11 noviembre 2014

Ensalada de queso y nectarinas al grill con frambuesas



Nunca parece haber suficiente tiempo para todo lo que quiero hacer a lo largo del día. Seguro que no es solo problema mío: demasiadas cosas que querría hacer y el día, por más que me empeñe, sigue teniendo solo 24 horas. Llevo semanas queriendo publicar esta receta, pero por una cosa o la otra ha ido quedándose un día tras otro en mi lista de cosas por hacer. Puede sonar raro ahora lo de usar nectarinas. Eso os dará una idea de que hice esta receta a finales de verano, con las nectarinas todavía en su mejor momento. 
 
Puedo decir en mi descargo, sin embargo, que para el último par de semanas tengo una excusa perfecta. Escribiré una entrada con todos los detalles, pero no puedo contároslo todo, al menos, hasta el sábado, 15 de noviembre, cuando la gala de entrega de premios de  Easy Cook Home Cook Hero   se emita en  TV3 Ireland a las 1.40 de la tarde. Y es que hace un par de semanas me dijeron que una de mis recetas había sido elegida para participar en la final de este concurso de cocineros aficionados que organiza esta revista irlandesa. 
 


Como os podéis imaginar, el último par de semanas ha sido una locura, probando y repitiendo pruebas con la receta hasta conseguir que saliera siempre, consistentemente igual. No me quejo en absoluto. De hecho, no puedo más que dar las gracias a la revista y a todo el equipo que organizó por la mañana la competición, y por la noche la cena de gala para la entrega de premios. No os imagináis lo divertido que fue vivir esta experiencia.
Así que os prometo todos los detalles muy pronto, pero entretanto, dejadme volver a esta ensalada.
Me encantan las frutas rojas. Me gusta su ligera acidez, ese punto de gracia que le dan a los platos salados. Había visto algo parecido a esta ensalada en una revista de cocina australiana, y con eso como idea inicial decidí mezclar un par de cosas a ver qué salía. Al final, hice esta ensalada para una cena con amigos en casa. Me encantó el resultado, y a mis amigos también (o eso dijeron ellos, claro).


En definitiva, no es más que una ensalada, un entrante bastante típico para una cena, pero te aseguro que no es una ensalada cualquiera. La combinación de la nectarina al grill, con sus jugos caramelizados, el queso de cabra caliente, a punto de derretirse, y la acidez afrutada de la vinagreta de frambuesas hace de esta ensalada un plato genial, un auténtico plato ganador. La mezcla de sabores, texturas, y el contraste de temperatura hacen de esta una ensalada muy especial.
Así que disculpas de nuevo por mi retraso  al publicar esta receta. Ahora ya la tenéis lista para cuando las nectarinas estén en temporada otra vez.



Y un pequeño truco por si no os apetece poner el horno para calentar el queso: usad una sartén con un poco de papel de hornear para conseguir un resultado similar.


Ensalada de queso y nectarinas al grill con frambuesas


4 nectarinas
Unas hojas de mezcla de lechugas crujientes
Un puñado de frambuesas frescas
Aceite de Oliva Virgen Extra
Vinagre de frambuesa  (o un vinagre suave de vino blanco)
Sal
Pimienta negra

Preparación

Yo no pude encontrar vinagre de frambuesa, así que lo prepare yo misma: Aplasta unas frambuesas con un tenedor en un bol, y añade 4 cucharadas de vinagre suave. Deja reposar la mezcla un rato antes de usarla. Puedes prescindir de este paso si encuentras vinagre de frambuesa o usar vinagre normal y saltarte este paso.
Calienta un grill a fuego fuerte y ponle unas gotas de aceite con un pincel de cocina o un spray. Cuando el grill esté muy caliente, pon las nectarinas, cortadas en octavos con su piel, y ásalas hasta que estén doradas.
Pon la lechuga, las nectarinas y unas frambuesas en los platos en que vayas a servir la ensalada, y salpimenta.
Prepara una vinagreta con 3 partes de aceite de oliva y 1 parte del vinagre de frambuesa y añádela a la ensalada.
Pon una sartén a fuego fuerte y pon papel de horno encima. Añade el queso y calienta hasta que empiece a coger temperatura y comience a derretirse. Ponlo encima de la ensalada y sirve inmediatamente.


