06 julio 2015

Polos de yogur y frambuesa

Está claro que os estáis muriendo de calor, así que hace falta imperiosamente una receta refrescante y rápida que os baje algo la temperatura.
Y os hablo a vosotros, porque en esta parte del mundo seguimos sin pasar de los 20 grados. Incluso cuando esperábamos una ola de calor (sí, os podéis partir de la risa, directamente, que aquí con 27 grados estamos que nos morimos), parece que la ola se la va a llevar toda Inglaterra para hacer sudar a base de bien a los pobres tenistas que estos dias están en Wimbledon.
En serio, para que os hagáis una idea, lo que se toma en Wimbledon son fresas con nata.


Fresas con nata
en julio
y nadie se intoxica porque la nata esté en mal estado,
y nadie compra fresas de importación.
Estamos en temporada de fresas y de todas las bayas rojas.
Y esto para mi sigue siendo chocante.
Yo sigo siendo muy mediterránea. Del interior, del valle del Ebro, con un calor en verano que es insorportable y un frío en invierno que para si lo querrían en las estaciones de esquí gracias al cierzo que te quita la tonteria a las primeras de cambio, y que para los que no sois de la zona, no es vient: En Zaragoza no hace viento, hace aire. Hace tanto aire que incluso puedes encontrar la que debe de ser la única estación de trenes cubierta del mundo con cierzo interior.
Pero dejando a un lado todo eso, a lo que iba, que toda la vida pensé que la temporada de fresas se reducía a un par de semanas en mayo, porque a renglón seguido pasamos de 30 grados y seguimos así hasta casi octubre, y resulta que aquí no. Aquí la gente cuqui se va a ver Wimbledon y a tomar fresas con nata. 
A mí es que Londres me queda un poco a desmano ahora mismo, y lo de ser cuqui y tener entradas para Wimbledon, bastante más, así que en su lugar, en cinco minutos preparé estos politos, para quitar el calor de un plumazo sin miedo a que la nata se os estropee con la temperatura. 
Feliz verano



Polos de yogur y frambuesa

Ingredientes (para 6 unidades)
500 gramos de yogur natural entero o desnatado a tu gusto
2 cucharadas soperas de azúcar (o edulcorante al gusto)
Unas frambuesas (frescas o congeladas)

Preparacion
Mezcla el yogur con el azúcar o edulcorante, y llena los moldes de polo hasta la mitad aproximadamente. Pon unas frambuesas en cada molde, termina de rellenar con el resto del yogur y añade los palos. Lleva al congelador al menos 4 horas, mejor si lo dejas de un día para otro.



23 junio 2015

Espirales de vainilla y chocolate



 El otoño pasado estuve en un show de cocina de los que hacen por aquí. Básicamente consisten en una feria a la que traen a los cocineros que ves en la tele para que vendan sus libros/cazuelas/comida preparada (pon aquí el producto que te apetezca, que fijo que lo venden). Fue divertido para probar, pero yo que soy una completa romántica, llevo fatal todo este rollo en el que siempre hay alguien colocándote algo, vendiendo y haciendo caja. Y hoy son los más apasionados de la comida sana y mañana juran sobre el recetario lleno de grasas saturadas de la abuela, y pasado son expertos en el pan casero, y juran por la memoria de la abuela que nunca les pasó las recetas que no hay nada como hacer tu propia masa madre, para luego intentar venderte en el supermercado su propia marca de pan precocinado, por decir algo.




Pero bueno, como ya todo esto es lo normal, y una termina por acostumbrarse a todo antes o después, pues también me lo pase bien en el show, e incluso compré un libro de Rachel Allen, que me lo firmó. Estuvo encantadora y simpática todo el rato, y yo había tenido su libro en la estantería todo este tiempo sin terminar de animarme a hacer nada. Por fin, hace unos días me decidí a probar con esta receta de galletas de dos colores, que básicamente son una variante de las galletas de mantequilla.
Estas galletas son bonitas, están ricas, no son difíciles, y se pueden tener preparadas en el congelador (si tienes espacio) y hornearlas justo en el momento de comerlas. La vainilla y el chocolate son una combinación clásica que funciona siempre en repostería. Estas galletas, además quedan preciosas. Merece la pena probarlas,  e incluso doblar las cantidades, congelarlas y tenerlas para hacerlas, listas en un momento. Así que, gracias, Rachel, por publicar recetas tan resultonas.








