El brownie de chocolate es una de las primeras cosas que aprendí a hacer cuando todavía no sabía cocinar. El brownie le gusta a todo el mundo y es tan fácil que ni siquiera te hace falta saber nada de cocina para que te queden perfectos. Si tienes la receta adecuada, claro. 
Esta es la que he estado usando los últimos años. Es de lo más sencillo, sale perfecta, y no necesitas complicarte para darte el gustazo de tener los mejores brownies de chocolate en un momento. De hecho, estos a los que he hecho las fotos los hizo mi hija sin ningún problema.   Esta es una de las recetas que más me gustan, de un libro que tiene ya unos años, “Chocolate”, de Julie Andrieu; pero que es una auténtica maravilla si, como a mí, te encanta  el chocolate pero no te interesa hacer virguerías de alta pastelería. Todas las recetas son perfectas, salen a la primera y tienen las complicaciones justas. No sé si sigue a la venta, pero de verdad que vale muchísimo la pena si lo encuentras.

 Esta receta está inspirada, con mínimos cambios, en la del libro, porque llevo una temporada en la que quiero  publicar esas recetas  que uso a menudo, a las que vuelvo una y otra vez y que tengo dispersas en un montón de libros, revistas y notas varias.




Brownie de chocolate

Ingredientes

3 huevos grandes

200 gramos de chocolate con un 60 o 70% de cacao

200 gramos de mantequilla (+15 para el molde)

200 gramos de azúcar

1 cdta de extracto de vainilla

80 gramos de harina tamizada


Preparacion

Precalentar el horno a 200 grados y colocar una rejilla a media altura. Untar con mantequilla un molde cuadrado de unos 20 cm de lado. Poner el chocolate troceado a fuego muy lento o al baño María. Cuando empiece a derretirse, remover suavemente con una espátula. Cuando este derretido, añadir la mantequilla cortada en dados. Mezclar hasta que la mantequilla este incorporada al chocolate.

Batir los huevos con el azúcar. Anadir poco a poco la harina tamizada y por último el chocolate. Verter en el molde y llevar al horno unos 20 minutos. Servir como mínimo una hora después de la cocción. 



Hacía tiempo que no preparaba una empanada. Y eso que hacía tiempo que quería tener la receta en el blog, porque hace años que uso esta misma receta pero aún no la había publicado aquí. De hecho, acabo de darme cuenta de que llevo 20 años usando esta receta, porque es de uno de los primeros libros de cocina que compré y que todavía conservo. En realidad, fue un libro que publicó El País  como coleccionable, por capítulos y que enseñaba técnicas básicas de cocina. Me parece que en estos 20 años no he hecho ninguna otra del libro, pero se ha movido conmigo en todas mis mudanzas solo por ésta. Tal vez ahora que estará publicada online ya no tengo motivos para conservar las otras 300 páginas, quien sabe.
Aquí en el UK, cada año a finales de agosto empieza el Great British Bake Off. Este año mis hijas están aún más interesadas que yo, y cada semana me han ido pidiendo que hagamos durante el fin de semana algo de lo que han preparado en el programa. Esta semana eran “pies” y ellas inmediatamente me dijeron que no querían pies de carne al estilo ingles – en lo que les alabo el gusto, la verdad, yo tampoco les pillo la gracia- sino que me recordaron que hacía mucho que no hacíamos empanada. Así que este fin de semana he vuelto a prepararla y ya me he venido arriba y he seguido con otra de las recetas del programa, los pasteis de nata, porque no los había hecho nunca en casa y tampoco había publicado la receta de hojaldre que suelo usar cuando hago hojaldre casero. Pero eso está en proceso, y si sale bien será el contenido de otro post, así que ya veremos. Mientras, ya veis lo influenciables que somos por estos pagos, nos basta un programa de televisión en horario de máxima audiencia del que está hablando todo el mundo (algo así como master chef pero en panadería y pastelería) para ponernos manos a la obra. La verdad es que me hacía falta, porque un montón de veces antes he hecho esta empanada para acabar pensando que tengo que publicarla en el blog la próxima vez que la preparara.
Esta parece que, por fin, ha sido la próxima vez, y quien sabe, igual ahora ya yo me hace falta el libro de las técnicas de cocina de El País.


 






Empanada de atún

Ingredientes
350 gramos de harina de todo uso
150 gramos de aceite de oliva
150 gramos de agua
1 cucharadita de pimentón dulce
1 cucharadita de sal
1 huevo

Relleno
3 latas de atún
1 huevo duro picado
4-5 cucharadas de salsa de tomate (yo use tomate frito casero, pero puedes usar cualquiera)

Preparación
Poner en un cuenco la harina con el pimentón y la sal. Calentar el aceite hasta que empiece a humear, retirarlo del fuego y añadir de golpe la harina. Mover y agregar el agua.
Espolvorear la mesa de trabajo con harina y trabajar la masa. Formar una bola y dejarla enfriar tapada con un paño húmedo.
Escurrir bien el atún y mezclar con el huevo cocido y la salsa de tomate hasta mezclarlo, evitando que la mezclar quede muy líquida  (mejor añadir la salsa de tomate poco a poco).
Engrasar y enharinar un molde de 24 cm de diámetro, mejor si es desmoldable. Separar un tercio de la masa y tapar de nuevo con el paño húmedo. Extender el resto de la masa sobre una superficie enharinada, procurando que quede muy fina, y forrar el molde.
Echar el relleno en el molde; extender la masa reservada y cubrir con ella la empanada. Adornar con los recortes de masa que hayan quedado. Sellar el borde de la empanada apretando el borde para que cierre bien. Pintar la empanada con huevo batido, abrir un agujerito en el centro, y cocerla en el horno precalentado a 180 grados durante 40 minutos.