01 noviembre 2014

The Food and Drink Show de Irlanda del Norte


El sábado me lo pasé como una enana. Este fin de semana se celebró aquí en Belfast, de viernes a domingo, el “Food and Drink Show Northern Ireland”. Como amante de la cocina, pasar un día ahí era un buen plan. Pero era todavía mucho mejor plan cuando descubrí que tenía dos entradas VIP esperándome porque había ganado un concurso en su “Baking Challenge”. Estos pasteles de chocolate, coco y frosting de mocca bien valían esas entradas, que incluían el acceso a una demostración de la chef-estrella Rachel Allen. Así que invité a mi amiga D. (que no tiene especial pasión por la cocina, pero es muy maja y le apetecía probar) y nos fuimos las dos a ver la feria, y a los chefs estrella. Además de a Rachel, también vimos la demo de John Torode, que es uno de los jurados de Master Chef en el Reino Unido, y super conocido aquí. 

Aquí os dejo un resumen en imágenes de lo que dio de sí el día, y algunas de mis impresiones. 






Pescado fresco en el puesto de Silver Fin






Tomatillos, de Love Olive, New Olive  Company.  Linda fue un encanto explicándome todos los detalles de su empresa, su producto -aceitunas y encurtidos que preparan ellos mismos con producto sobre todo, griego-. Están en el Norte, pero trabajan para toda la isla. Según parece, en el sur son más abiertos a probar nuevas cosas.  La conexión marllorquina también ayudó a que habláramos un montón. Su familia tiene restaurantes en Mallorca... ;-)
La moda de las cervezas artenasanas, igual que en todas partes, está también presente aquí. Las Belfast Craft Beer tenían esta pinta tan guay en el stand. Una pena que no había nadie a esa hora, y que era demasiado pronto para ponerse a catar cervezas. Pienso buscarlas, de todos modos, porque he oído mucho y muy bueno de ellas. 


El stand de Granny Braids, con fudges de distintos sabores. No soy demasiado golosa y el dulce aquí les gusta muy, muy, pero que muy dulce, así que todo muy mono, muy bien empaquetadito y eso, pero la verdad es que a mí no me termina de llamar la atención.

En este stand sí que me paré un rato. Irlanda sigue siendo fundamentalmente una isla rural, con muchas explotaciones familiares repartidas por todas partes. La producción se basa en pequeñas granjas y lo bueno de ferias como estas es que puedes ver productos que de otra manera no encuentras, porque, como en casi todas partes,  acceder a una distribución comercial masiva no es nada fácil. Lo que me llamó la atención de este puesto fueron los huevos de pato. Los de codorniz aquí también les llaman la atención, porque, como me explicó el vendedor, son más corrientes en la Europa "continental" - me sigue fascinando cada vez que escucho esto- , pero los de pato me parecieron algo exótico, así que compré media docena y ya os contaré qué tal me va con ellos. 




Estas son las chicas de Bite to Savour, una Degustabox a la norirlandesa. Muy majas, con el rollo de que son jóvenes y han montado su propia empresa, que solo eso merece todos mis respetos, intentando explotar el modelo de negocio de las cajas sorpresa. Me gustó particularmente su logo y su línea gráfica. Toda la suerte del mundo para ellas!



Eso que veis arriba y que probé, es un queso con carbón. Un cheddar maduro con ese color. Más allá del color, yo apenas noté ningún sabor especial, así que me pregunto si comer carbón sin que vengan los reyes es interesante. 
Lo que veis abajo, que es parte de su stand son otros productos de esta empresa, the Four Season, que han sido premiados en los "Great Taste Awards" de este año. Estos premios buscan y clasifican cada año cientos de productos de alimentación en el Reino Unido. La de 2014 ha sido una cosecha particularmente buena para Irlanda del Norte, con muchos de los productos que se manufacturan aquí premiados por su calidad. Muchos de ellos se podían probar y comprar también en esta feria. La alimentación está poniéndose de moda, también aquí.

