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Pesto rojo
Versiones de pesto hay muchas, y casi diría que desastres versionando pesto, todavía más. Me gustaría pensar que en la receta de hoy no vas a encontrar uno de esos desastres, sino otra salsa con este nombre que en realidad, se puede llamar de cualquier forma. Digamos que, por proximidad, era la forma más fácil de explicarlo.
Así ya te irás imaginando de qué estoy hablando. Pero esto solo es el principio, porque según como te guste el acabado, puedes hacer una salsa perfecta para comer con pasta (piensa en una salsa untuosa, con el sabor potente del queso, el cuerpo de las nueces, la ligera acidez del tomate confitado y el frescor de la albahaca); o dejarla más espesa y que sea casi un untable para poner encima de una rebanada de pan de hogaza ligeramente tostada; o incluso un aliño para una ensalada de rúcula y espinacas si le añades un poco más de aceite y la emulsionas un poco.
Ya ves que ideas no me faltan, y es que, sea lo sea como queramos llamar a esta mezcla/pasta/salsa yo te recomiendo que la pruebes, al menos una vez. Para mí, que prefiero el pesto original, ha sido una muy agradable sorpresa. Sigo sin saber si llamarla pesto, pero a falta de mejor nombre, en casa nos entendemos cuando me lo piden así.
Ingredientes
85 g de nueces
250 g de pimientos rojos asados (en conserva)
8 tomates confitados, escurridos
1 diente de ajo grande
2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
20 hojas de albahaca
50g de queso parmesano recién rallado
Zumo de limón o vinagre (opcional)
Sal
Preparación
Si las nueces no están tostadas, ponlas en una sartén SIN nada de aceite, a fuego medio-alto, y muévelas continuamente hasta que se tuesten ligeramente. Reserva y deja que se enfríen en un plato.
Pon los pimientos bien escurridos de líquido, con los tomates, el ajo, el aceite de oliva y la albahaca en un procesador de alimentos o en el vaso de una batidora potente o picadora. Tritura hasta mezclar bien y tener una consistencia de pesto. Añade las nueces, y tritura ligeramente, dejando que queden algunos trocitos. Añade el parmesano rallado, prueba y corrige de sal si hiciera falta (yo nunca le pongo porque con el parmesano es más que suficiente para mi gusto), y si notas que necesita algo de acidez, añade un poco de zumo de limón o de vinagre. Puedes conservarlo en el frigorífico en un recipiente con tapa unos 3 a 5 días.
Salsa de caramelo salado
Esta salsa eleva cualquier postre a otra categoría, y cuando veas lo sencilla que es de hacer, te parecerá mentira. La publico por separado porque aunque lleva años publicada en el blog, recientemente en IG me han pedido la salsa y es cierto que en el blog no estaba como receta individual, sino como parte de otra receta ( en este helado de mascarpone son toffee). Ahora será más sencillo encontrarla.
Las salsas no sólo ligan y terminan cualquier plato salado. También, en repostería, le dan ese acabado perfecto a cualquier dulce. Igual que los complementos perfeccionan o destrozan un traje, lo mismo ocurre con las salsas en cocina. Y la repostería no es una excepción.
De todos modos, incluso si no vas a utilizarla en ningún postre, prueba a hacer esta salsa y añádela al próximo helado, o café, o bizcocho que prepares y ya me cuentas.
Otro nivel, ya verás.
Salsa de caramelo salado (para unos 250 grs aprox, pero dobla las cantidades si te apetece)
125 gr. azúcar
40 ml de agua
60 gr de mantequilla
75 ml de nata para montar espesa
1/2 cdta Sal marina
En una cazuela de fondo grueso a fuego lento, combina el azúcar y el agua.
Calienta solo hasta que el azúcar se disuelva. Agrega la mantequilla.
Deja que hierva y cocina hasta que alcance un color caramelo dorado, sin remover.
Retira del fuego y añade la sal.
Agrega la nata (salpicará y chiporroteara bastante, pero eso es exactamente lo que se supone
que tiene que hacer, así que no te asustes). Remueve para combinar y vuelve a llevar al fuego. Deja que hierva nuevamente a fuego lento de 10 a 15 minutos hasta que alcance una consistencia cremosa. Vierte en un frasco e intenta esperar hasta que se enfríe antes de servir.
125 gr. azúcar
40 ml de agua
60 gr de mantequilla
75 ml de nata para montar espesa
1/2 cdta Sal marina
En una cazuela de fondo grueso a fuego lento, combina el azúcar y el agua.
Calienta solo hasta que el azúcar se disuelva. Agrega la mantequilla.
Deja que hierva y cocina hasta que alcance un color caramelo dorado, sin remover.
Retira del fuego y añade la sal.