Espirales de vainilla y chocolate
Ingredientes
150g gramos de mantequilla, ablandada
110g azúcar
1 huevo
Azúcar glass, para decorar

Para la parte de vainilla
2 cucharaditas de extracto de vainilla
1/4 cucharadita de levadura de repostería
150g de harina de repostería

Para la parte de chocolate
35g de cacao en polvo
115g de harina de repostería
1/4 cucharadita de levadura de repostería

Preparación 


Prepara dos bandejas con papel de horno. Mezcla la mantequilla con el azúcar y bátela con las varillas hasta que blanquee, y esté ligera. Añade entonces el huevo y sigue batiendo para integrarlo. En este momento, reparte la mezcla en dos boles. Debería haber unos 160 gramos de mezcla en cada bol. Añade en uno el extracto de vainilla, la harina tamizada y la levadura, y mezcla hasta tener una masa suave. 
En el otro bol tamiza el cacao, la harina y la levadura. Mezcla también hasta tener una masa suave. 
Espolvorea las dos bandejas preparadas con un poco de azúcar glas. Extiende cada bola de masa en una de las bandejas, hasta tener dos rectángulos de 20 x 30 cm. Los dos deben ser iguales. Espolvoréalos con azúcar glas. 
Pon la capa de chocolate encima de la vainilla y enróllalas juntas. Envuélvelas con el papel y ponlas en el frigorífico a enfriar al menos 15 minutos (puedes guardarlas en frío hasta una semana y hacerlas cuando quieras).
Precalienta el horno a 180º. Corta la masa en rodajas en unos 8 mm de grueso. Hornea unos 15 minutos, hasta que estén doradas por fuera y justo empiecen a estar secas al tacto. Deja enfriar por completo en una rejilla.
 
 
 

29 mayo 2015

Estofado de setas con puré de patatas

Os contaba que cuando una cambia de ciudad cuesta encontrar de nuevo las tiendas favoritas en las que comprar ropa sabiendo que vas a encontrar lo que te gusta. Y para muestra un botón. Hace un par de semanas entré en una de estas tiendas. Es una cadena con tiendas en cada centro comercial -nada especial.  De hecho, casi nunca encuentro nada que me guste, pero por los motivos que fueran volví a entrar en la tienda. No vi absolutamente nada que me apeteciera probarme, mucho menos comprar. Así que hice lo que haría cualquiera en esta situación: coger unos vaqueros, por aquello de que nunca se tienen suficientes vaqueros, y que no sé que arrebato de probarme algo me dio en aquel momento, como para demostrarme que el viaje no había sido completamente inútil. 
Los vaqueros era ajustados y con algo de fibra elástica, lo cual suele estar bien porque ayuda a que queden en su sitio. Así que inocentemente esperanzada cogí lo que vendría a ser el equivalente de mi talla, pero en versión inglesa. Me fui al probador y me pareció que los pantalones no estaban mal, pero la talla me quedaba algo grande -lo cual me dio una cierta alegría , porque aunque ya soy mayorcita para comprar lo que me queda bien, sea la talla que sea, tampoco soy inmune a la idea de que estaría mejor con algo menos de peso y todas esas cosas. Así que tuve que salir a buscar una talla menos, encantada de que fuera una menos y no una más. Volví al probador, y el nuevo pantalón estaba mejor, pero seguía sin ser mi talla. Ahora ya estaba en una talla menos de mi talla habitual. Y ya no era normal que me quedara holgado. Pero lo mejor es que tuve que salir todavía dos veces más. Al final, el que me iba bien era cuatro tallas más pequeño que la talla que suelo llevar. 
Para cuando llegué a esa talla ya no sabía si quería o no el pantalón (otro vaquero? en serio eso era todo?) sobre todo de una marca que hacía el tallaje con los ojos vendados, o que en el mejor de los casos tiraba las etiquetas encima de los pantalones, y las cosía como caían. 
Y entonces pensé que no podía volver a una tienda que o no tenía idea de las tallas estándar, o estaba usando ese truco de cambiar las tallas para darte la alegría sicologica de haber bajado de talla. En cuanto lo pensé un segundo me repateó bastante la idea de que me estuvieran tratando como a una imbécil que piensa que cambiar la etiqueta cambia la realidad. Porque os aseguro que después de probarme el segundo pantalón la cosa perdió toda la gracia. 
Así que esta tienda ya se ha quedado fuera de mi recorrido. Bueno, las cosas que tienen de accesorios para casa y la ropa de niños no están mal, pero la sección de mujer ahora me parece un chiste.
En fin, como llevo una temporada venga a publicar postres y recetas hipercalóricas y he hecho algunas otras que quiero subir pronto al blog -quería aprender algunas cosas de pastelería, qué le voy a hacer-, me tocaba ya hacer algo más sensato, y además, esta vez, vegetariano. 