La verdad es que a mí la sidra no me dice mucho. Soy mucho más de cerveza, qué le voy a hacer. Pero, incluso admitiendo esto, tengo que decir que esta Long Meadow Cider me encantó, y creo que a mi amiga D. que sí aprecia mucho más que yo la sidra, la disfrutó de verdad. Hecha con manzanas de Armagh, en un negocio familiar, está claro que ese sabor artesano, hecho en casa, se nota en cada sorbo. Gratamente sorprendida-
Esta es una de las cosas de las que me arrepiento de mi visita: Aun siendo sábado, era demasiado, demasiado temprano para hacer una cata de ginebra. La chica del stand fue un encanto, explicándonos todos los matices de esta ginebra de elaboración artesanal y las hierbas y especias que llevaba, y aguantando como una campeona todas las explicaciones que yo le di sobre la moda del gintonic-ensalada de frutas en los últimos años en España. Esta tengo que comprarla, porque la ginebra sí que me gusta, y esta además de oler de maravilla, me encantó por su línea gráfica, su etiqueta, su imagen en general. A mí me parece muy conseguida.


GreenMount Farm es otra de las empresas que ha sido premiada en los Great Taste Awards por su pastel de ciervo. Disculpas, porque la foto no le hace justicia para nada (en general fue un horror hacer las fotos, porque las luces eran malas con avaricia, unos focos que hacían que todos los productos parecieran sometidos a un tercer grado, así que hice lo que pude, la verdad). Además de su tienda en Richhill, están los viernes y sábados en su stand en el mercado de St Geroge en Belfast, que para los que no lo conocéis es una parada obligada en Belfast para cualquier aficionado a la cocina, con sus puestos y su música en directo y un ambiente genial de viernes a domingo.

Los chicos del stand  de Neary Nogs nos contaron las maravillas de su chocolate artesano. A mí me gustó bastante el de Espresso, y mi amiga y yo  fuimos las últimas afortunadas en probar su chocolate puro. (al menos probamos las dos últimas unidades que les quedaban). Como amante del chocolate, me hizo especial ilusión probar algo que nunca había probado antes. He tomado chocolates con hasta el 95% de cacao, pero el cacao puro es prácticamente incomestible, así que tenía curiosidad por probarlo. Como el producto está en desarrollo, les interesaba mucho nuestra opinion sobre las bolitas de cacao puro, que ellos mezclan con mantequilla de almendra y almendra en polvo para darle consistencia. A mí eso fue lo que menos me gustó, porque le quitaba bastante interés y hacía del producto final algo parecido a una trufa algo ordinaria, pero como el producto está en desarrollo, espero que mejoren las siguientes versiones y consigan un producto definitivo que valga la pena. Yo, desde luego, tengo curiosidad por probarlo.

Los productos locales eran uno de los atractivos indudables, sobre todo porque no es tan sencillo encontrarlos fácilmente. Pero el plato fuerte de este tipo de shows, son, sin duda, las demostraciones de cocina. Había dos cocinas abiertas (gratis) para ver demos en directo. Una era de repostería y no pude ver ninguna demo allí porque las que quería ver coincidían con otras cosas que también había en marcha. Pero sí pude ver 2 demos en la Safe Food Open Kitchen. La primera fue de Asha Chada, una cocinera india a la que veis arriba, que nos enseñó a hacer un curry de pollo con chapatis en 30 minutos. Su presentación estuvo muy bien, aunque la pobre nos pedía que nos imaginásemos los tiempos intermedios de cocción, porque estas cosas llevan su tiempo, y 30 minutos no dan para tanto. He mantenido esas dos cabezas que veis en la foto porque el de la izquierda es su marido. Al final de la presentación, se pusieron a hablar entre ellos como si estuvieran en casa, y fue de lo más gracioso: que si ponle esto, que si acaba ya, que si dales a probar para que vean qué rico te sale, y demás. La verdad es que fue de lo más auténtico. El curry es más o menos como yo ya lo preparaba, pero nunca he hecho chapatis en casa y los voy a hacer más pronto que tarde.
La segunda demo fue del cocinero del Mourne Seafood, un restaurante de pescado y marisco de Belfast que es el que yo le recomiendo a todo el mundo cuando me visitan. Está céntrico, los precios son más que razonables y lo preparan de maravilla. Sobre todo, yo, que lo echo mucho de menos, porque la oferta es muy limitada, lo disfruto mucho. La demo estuvo bien, pero fue sobre ostras, y lo mejor para mí, con diferencia, fue cómo abría las ostras antes de la presentación, sin ningún esfuerzo. Vamos, que había abierto una o dos antes, seguro. 