Agrega la nata (salpicará y chiporroteara bastante, pero eso es exactamente lo que se supone
que tiene que hacer, así que no te asustes). Remueve para combinar y vuelve a llevar al fuego. Deja que hierva nuevamente a fuego lento de 10 a 15 minutos hasta que alcance una consistencia cremosa. Vierte en un frasco e intenta esperar hasta que se enfríe antes de servir.
Hummus con tomates confitados
Con esta receta he descubierto una cosa que es de cajón: los tomates confitados sirven para mucho más que sólo para ser parte del antipasti.
Los tomates confitados me dan cierta pereza. Es una de esas cosas que se me olvida comprar, de la que nunca me acuerdo. Y de pronto, viene J con un bote, y los pone con unas bolitas de mozzarela, y albahaca, y me acuerdo de que me gustan, de que están ricos, de que tienen un sabor ácido y potente que me encanta.
Y los terminamos y me vuelvo a olvidar de ellos por meses y meses.
Pero hace unos días me crucé con un bote que andaba por la despensa sin empezar y me animé a preparar este otro entrante que, la verdad, lo tiene todo.
Y no es porque lo haya hecho yo.
Bueno, no solo por eso.
Básicamente esta crema se prepara en dos minutos, incluso si no tienes el hummus hecho. Si ya lo tienes preparado, incluso menos.
Y de verdad que tienes que probarla.
Nosotros últimamente comemos el hummus con pan de pita tostado y cortado en triángulos: nos encanta. Pero está también perfecto con grisines. Si te animas a hacerlos tú misma, tienes la receta aquí (Grisines de parmesano)
Aquí te dejo esta opción que es perfecta para tu picoteo de verano y que vas a usar un montón. A disfrutarla!.
Humus con tomates confitados
Ingredientes
200 gramos de hummus
10 tomates confitados
Para servir
Aceite de oliva extra virgen
Aceitunas negras (preferiblemente del bajo Aragón o similar, con un sabor potente)
Semillas de sésamo
Preparación
Para esta receta, puedes usar hummus casero (prepáralo siguiendo mi receta de hummus clásico que puedes encontrar aquí), o bien usarlo ya preparado. En cualquier caso, pon 200 gramos de hummus en el vaso de la batidora o de un robot de cocina o procesador de alimentos potente, añade los tomates confitados y tritura hasta tener una pasta homogénea. Prueba y ajusta si fuera necesario, añadiendo más tomates, rectifica de sal, y sirve con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, unas buenas aceitunas negras de Aragón y unas semillas de sésamo. Puedes acompañarlo de grisines, pan de pita o galletitas.
Koftas de cordero y salsa tzatziki
Estos koftas son una forma fácil de variar tus comidas de verano, y perfectos para dejarlos preparados y hacerlos en un momento justo antes de tomarlos.
Una opción perfecta es incluirlos en tu barbacoa. La forma tradicional es hacerlos con cordero. De hecho, son como albóndigas de cordero. Pero si te resulta demasiado graso o demasiado fuerte, a mí me encanta cambiarlos y hacerlos con carne de pollo o pavo picadas (mezcla pechuga y contramuslos, o solo contramuslos, para que no sea demasiado seco).
Las hierbas y especias le dan el punto de sabor que necesita; y si tienes cuidado de que no queden secos por dentro, sino jugosos, tendrás un plato de 10.
Acompáñalos de salsa tzatziki, para un contraste perfecto. El mejor consejo: Hazla casera, no la compres. Es supersencilla de hacer en casa, y si te quedan restos, es perfecta al día siguiente para untar en el pan o con verduritas crudas o a la plancha.
Si en lugar de hacerlos en sartén, te animas por la opción de la barbacoa, una buena opción es hacer suficiente salsa y añadir verduras a la barbacoa. Con la excusa de acabar la salsa, te darás un auténtico festín.
No te resistas!
Koftas de cordero
200 gramos de carne de cordero limpia de grasa
Una opción perfecta es incluirlos en tu barbacoa. La forma tradicional es hacerlos con cordero. De hecho, son como albóndigas de cordero. Pero si te resulta demasiado graso o demasiado fuerte, a mí me encanta cambiarlos y hacerlos con carne de pollo o pavo picadas (mezcla pechuga y contramuslos, o solo contramuslos, para que no sea demasiado seco).
Las hierbas y especias le dan el punto de sabor que necesita; y si tienes cuidado de que no queden secos por dentro, sino jugosos, tendrás un plato de 10.
Acompáñalos de salsa tzatziki, para un contraste perfecto. El mejor consejo: Hazla casera, no la compres. Es supersencilla de hacer en casa, y si te quedan restos, es perfecta al día siguiente para untar en el pan o con verduritas crudas o a la plancha.
Si en lugar de hacerlos en sartén, te animas por la opción de la barbacoa, una buena opción es hacer suficiente salsa y añadir verduras a la barbacoa. Con la excusa de acabar la salsa, te darás un auténtico festín.
No te resistas!