  
Sigo sin desayunar porridge a pesar del tiempo que llevo viviendo en Irlanda del Norte. De hecho, es de esas cosas que ni siquiera me apetece probar. La idea en sí me resulta de lo menos apetecible. Esa textura pastosa y húmeda, indefinida, de gachas, me da una pereza enorme. No importa cómo lo quieras adornar: con miel, con frutas, con yogur… yo no puedo con esas texturas blanduzcas, nunca he podido con ellas. Hay algunas cafeterías que tienen varios tipos de porridge en su carta para el brunch. Yo sigo sin entenderlo, la verdad. ¿Por qué alguien desayunaría eso voluntariamente? 


Lo que sí que hago más a menudo es mi propia granola casera. Más que nada porque así puedo controlar lo que lleva, sin más ni menos de lo que me apetece ponerle. Además, se hace en un momento y sale perfecta. Había compartido esta receta en instagram antes, pero no la tenía en el blog, así que necesitaba tenerla, porque ha estado rodando por casa en distintos formatos: post-its, papel, en las notas del teléfono… pero al final, si la tengo en el blog sé que es la versión “definitiva” y siempre puedo volver a ella. 


Como todo, esta es la versión que a mí me funciona bien, a la que le tengo cogido el punto, pero con esta receta como base podéis añadirle casi cualquier combinación que se os ocurra. Mis únicas recomendaciones son que seáis prudentes con el dulce si le añadís frutas desecadas y que si queréis añadirle chips de chocolate lo hagáis una vez este fuera del horno y fría. Por experiencia os digo que el chocolate se quemará y amargará terriblemente.  


Granola 
Ingredientes
2 tazas de copos de avena
2 cucharadas soperas de agua
2 cucharadas soperas de Golden syrup
2 cucharaditas de semillas de lino
1 cucharadita de canela en polvo
Frutas desecadas al gusto (yo le añado un par de cucharadas generosas de un preparado que lleva coco y plátano desecados, pasas, nueces pacanas y viene listo tal cual) 
Frutos secos o semillas, tostados pero sin sal ni piel (pipas de calabaza y girasol, avellanas, almendras, nueces, al gusto)



Preparación
Precalentar el horno a 150 grados.
Poner a avena en un bol y mezclar con el agua y el syrup, repartiendo bien la humedad por todos los copos de avena. Añadir el lino y la canela y mezclar bien de nuevo. Poner en una bandeja de horno o en una fuente refractaria, de manera que forme una sola capa. Llevar al horno 15 minutos. Pasado ese tiempo, sacar del horno, remover y mezclar de nuevo, para que se termine de hacer de manera uniforme y llevar al horno otros 15 minutos. Dejar enfriar y una vez fría, añadirle frutas desecadas y frutos secos o semillas al gusto.   





En el tiempo que llevo viviendo en Irlanda del Norte, es la primera vez que me quedo aquí para, como ellos llaman, el "twelfth", o el sarao salvaje que montan aquí el 12 de Julio. Para los que no estais demasiado familiarizados con los detalles de esta bendita isla, se trata de una excusa para que una parte de la comunidad le toque las narices a la otra parte. Y como descerebrados los hay en todas partes, y normalmente unos son los que sujetan el arbol y otros los que atizan las ramas, pues se suelen montar unas batallas campales dignas de otros tiempos, con hogueras de metros de altura y disturbios varios amparados en excepciones culturales algo mas que discutibles. Pero que sabre yo, a fin de cuentas.
En fin, que hoy el jefe supremo en un acto de generosidad de los que se le conocen pocos, va y nos dice que podemos salir a las 4 por aquello de no encontrarnos con lio al volver a casa, y eso me ha hecho recordar todo el sinsentido del proximo par de dias. 
Hace mucho que no contaba gran cosa en el blog. 
Hay unas cuantas novedades recientes. La principal, que nos hemos mudado y ahora estamos en una casa que desde que cruzamos por la puerta empezamos a sentir como un autentico hogar. Y eso es algo que me gusta, que me gusta mucho. La casa no necesita mucho arreglo, pero la mudanza es aun reciente y todavia vivo rodeada de cajas. 
Ademas del hecho de que estoy muy contenta con la casa en si, hay dos cosas que me gustan especialmente. La primera es que por primera vez voy a tener un estudio. Una habitacion entera para mi y mi blog, y mis fotos, y mis props, y mi vajilla, y demas. Esta al lado de la cocina, es pequenita, y aun tengo que ver como trabajar con la luz que tengo, y demas. Hay mucho mas, pero solo por esto ya mereceria la pena todo el tiempo que nos ha costado encontrar esta casa. El otro detalle es que he encontrado este horno en la casa. Y aunque hace anos que no cocinaba con gas, y al principio pense en cambiarlo, me esta gustando mucho, mucho, mucho. Pero mucho, mucho. Vamos, que me gusta, por si no habia quedado claro.