Pero llegamos, por fin, al plato fuerte de este tipo de eventos. Además de la entrada a la feria, había demos en otra cocina/auditorio cerrado, con entrada de pago aparte por cada sesión, con los cocineros estrella. Yo vi dos presentaciones: la de Rachel Allen, y la de John Torode. Creo que los dos son muy conocidos, también en España, pero por si hacen falta las prestaciones, ella es la cocinera estrella más famosa de Irlanda, con un montón de libros publicados y varias series de éxito en televisión. El es uno de los jurados de MasterChef UK.
La verdad es que para mí fue de lo más interesante, porque yo no había visto "shows" como estos. Las demos que yo había visto en España son mucho más técnicas, más tipo clase, incluso si son multitudinarias. Pero aquí el objetivo es entretener, y todo está programado para que funcione a la perfección. Rachel preparó 4 recetas de repostería de su último libro, que luego estuvo firmando en el stand de la librería de la feria. En media hora lo hizo todo, todo funcionó igual que si fuera uno de sus programas, pero en directo. La verdad es que fue de lo más divertido, extraño para mí, pero divertido. 


Y esta fue la última demo que yo vi. John Torode está promocionando un libro suyo sobre carne y nos hizo un chuletón y spaguetti con almejas. No sé si es por ser la última de la tarde, o qué, pero fue bastante decepcionante. No sólo está promocionando su libro, sino también su nueva marca de vinos, así que la mitad del tiempo era promocionar los dos productos. El tío tiene tablas, es un personaje público, capaz de pasar la media hora en el escenario y llenarlo sin apenas necesidad de nada más. Pero realmente verle cocinar un chuletón y un plato de pasta no es mi idea de una demo interesante.  Vamos, de primero de cocina de piso de estudiantes, ya me entendéis.

Supongo que esto está a punto de pasar, si no ha empezado ya también en España (a mí casi me da algo cuando vi las fotos de la clausura de la San Sebastián gastronomica con el cacao de personajilllos de medio pelo que tenían en el escenario junto a auténticos profesionales que saben lo que se hacen). Y no es ni bueno ni malo. A mí los cocineros estrella no me parecen ni buenos ni malos, son un producto mediático más, y un negocio en sí mismos, y si sabes lo que son y lo que hacen, y sobre todo, lo que estás comprando, por mí perfecto. Yo me imagino que dentro de nada este tipo de tours también se harán por allí, aunque de los que yo he visto no hay demasiados que aguanten el espéctaculo, pero supongo que todo se andará. 
En fin, reflexiones aparte, la verdad es que verlos en directo, al menos una vez, y ver cómo se mueve todo este espectáculo de primera mano, merece muchísimo la pena, al menos una vez. 
Y ya sabéis, si os acercáis por el norte de Irlanda, no dejéis de avisarme. Hay muchas y muy buenas recomendaciones que os puedo hacer para que disfrutéis, también por aquí. 

15 octubre 2014

Galletas de puro chocolate



Scroll for recipe in English

El año pasado empecé a correr. Con nula convicción, por pura necesidad. Necesitaba moverme, porque mi cuerpo y mi cabeza me lo pedían a gritos. No podía permitirme ir al gimnasio, que es lo que he hecho muy a gusto en otras épocas de mi vida, porque no había forma de casarlo en mi día a día (y no, no son excusas, yo sé bien de qué hablo), así que, aunque correr es algo que siempre he odiado, en ese momento era lo único que tenía a mano. 

Durante unas semanas fui mejorando mi fondo (bueno, básicamente fui creándolo, porque no lo había tenido nunca), volviendo a casa sin aliento, congestionada como un tomate a punto de explotar, soportando los comentarios irónicos de mi santo, que para estas cosas tiene una retranca digna de mejor causa, y la cara de incredulidad de mis hijas, que no creían que mi cara –ni la de ningún ser humano digno de tal nombre- pudiera llegar a ponerse de ese color. 
Pero poco a poco la retranca empezó a dejar entrever una malsana envidia por mi aguante y mi fuerza de voluntad, y el tomate a punto de explotar pasó a ser gradualmente solo una cara de esfuerzo. No corrí grandes distancias, ni grandes velocidades, pero empecé a coger ritmo. 