Koftas de cordero
200 gramos de carne de cordero limpia de grasa
½ cebolla pequeña
½ cucharadita de pimentón dulce
½ cucharadita de comino en polvo
Una pizca de canela
1 cucharada de hojas de menta picadas
Ralladura de limón, al gusto
Sal
Pimienta negra
Aceite de oliva
Salsa Tzatziki
Yogur griego sin azúcar
Pepino
Hojas de menta picadas
Aceite de oliva
Pimienta negra
Preparación
Pon todos los ingredientes salvo el aceite de oliva en la picadora o el robot de cocina, y tritura hasta conseguir una pasta bien mezclada.
Coge porciones de masa con dos cucharas soperas, o con las manos y dales forma de croquetas, alargadas, hasta terminar la masa (unas 8-10 unidades). Cúbrelas con papel film y llévalas al frigorífico 30 minutos o hasta el momento de cocinarlas.
Para prepararlas, pon un poco de aceite en una sartén y fríelas a fuego medio unos 5 minutos por cada lado. Puedes usar una tapa para asegurarte de que se cocinan por dentro. Sube el fuego cuando casi estén hechas para tostarlas por fuera.
Sírvelas sobre pan de pita con pepino, hojas de menta y salsa Tzatziki.
½ cucharadita de pimentón dulce
½ cucharadita de comino en polvo
Una pizca de canela
1 cucharada de hojas de menta picadas
Ralladura de limón, al gusto
Sal
Pimienta negra
Aceite de oliva
Salsa Tzatziki
Yogur griego sin azúcar
Pepino
Hojas de menta picadas
Aceite de oliva
Pimienta negra
Preparación
Pon todos los ingredientes salvo el aceite de oliva en la picadora o el robot de cocina, y tritura hasta conseguir una pasta bien mezclada.
Coge porciones de masa con dos cucharas soperas, o con las manos y dales forma de croquetas, alargadas, hasta terminar la masa (unas 8-10 unidades). Cúbrelas con papel film y llévalas al frigorífico 30 minutos o hasta el momento de cocinarlas.
Para prepararlas, pon un poco de aceite en una sartén y fríelas a fuego medio unos 5 minutos por cada lado. Puedes usar una tapa para asegurarte de que se cocinan por dentro. Sube el fuego cuando casi estén hechas para tostarlas por fuera.
Sírvelas sobre pan de pita con pepino, hojas de menta y salsa Tzatziki.
Hummus de sabores
Hace años, cuando descubrí el hummus, lo compraba hecho porque no tenía idea de lo fácil que era hacerlo en casa. Hace años, el hummus era relativamente exótico y se conseguía en tiendas gourmet. Y un día, hace años, encontré alguna receta, probé a hacerlo en casa… y hasta ahora.
Ya sé que a estas alturas del partido el hummus es algo tan común que ni se te ocurriría pensar que no lo vayas a encontrar en el lineal de tu supermercado. Pero si por esa misma comodidad no te has animado a hacerlo, pruébalo en un par de versiones como las que te propongo hoy y verás qué gustazo de entrante con crudités, o con pan de pita tostado, o casi, casi como tú quieras. En verano da mucho juego, pero en casa, durante todo el año lo usamos para hacer unos wraps vegetales para la comida. Básicamente, pones un par de cucharadas de hummus, y tomate, zanahorias, lechuga, y lo que te apetezca, y tienes un rollito de lo más apetecible para un lunch ligero.
Durante mucho tiempo he estado haciendo la versión clásica del hummus, pero hay tantas mezclas y tantas posibilidades, que sólo es cuestión de animarse y probar cualquier cosa que se te ocurra, porque lo cierto es que lo admite casi todo. Aquí tienes un par de opciones para que pruebes.
Ya sé que a estas alturas del partido el hummus es algo tan común que ni se te ocurriría pensar que no lo vayas a encontrar en el lineal de tu supermercado. Pero si por esa misma comodidad no te has animado a hacerlo, pruébalo en un par de versiones como las que te propongo hoy y verás qué gustazo de entrante con crudités, o con pan de pita tostado, o casi, casi como tú quieras. En verano da mucho juego, pero en casa, durante todo el año lo usamos para hacer unos wraps vegetales para la comida. Básicamente, pones un par de cucharadas de hummus, y tomate, zanahorias, lechuga, y lo que te apetezca, y tienes un rollito de lo más apetecible para un lunch ligero.
Durante mucho tiempo he estado haciendo la versión clásica del hummus, pero hay tantas mezclas y tantas posibilidades, que sólo es cuestión de animarse y probar cualquier cosa que se te ocurra, porque lo cierto es que lo admite casi todo. Aquí tienes un par de opciones para que pruebes.
