensé que eso es una gran idea. Porque no importa lo que pase fuera, pero saber que al volver a casa te espera ese sabor que te reconforta y te hace sentir en tu sitio, te dará fuerzas para comerte el mundo. O al menos, te ayudará a que, cuando intente devorarte, tú puedas coger fuerzas y volver con ganas a enseñarle quién eres. También, y de forma más prosaica: que, como mínimo, estarás bien alimentada con sabores familiares. Y como mami, eso también es importante.  
Y la segunda, que en el día a día cocino muchas cosas muy sencillas y muy rápidas que son perfectas para aprender a cocinar. PERO que no están publicadas en el blog. 
En ese momento se unió mi otra hija y entre las dos me hicieron una lista muy, muy, larga de las recetas que necesitan. Ahora mismo son como 60 más o menos. Y estoy segura de que seguirá creciendo. Algunas de ellas sí están en el blog, así que técnicamente, pueden encontrarlas aquí. Pero la gran mayoría no.
Tengo unos cuantos meses por delante para preparar ese e-book con las recetas de casa que quieren llevarse y tener a mano.
Y, en el proceso, para compartir aquí también algunas de esas recetas para principiantes, que casi, casi se hacen solas: sencillas, rápidas, para el día a día y que para nosotros tienen sabor a casa.
Nuestra pequeña historia de sabores hecha de la cocina de mi madre, de mis años en el piso de estudiantes, de cocina mallorquina, de supervivencia con niñas pequeñas, de currys y cenas que se hacen en un solo cacharro. La geografía de nuestra memoria, que imagino que si llega el caso, no solo les quitará el hambre, sino que les hará sentir en casa.
Así que volviendo a la receta de hoy, esta es una de esas recetas que no tienen ninguna complicación y con la que comes un par de raciones de verduras de una forma muy fácil. Una de las mejores formas en las que siempre, siempre, siempre, me apetece comer verdura es en forma de crema o de sopa, según los días. Esta receta lleva escrito INVIERNO en letras mayúsculas. Y tiene la virtualidad de que se puede hacer con ingredientes que casi seguro que tienes en casa, incluso cuando crees que no tienes nada en la despensa. Si no tienes brócoli fresco, úsalo congelado, si no tienes guisantes congelados, úsalos de bote, si no tienes caldo de verduras, hazlo con un cubito o añade agua y luego ajusta de sal. Si te apetece ponerle otras verduras, adelante. Las cremitas de verduras son una auténtica maravilla en invierno: Si quieres, añádele queso rallado, o unos restos de pollo asado o cocido, y con un poco de pan tendrás una comida ligera perfecta para llevar al trabajo en un táper. Y si haces cantidad, congélala en porciones de ración. Cuando vayas a usarla, descongela preferiblemente en el frigo la noche anterior, y deja que de un buen hervor antes de servirla. Y voilá, un tazón humeante de cremita de verduras para hundirte en el sofá con una mantita.
No es mal plan para estas noches de enero, ¿no crees?
Crema verde - Brócoli, guisantes y yogur especiado
Ingredientes
1 cuchara de aceite de oliva
1 cebolla
1 diente de ajo
400 gramos de brócoli
300 gramos de guisantes congelados
200 gramos de patata
1 litro de caldo de verduras
Un manojo pequeño de menta, perejil o albahaca (opcional)
1 limón (zumo y ralladura)
Yogur natural sin azucar (para servir)
Pimienta (rosa o negra para servir)

Preparación
Pica la cebolla en brunoise y sofríe en el aceite en una sopera, unos 10 minutos, hasta que esté translúcida y suave. Añade el ajo prensado o picadito muy menudo, y cocina otro minuto más. Añade el brócoli en floretes, los guisantes y la patata cortada en cachelos, y vierte el caldo por encima. Lleva a ebullición, reduce el fuego a medio-bajo, y deja que cueza despacio unos 25 minutos. Añade las hierbas si las usas, la ralladura y el zumo del limón, y bátelo todo hasta tener una crema suave y homogénea. Rectifica de sal, y sirve. Decora con un poco de yogur natural sin azúcar y un golpe de pimienta al gusto.

Galletas de jengibre y canela - Gingersnaps

diciembre 25, 2019
Este es el olor del que están hechas las mañanas de Navidad, y todas estas fiestas en general: canela, gengibre, mantequilla y azúcar moreno...
Las especias anuncian estas fechas a gritos y convierten tu casa, de repente, en una casita mágica, aunque solo sea el tiempo que dura el olor a nostalgia y a galletas por el pasillo.
Otra de las ventajas es que, como en casi todas las galletas, no hay tiempos de reposo, y el horneado es tan corto que en media hora puedes estar comiendo tu antojo navideño. O igual soy solo yo y a mi no me da ninguna pereza en absoluto ponerme a hornear galletas.


Feliz Navidad para todas, y gracias por estar siempre ahí.





Gingersnaps
Ingredientes

50 gramos de aceite de girasol
60 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
120 gramos de azucar blanco
100 gramos de azucar moreno o demerara
1/2 cucharadita de sal
2 cucharaditas de bicarbonato sodico
1 huevo grande
225 gramos de harina
2 cucharaditas de jengibre en polvo
1 cucharadita de canela en polvo

 Para la cobertura
55 gramos de azucar blanco
50 gramos de azucar moreno
1 cucharadita de canela en polvo

Preparacion

Precalentar el horno a 180 grados. Poner todos los ingredientes en el bol de la amasadora y amasar con la pala hasta integrar bien todos los ingredientes. Formar bolitas de masa y pasar por la mezcla de azucares y canela cubriendolas bien. Poner en una bandeja de horno sobre papel de hornear o sobre una lamina de silicona, dejando suficiente espacio entre las bolitas porque creceran mucho en el horno. Dejar en el horno unos 12 minutos, enfriar en una rejilla nada mas sacarlas del horno.


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