No vayáis a pensar que ahora nos estamos hinchando en casa a postres y repostería. Es que como ahora publico tan de tanto en tanto, para cuando puedo cocinar me apetece seguir aprendiendo técnicas de repostería, que hacía tiempo que no le había dado un empujón al asunto. Y como en el trabajo están encantados de que siga practicando, no tengo mucho problema. 
La otra cosa es que me interesa tener aquí las versiones de las recetas que a mí me han funcionado, porque cuando las necesito quiero tener la versión exacta que yo usé y que me salió como yo quería. 
Total, que esta es una versión de una receta que encontré en una revista de cocina de aquí. El concepto no puede ser más simple, es un estofado con todo el sabor intenso de un buen estofado. Pero es un estofado sin carne. ¿Y eso cómo se  hace? Pues usando como ingrediente principal setas y hongos. 
A mí me parece que merece muchísimo la pena probarlo, y desde luego que es un plato que merece la pena hacer en bastante cantidad. Yo quiero probar un par de variantes (añadirle tofu, o berejenas en tacos) para hacerlo algo más consistente y hacer felices a mis amigos -vegetarianos y no vegetarianos- cuando vengan a cenar a casa. 
Yo os aseguro que tanto con mi talla de siempre como con otra estoy encantada de descubrir platos que funcionan tan bien y son tan redondos.




Estofado de setas con puré de patatas

Ingredientes (4 personas)
50 gramos de porcini desecados
300 gramos de champiñones pequeños (para cocinar enteros)
4 chalotas
2 dientes de ajo
125 ml (medio vaso) de vino tinto
2 cucharadas soperas de vinagre balsámico
6 cucharadas soperas de salsa de tomate casera
1 pizca (1/4 de cucharadita) de canela en polvo
1 pizca (1/4 de cucharadita) de comino en polvo
Aceite de oliva
Sal

Para el puré de patatas
4 patatas
Sal
1 cucharada de mantequilla o aceite de oliva (opcional)
1 chorrito de leche


Cubrir los porcini desecados con agua hirviendo al menos 10 minutos. Mantener en el agua hasta el momento de usarlos.
Poner las chalotas cortadas en tiras finas en una sartén con un par de cucharadas soperas de aceite. Añadir sal y dejar caramelizar a fuego muy bajo durante unos 20 minutos, removiendo de vez en cuando, para que se caramelicen, pero no se quemen.
Retirar las chalotas, y en la misma sartén, saltear dos dientes de ajo laminados con los champiñones enteros a fuego fuerte. Añadir aceite si es necesario.
Añadir las chalotas caramelizadas de nuevo, más el vino tinto y dejar reducir, a fuego medio, hasta la mitad de su volumen, unos 5 a 8 minutos.
Añadir los porcini, con medio vaso del líquido de rehidratarlos (bien colado para que no queden restos terrosos), 2 cucharadas soperas de vinagre balsámico y 6 cucharadas soperas de salsa de tomate casera (o tomate frito o 3 cucharadas de tomate concentrado), 1 pizca de canela y 1 pizca de cominos en polvo. Cocinar 1 hora a fuego medio- bajo.
Hacer un puré cociendo 4 patatas hermosas en abundante agua salada unos 20-25 minutos, hasta que se aplasten fácilmente con un tenedor. Pasarlas por el pasapuré y añadir una cucharadita de mantequilla o aceite si se quiere, y un chorrito de leche para darle cremosidad.
Servir el puré acompañanado al ragout de setas y decorar con unas hojitas de perejil.