Hummus de pimientos
Ingredientes
1 lata de garbanzos cocidos (bien lavados y escurridos)
4 pimientos de piquillo asados, escurridos
1 pimiento morrón pequeño (de lata)
3 cucharadas soperas de aceite de oliva
2 dientes de ajo
Zumo de limón (1 o 2, al gusto)
1/2 cucharadita de comino en polvo
1/2 cucharadita de pimentón dulce
Sal
Preparación
Pon en el vaso de la batidoratodos los ingredientes y bate bien hasta conseguir una crema homogénea. Ajusta añadiendo agua si fuera necesario, una cucharada cada vez. Prueba y rectifica de sal si fuera necesario.
Hummus con yogur
Ingredientes
1 lata de garbanzos cocidos (bien lavados y escurridos)
1 yogur natural sin azúcar
1 pimiento morrón pequeño (de lata)
3 cucharadas soperas de aceite de oliva
2 dientes de ajo
Zumo de limón (1 o 2, al gusto)
1/2 cucharadita de comino en polvo
1/2 cucharadita de pimentón dulce
Sal
Preparación
Pon en el vaso de la batidoratodos los ingredientes
y bate bien hasta conseguir una crema homogénea. Ajusta añadiendo agua
si fuera necesario, una cucharada cada vez. Prueba y rectifica de sal si
fuera necesario.
Rollitos frescos de papel de arroz y gambas estilo vietnamita
Éste ha sido un reciente descubrimiento que no puedo dejar de compartir y recomendar. La idea de hacer unos rollitos con papel de arroz estilo vietnamita llevaba tiempo rondándome la cabeza.
Llevaba mucho tiempo rondándome la cabeza.
De hecho, acabo de comprobarlo y llevaba casi una década rondándome la cabeza.
Lenta de reflejos, sí, ya sé.
Bueno, la historia es muy sencilla. Había una vez una blogger que empezaba a cocinar y a hacer fotos allá por 2010-2011. Y en aquella época prehistórica en la que Instagram todavía era una broma en construcción y YouTube era marginal, los blogs eran otra cosa. Uno de aquellos blogs era White on rice couple. Y en él fue la primera vez que vi unos rollitos vietnamitas y pensé que tenía que estar genial probar a hacerlos alguna vez. Y ya, de paso, probar a comerlos, porque no había tenido el gusto, nunca.
Aquello quedó en una carpeta de recetas pendientes que durante años me acompañó en mis sucesivas mudanzas. Sí, esta abuelita venerable coleccionaba recetas en papel antes de que se cruzaran en mi vida otras formas electrónicas de lidiar con todas las inspiraciones y recetas pendientes que colecciono. De vez en cuando, la veía allí, pero no terminaba de arrancar y hacerlos. Otras cosas habían tomado siempre precedencia.
Una de las razones más simples es que no he hecho demasiadas cosas de cocina asiática en casa. No la conozco demasiado y me resulta totalmente ajena a mi cultura gastronómica. Hasta que hace relativamente poco tiempo me he acercado a un supermercado asiático, tampoco había utilizado ni tenido demasiada curiosidad por este tipo de cocina. Pero en una de las incursiones al Asia market encontré papel de arroz para hacer rollitos, y ahí sí que la conjunción planetaria hizo que, por fin, y después de casi una década, me decidiera a probarlos.
Bueno, una historia muy larga para un resultado mucho más rápido, delicioso y ligero de lo que os podeis imaginar.
Realmente, no seguí ninguna receta. Incluso la salsa me la saqué de la chistera después de un par de intentos de mezclar cosas.
Y es que esto es una interpretación más que libre y muy, muy simple de lo que pueden ser unos rollitos originales, pero totalmente recomendable. Y sencilla: yo elaboré unos cuantos y el resto los terminaron mis hijas.
Os dejo aquí la receta que utilicé yo, porque sobre todo quiero registrar la salsa. Los rollitos estoy segura de que los podría replicar – más o menos- para la siguiente vez, porque se trata más de una idea que de una receta estricta, pero la salsa me encantó, así que necesitaba registrarla.
Espero que os guste tanto como a nosotros.
Espero que os guste tanto como a nosotros.
Rollitos de papel de arroz con gambas, estilo vietnamita
Ingredientes
Media lechuga
Unas hojas de rúcula u otras variedades de lechuga o escarola
1 zanahoria
Unas ramas de apio
Brotes de soja, frescos o en conserva
Unos langostinos o gambones cocidos
También puedes añadirles fideos de arroz (vermincelli) si quieres hacerlos algo mas completos
Salsa
2 cucharadas soperas de aceite neutro (sésamo, cacahuete, girasol o cualquiera de semillas)
2 cucharadas soperas de vinagre de arroz
1 cucharadita de salsa de soja
1 cucharadita de guindilla
1 diente de ajo prensado
Sal (solo si fuera imprescindible, la salsa de soja es salada y esta salsa queda muy sabrosa sin sal )
Opcional: una o dos cucharaditas de mantequilla de cacahuete.