Por el momento no he tenido tiempo de casi nada. La mudanza fue algo accidentada, porque como casi siempre, todo pasa al mismo tiempo, y tuvimos un pequeno contratiempo que dejo a mi marido fuera de juego unos dias, justo los mismos dias que teniamos a los operarios desmontando muebles en una casa y moviendolos a la otra. Afortunadamente, nada serio, pero por mas que intentes planificar las cosas, al final hay que seguir adelante con lo que hay. Yo  habia reservado un par de dias libres para mudarnos, pero incluso con eso, todavia seguimos con algunas cajas y cierta provisionalidad en algunas de las cosas, con esa sensacion de poner algo en un sitio a la espera de ver si es la mejor opcion, porque yo necesito vivir un poco la casa para ver si realmente las cosas estan donde tienen que estar.
De todos modos, sin ser una pro en esto de las mudanzas (tengo amigas que han vivido bastante mas que yo), tampoco me pilla de nuevas, y aunque sea darme palmaditas en la espalda yo misma (total, quien me las va a dar si no?) debo decir que esta vez he hecho un muy buen trabajo. Como en todo, en esto tambien la experiencia es un grado. Y yo os aseguro que ya voy teniendo algo de experiencia en esto. 

Bueno, el trabajo sigue a toda pastilla, requiriendo mucho mas de mi de lo que me gustaria y de lo que querria darle, he estado mucho tiempo sin poder hacer gran cosa, ni en la cocina ni en el blog, pero tenia esta receta que -aunque las fotos son bastante tristes- vale la pena probar, de verdad. 

Habia visto esta receta en el blog Kitchen Konfidence hace algo asi como un ano, y aunque las fotos que la acompanan me encantaron, confieso que yo tambien levante la ceja izquierda (que es la unica que yo puedo levantar cuando algo no me convence, a diferencia de mis dos mini-yos, que pueden mover indistintamente una u otra y no se como lo hacen las tias); pensando algo asi como: si, si, muy bonito, pero esto no puede estar bueno. 
Y como tengo la cabeza dura (una que yo conozco diria que como un baul, pero no vamos a entrar en detalles, verdad, mami?), pues tenia que probarla en algun momento. 
Si llega el caso, repetire fotos, pero no queria dejar de compartir esta receta, porque de verdad que vale mucho, muchismo la pena y es perfecta y sorprendente si quieres una pizza algo diferente, vegetariana, o simplemente, comer algo rico. 

Una penita de fotos, como dije, pero esta pizza merece estar en el recetario, porque la voy a repetir seguro y no quiero tener que andar buscando esa receta que salio tan rica y que con las mudanzas, las prisas y todo lo demas, no se donde esta. Ahora si, ya esta en el blog. Y repetire. Fijo.







Ingredientes


    1 calabacín

    3 dientes de ajo, 1 rallado o picado, 2 en rodajas finas
    Sal

    Aceite de oliva
    1 bola de masa de pizza  (Yo hago la masa de pizza casera, porque no me da ninguna pereza, asi controlo lo que pongo y nos encanta, pero puedes usar masa comercial si prefieres (cocinillas descarriada!)
    Queso mozzarella
    1/2 limón pequeño, partido por la mitad a la mitad, cortado en rodajas finas
    Queso de cabra, desmenuzado
    1 y 1/2 cucharadas de cebollino picado
Preparacion

Corta el calabacín por la mitad longitudinalmente, y luego, cada mitad en lonchas finas, haciendo medias lunas. En un bol, mezcla el calabacín con 1 diente de ajo rallado y 3/4 cucharadita de sal. Pon el calabacín en un colador y deja escurrir una media hora, removiendo de vez en cuando.  Seca el calabacín entre papel de cocina para quitar el exceso de humedad, y reserva el calabacín seco.

Precalienta el horno a 220 y pon una rejilla en la posición más baja posible. Cubre ligeramente la placa de la pizza con un poco de aceite, estira la masa de la pizza, anade un poco de aceite de oliva, espolvorea ligeramente con sal, anade la mozzarela, los 2 dientes de ajo en laminas finas, el calabacín, el limón y el queso de cabra. Rocia de nuevo con un poco de aceite de oliva.
 

Pon la pizza en la rejilla mas baja del horno precalentado y cocina hasta que la corteza este dorada y el queso se derrita y burbujee, unos 9 a 11 minutos. Sirve con el cebollino espolvoreado.

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