Corta todas las hortalizas en tiras finas de un tamaño similar y reserva. Prepara un plato hondo o una fuente honda redonda y pon agua bien caliente hasta la mitad de la altura. En una superficie de trabajo amplia y limpia, prepara los ingredientes. Sumerge una hoja de papel de arroz y mantenla unos segundos en el agua, hasta que deje de estar rígida y adquiera una textura gelatinosa. Sácala del agua, y extiende con cuidado sobre la superficie de trabajo. Coloca unas cuantas tiras de las hortalizas con cuidado de no sobrecargarla o no podrás cerrar el rollito. Pon un gambón sobre el lecho de verduras. Ciérralo, enrollándolo aproximadamente un tercio de su tamaño. Ahora, lleva los lados hacia adentro, para que no se salga el rollito ni por arriba ni por abajo. Continúa enrollando, una vez hayas asegurado los extremos. La misma consistencia glutinosa del papel hará que no se abra.
Puede que necesites hacer unos cuantos antes de que te salgan todos iguales, pero una vez les hayas cogido el sistema y mientras no los llenes demasiado, enseguida te resultará muy sencillo. Completa hasta acabar el relleno.
Mezcla los ingredientes de la salsa y corrige y ajusta a tu gusto. Sirve los rollitos junto con la salsa recién preparados.
Mezcla los ingredientes de la salsa y corrige y ajusta a tu gusto. Sirve los rollitos junto con la salsa recién preparados.
Ravioli
Qué le voy a hacer, me encanta cocinar, pero no puedo con los trabajos interminables, laboriosos, de filigrana. Las recetas en las que la lista de ingredientes da la vuelta a la página, me dan palpitaciones. Las preparaciones con pasos y pasos, y más pasos, y manchando cacharros y más cacharros, me superan. No son para mí.
Mi cocina es más directa, es más sencilla. Simple, si quieres.
El único motivo por el que hago este plato de vez en cuando (y de vez en cuando puede ser un par de veces al año) es porque mi hija L es una fan absoluta de los ravioli. Y aun más de los caseros.
Tengo una máquina de hacer pasta que no empleo a menudo, pero que sí uso con algo mas de frecuencia últimamente. Si tienes un par de horas puedes darte el gustazo de comer pasta fresca casera y de vez en cuando, es algo que hago. Pero los ravioli dan un poquito más de trabajo. Tampoco mucho más, porque lo que cuesta realmente es todo el proceso de hacer tu propia pasta, pero los ravioli me dan una flojera especial, así que nunca encuentro el momento de ponerme a ello.
Ella los adora, así que hace un tiempo ella fue la responsable de que comprásemos ese accesorio para cortar ravioli que veis en las fotos.
De verdad que puedo contar con los dedos de la mano las veces que lo he usado.
Pero el gustazo que le doy bien vale otro cachivache más en la cocina.
Desde luego que te recomiendo que los hagas al menos una vez, y luego ya decides si te compensa el esfuerzo invertido. Y la otra recomendación, como siempre que hago cosas laboriosas es aumentar las cantidades y congelar, congelar, congelar. Cocinar es bien. Pero un congelador inmenso es aún mejor.
El otro interés de esta receta está en la salsa de mantequilla y salvia. Puedes hacer los ravioli como en esta receta y acompañarlos de la salsa que mas te guste, pero quería añadir esta salsa al blog.
Como todas las salsas a base de mantequilla, es obscenamente rica y grasa. Así que úsala esporádicamente.
Pero, como todas las salsas a base de mantequilla, está que te mueres.
Así que es bueno saber hacerla, aunque sea un par de veces al año, cuando hago estos ravioli.
Ravioli de pasta fresca rellenos de ricotta y espinacas con salsa de salvia
Ingredientes
Para la pasta fresca
250 g de harina
2 huevos grandes
Sal
2 huevos grandes
Sal
Para el relleno de ricotta y espinacas
Aceite de oliva
1 diente de ajo
200g de espinacas frescas, lavadas y escurridas
200g de queso ricotta (u otro queso tipo requesón si no encuentras ricotta)
40g queso parmesano rallado (y algo más para servir)
Ralladura de 1 limón
1 diente de ajo
200g de espinacas frescas, lavadas y escurridas
200g de queso ricotta (u otro queso tipo requesón si no encuentras ricotta)
40g queso parmesano rallado (y algo más para servir)
Ralladura de 1 limón
Para la salsa de mantequilla de salvia
20g de hojas de salvia frescas
1 diente de ajo
100g de mantequilla
Sal
Pimienta negra
Preparación
Batir los huevos con una pizca de sal. Sobre una superficie de amasado, hacer un volcán con la harina y verter en el centro los huevos batidos. Mezclar con cuidado y amasar hasta tener una masa flexible y lisa. Al principio, es una masa muy seca, pero gradualmente se integraran los ingredientes. Si después de un par de minutos de amasado la masa sigue sin formarse, añade una o dos cucharaditas de agua, y sigue amasando hasta obtener una masa consistente. Cubre con film de cocina y deja reposar en el frigorífico 30 minutos. Una vez reposada, extiende la masa con un rodillo intentando hacer una plancha muy fina. Prepara la máquina de pasta y pasa una porción de pasta empezando por la mayor apertura, dóblala para darle forma rectangular y vuelve a pasarla un par de veces. Reduce la apertura del rodillo y pasa de nuevo la hoja, repitiéndolo hasta que tengas la hoja del menor grosor que te permita tu máquina. Ten a mano suficiente harina para ir espolvoreando la masa al pasarla por la maquina y que no se pegue. Repite hasta terminar toda la masa. Una vez tengas hojas delgadas, deja secar ligeramente la pasta extendida. Yo suelo poner varias cucharas de madera en la puerta del horno y la cuelgo de ellas, para que pierdan el exceso de humedad. Después de 30 minutos puedes formar los ravioli.
20g de hojas de salvia frescas
1 diente de ajo
100g de mantequilla
Sal
Pimienta negra
Preparación
Batir los huevos con una pizca de sal. Sobre una superficie de amasado, hacer un volcán con la harina y verter en el centro los huevos batidos. Mezclar con cuidado y amasar hasta tener una masa flexible y lisa. Al principio, es una masa muy seca, pero gradualmente se integraran los ingredientes. Si después de un par de minutos de amasado la masa sigue sin formarse, añade una o dos cucharaditas de agua, y sigue amasando hasta obtener una masa consistente. Cubre con film de cocina y deja reposar en el frigorífico 30 minutos. Una vez reposada, extiende la masa con un rodillo intentando hacer una plancha muy fina. Prepara la máquina de pasta y pasa una porción de pasta empezando por la mayor apertura, dóblala para darle forma rectangular y vuelve a pasarla un par de veces. Reduce la apertura del rodillo y pasa de nuevo la hoja, repitiéndolo hasta que tengas la hoja del menor grosor que te permita tu máquina. Ten a mano suficiente harina para ir espolvoreando la masa al pasarla por la maquina y que no se pegue. Repite hasta terminar toda la masa. Una vez tengas hojas delgadas, deja secar ligeramente la pasta extendida. Yo suelo poner varias cucharas de madera en la puerta del horno y la cuelgo de ellas, para que pierdan el exceso de humedad. Después de 30 minutos puedes formar los ravioli.
Mientras la pasta se seca, haz el relleno de tus ravioli: Saltea las espinacas en una sartén amplia con una gotita de aceite. Añade el ajo triturado, saltea un poco más y salpimienta. Retira inmediatamente y pon las espinacas a escurrir todo el líquido en un colador.
Una vez bien escurridas, mezcla con los quesos y la ralladura del limón. Usa esta mezcla para rellenar los ravioli, poniendo una cucharadita dentro de cada uno.
Para formar los ravioli, yo tengo el accesorio que ves en las fotos, con el que solo tienes que extender encima las láminas de masa, rellenar y poner encima otra lámina. Luego, pasas el rodillo y las indentaciones del molde cortarán los ravioli. Si no tienes un molde específico, extiende una lámina y pon montoncitos del relleno a distancia regular. Pinta con la punta del dedo humedecido en agua o con un pincel de repostería lo que serán los cuadrados de los ravioli y pon encima otra plancha de masa. Aprieta en las juntas con la punta de los dedos y luego pasa un cortador o un cuchillo para cortar las piezas. Deja los ravioli formados en una bandeja grande enharinada para que no se peguen y cubre con papel film si no los vas a usar inmediatamente.Yo suelo hacer bastante cantidad, porque es trabajoso hacerlos. En este paso, llevaría la bandeja al congelador y después de una media hora ya puedes ponerlos en una bolsa de congelación y terminar de congelarlos hasta que los vayas a usar. Este paso evitara que se peguen y así podrás sacar solo las unidades que necesites.
Una vez rellenos, cuécelos en abundante agua salada unos 2-3 minutos, hasta que se hinchen y suban a la superficie.
Para la salsa, pon la salvia, el ajo y la mantequilla en una sartén en la que pueda entrar toda la pasta. Derrite a fuego medio la mantequilla y añade la pasta escurrida, mezcla bien y sirve inmediatamente, con un golpe de pimienta negra y otro de parmesano rallado.
Leche de coco casera
En realidad, no se trata más que de rehidratar el coco y usar luego el líquido que deja. Yo probé con distintas proporciones porque quería darle distintos usos. En mi caso la leche de coco la uso sobre todo para currys. Por eso quería una parte más cremosa y concentrada, con más parte grasa. Pero también quería tener un poco más para beber fría con lima, por ejemplo; así que hice dos tandas. Para la más cremosa use una proporción de 1 a 1; para la más liquida yo use 1 a 1/5, pero si quieres puedes incluso usar el doble de agua que de coco. Te incluyo abajo cantidades exactas, pero si mantienes las proporciones, puedes hacer las cantidades que prefieras.
El coco que quedo después de hidratarlo lo use para hacer unos bombones de coco que quedaron de muerte. La receta y las fotos las tendras por aqui muy pronto.
Leche de coco casera
Ingredientes
El coco que quedo después de hidratarlo lo use para hacer unos bombones de coco que quedaron de muerte. La receta y las fotos las tendras por aqui muy pronto.
Leche de coco casera
Ingredientes
Opción 1 (yo la uso para curry)
100 gramos de coco rallado
100 gramos de agua
Opción 2 (para beber)
100 gramos de coco
Opción 2 (para beber)
100 gramos de coco
150 gramos de agua
Preparación
Pon en remojo el coco rallado con el agua, cubre el recipiente y déjalo en remojo al menos 2 horas. Bate la mezcla y cuélala después con una malla bien fina, o una muselina si prefieres. Ponla en botellas y conserva en el frigorífico unos 3 o 4 días.
Preparación
Pon en remojo el coco rallado con el agua, cubre el recipiente y déjalo en remojo al menos 2 horas. Bate la mezcla y cuélala después con una malla bien fina, o una muselina si prefieres. Ponla en botellas y conserva en el frigorífico unos 3 o 4 días.
No deseches el coco que has usado. Lo puedes usar en otras recetas como siempre.
Guacamole
Hace un porrón de años, una compañera del trabajo me invitó a cenar y preparó guacamole casero. Por aquel entonces ni siquiera era fácil encontrarlo envasado en España, así que a mí ese suyo casero me pareció una autentica revelación.
No la conocía demasiado, pero antes de marcharme le pregunte como lo había hecho. Después de hacerse un rato la interesante me confesó entre risas que no había usado más que aguacate y un sobre de especias preparadas para guacamole. Te puedes imaginar el anticlímax. No la tenía por una gran cocinera, pero eso era jugar con dados marcados. Además, aquello hizo que pensara durante mucho tiempo que el guacamole era algo que se comía en los restaurantes mexicanos, pero que era imposible de preparar en casa: Solo se podía hacer con esos sobrecitos mágicos.
Sí, no sé qué clase de mezcla pensaba que hacía falta, o qué extraña combinación de ingredientes imposibles de conseguir creí durante años que había que usar, pero no me animaba a hacerlo.
Hasta que probé y ya no hubo vuelta atrás. La verdad es que no sé cuánto hace que no compramos guacamole envasado. Y es tan fácil, tan básico y hay una diferencia tan bestial con el comprado que no sé cómo todavía no había compartido aquí la receta más fácil del mundo mundial para hacer guacamole.
Una pista: el mío no lleva el sobrecito mágico!
Guacamole
Ingredientes
2 aguacates maduros
1 lima (o limón)
1 tomate
Salsa Tabasco
Comino en polvo
Sal
Preparación
Limpia los aguacates, y saca su carne. Aplasta con un tenedor, rocía con el zumo de lima o de limón para que no se oxide. Añade el tomate cortado en daditos pequeños (si quieres, añade también un poco de cebolla, a tu gusto). Dale un golpe de Tabasco, (o de cayena en polvo) otro de comino y rectifica de sal. Mezcla bien aplastando todo con un tenedor y sirve inmediatamente.
No sucumbas a la tentación de pasar la mezcla por la batidora para ahorrar tiempo. La gracia es que quede con textura y en la batidora te quedara un puré sin ninguna gracia.
Mostaza casera
La mostaza me gusta mucho. Supongo que, en linea con los sabores acidos que me encantan, no es una sorpresa. Me gusta tanto que he llegado a tener cuatro tipos distintos de mostaza en casa al mismo tiempo, sin darme ni siquiera cuenta. Ahi fue cuando empece a pensar que lo mio era un poco fuerte con esta salsa. Desde que mi hermana mayor me descubrio la mostaza francesa cuando yo era una enana, hasta las mostazas dulces nordicas o la mostaza inglesa, fuerte y picante, pasando por la mostaza a la antigua, la mostaza de Dijon, o las salsas americanas, soy una fan total. Y en eso estaba sin haberme dado nunca cuenta de que se puede hacer mostaza en casa.
BOOM
COMO TE QUEDAS?
No se me habia ocurrido semejante cosa. Asi que te puedes imaginar como lo flipe cuando vi que se puede hacer en casa, que es superfacil, que aguanta bien en el frigo varias semanas y que esta receta maravillosa la compartia Laura Lopez Mon (@laura.lopez.mon en Instagram).
Asi que pense que habia que hacerla sin falta.
Y la hice.
Y resulta se puede hacer en casa
Y resulta que sale genial
Y ya no volveras a comprar mostaza comercial despues de probar esta.
EN SERIO.
Mostaza casera
Ingredientes
50 gr de semillas de mostaza
1/2 cucharadita sal en escamas
1/4 cucharadita cúrcuma molida
1 pizca pimentón dulce
1/2 diente ajo
80 ml vinagre manzana
80 ml agua mineral
Preparacion
Poner en un cazo las semillas de mostaza, la sal, la cúrcuma, el pimentón y el ajo; añadir el vinagre y el agua. Llevar a fuego medio removiendo durante 10-12 minutos. Retira
del fuego y tritura con un un robot de cocina o una batidora hasta que quede una salsa fina. Si te gusta la mostaza a la antigua puedes separar una cucharadita de las semillas antes de batirlo y anadirlas luego, o dejar la salsa menos triturada, de manera que se noten los granos de mostaza ligeramente.
Conservala en un tarro hermético en el frigorífico y consume en las siguientes 3 semanas.
Sirope de chocolate
Nunca compro sirope de chocolate, pero tampoco lo había preparado nunca en casa. Sabía que era sencillo -muy sencillo, en realidad- pero hasta ahora no lo había hecho casero. Lo quería usar para otra preparación y tenía el recuerdo de haber visto hace tiempo que en realidad no es más que un caramelo ligero al que se le añade chocolate o cacao, así que recordaba que era fácil. Pero no me imaginaba que fuera tan fácil y que el resultado fuera tan espectacular.
La verdad es que casi me da pudor publicar esto como una receta, porque es tan simple que apenas merece ese nombre, pero como me resulta muy útil tener todas las cantidades y medidas en un solo lugar para volver luego a ellas, es mejor incluirla aquí. Estoy segura de que la voy a repetir.
Seguramente en otro momento ni me habría planteado si tiene sentido publicar esto, pero acabo de terminar de ver una temporada de MasterChef Australia y después de eso, cualquier cosa resulta bastante simple. Creo que ya lo he dicho antes, pero la versión australiana de este programa es para mí la mejor que conozco, y de lejos, si te gusta la cocina. No es solo un espectáculo televisivo, es que el nivel de los concursantes, de las pruebas, el tipo de cocina, y la dinámica son bestiales. Y sobre todo, me ha resultado de lo más inspirador. Llevaba una temporada con pocas ganas de cocina, y ha sido ver esta serie y volver a cogerle el gusto. Y ya ves, después de esa locura voy yo y me pongo a hacer sirope de chocolate…
Sirope de chocolate
Ingredientes (para unos 250 ml)
200 g de azúcar moreno
90 g de cacao puro en polvo sin azúcar
250 ml de agua
1 cucharadita de esencia de vainilla
Preparación
Calentar el agua y el azúcar a fuego medio hasta que se disuelva el azúcar. Añadir el cacao y la vainilla y mezclar con unas varillas para evitar que se formen grumos. Dejar en el fuego unos cinco minutos más, hasta que la mezcla comience a espesar ligeramente; espesará más en frío.
Déjalo enfriar por completo, a temperatura ambiente, antes de usarlo. Una vez frio, ponlo en un recipiente hermético y guárdalo en el frigorífico. Se conserva muy bien durante bastante tiempo.
Salsa romesco
Tenia muchas ganas de hacer salsa romesco en casa. Para cualquiera que seais de zona de calcots esto os parecera una tonteria bastante grande. Pero para una que solo la ha tomado un par de veces, tiene parte de gracia, la verdad. Mi idea ademas, era usarla no tanto para untar calcots, que os aseguro que por aqui no se encuentran, sino dejarla algo menos ligera y usarla para acompanar otros platos. Casi, casi, como usamos el pesto en casa: desde con verduras o pasta hasta en ensaladas o sandwiches. Si, ya se que esto es una herejia en toda regla para los puristas. Pues que no lo llamen romesco y a otra cosa. Yo prefiero adaptar y usar y disfrutar, y mezclar y ya esta. En cualquier caso, esta es la receta que hemos usado y queria tenerla en el blog para volver a usarla. Llamala como quieras, pero es una salsa muy versatil, sabrosa y perfecta para acompanar verduras asadas, pescado y casi casi lo que tu quieras.
Salsa romesco
Ingredientes
1 ñora
4 tomates maduros
1 cabeza de ajos
1 vaso de aceite de oliva
150 gramos de almendras
1 rebanada de pan duro (o de pan frito)
Preparacion
Poner la ñora en remojo la noche anterior. Quitar el rabo a los tomates y hacer un corte en forma de cruz en la base opuesta. Poner los tomates y la cabeza de ajos con un chorrito de aceite y sal a asar al horno a 180º unos 30 minutos. Saca la pulpa de la ñora o del pimiento que utilices con una cucharilla y pona en el baso del robot de cocina o la trituradora que vayas a usar. Añade el pan frito y las almendras. Una vez listos los ajos y los tomates, quítales las partes quemadas y la piel, y pon todos los tomates y al menos tres dientes de ajo (con una cucharilla saca toda la pulpa y el jugo y añádelo a la mezcla anterior). Agrega medio vaso de aceite y tritura bien, hasta conseguir la textura deseada, añadiendo más aceite, al gusto. Prueba y rectifica de sal si fuera necesario.
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