En medio de todo esto me pilló la mudanza, el cambio de casa, de horarios, de trabajo, de país,  de entorno, y correr quedó de nuevo relegado a la última de mis prioridades. Perdí el poco tono que había adquirido, perdí el hábito, perdí las ganas. 
Ha sido un año muy intenso, pero parece que las cosas vuelven a encontrar su rutina. En cada mudanza me ha pasado lo mismo. Uno empieza a sentir que va arraigando cuando los vecinos, o el de la tienda de la esquina, o el segurata con el que te cruzas a la misma hora cada mañana, te saluda, o al menos te pone cara de reconocerte. Pero para mí lo que no falla, lo que no ha fallado en ninguno de mis cambios a la hora de tener esa sensación de haber cerrado el ciclo es empezar a ver como se repiten las cosas, un año después.  Aquí en Belfast, la vuelta al cole, la presencia prematura de catálogos de Navidad en septiembre, (antes incluso que Halloween), me hacen tener esa sensación de que este año el transcurso del tiempo vendrá marcado por festivales, decoraciones y pequeños gestos que ya no serán nuevos, que ya hemos vivido y que serán parte de nuestro día a día. 
Cuando desaparece la novedad uno ya puede decir que está instalado, así que hace unos meses, cuando ya tenía esa sensación de haber estado aquí el tiempo suficiente, decidí que tenía que volver a correr. 


Los motivos eran los mismos, porque aunque algo más instalada, el tiempo sigue  jugando en mi contra, como siempre. Así que antes del verano decidí volver a correr. Un día cualquiera empecé y poco a poco me puse en forma. Incluso me llevé las zapatillas a mis vacaciones, y –lo que es más importante: no solo me las llevé, sino que incluso las usé!-, y así, corriendo día si, día no, aumentando poco a poco el tiempo porque de momento solo quería mejorar mi fondo y hacer algo de ejercicio aeróbico, llegué a correr 30 minutos del tirón. Y claro, me vine arriba, y no solo llegué una vez, sino también la siguiente, y la siguiente, y la siguiente. Y de pronto, en la última semana lo había hecho 4 veces, y la sensación de logro, de ir corriendo cada vez más rápido, más cómoda, de tener ganas de salir a correr y ver qué sensaciones tienes, me tenía totalmente enganchada. Pero para bien o para mal, creo que o mis treinta y todos, o mi exceso de emoción, o mi nula técnica se han aliado en mi contra y ahora mismo mi rodilla me tiene atada a la silla. 
Bueno, igual tengo que echarle menos literatura y pensar solo en que ha sido una sobrecarga por la emoción y la imprudencia, y que tengo que cuidar mis huesitos, que ya no estan para estos sobreentrenos. 
Así que estoy frustrada. Estoy construyendo una teoría que seguro que ya existe, pero que no tengo ganas de comprobar, -va a ser que llevo tanto tiempo online que la arrogancia sabelotodo que te quitan los años te la devuelve estar todo el rato colgada de Internet-, sobre el hecho de que las personas perfeccionistas y con un alto nivel de autoexigencia, en realidad solo somos personalidades obsesivas que aprendemos a canalizar nuestra conducta de un modo productivo. Así que decidnos que algo no se puede hacer, proponednos algo que solo dependa de nosotros, y estaremos encantados de probar que os equivocáis. En realidad, no soy cabezona, solo persistente, en realidad no soy obsesiva, solo constante. Esto es como escribir un curriculum (todo, siempre en positivo, como cuando te aprendías esa frase chorra para las entrevistas de trabajo de que tu peor defecto era tu perfeccionismo –juas, juas-). Así que aprendí a cocinar yo sola, a base de ponerme a ello, aprendí a usar la cámara, igual, y ahora estaba convirtiéndome en runner hasta que mi rodilla izquierda me empezó a hacer la puñeta sin ninguna consideración. 

Y esto puede ser el fin de mi incipiente carrera deportiva. 

No os imagináis el trauma que tengo ahora mismo. 


Porque, de verdad, estaba muy enganchada. 

Yo es que tengo otra teoría (hoy las traigo a pares) y es que ahora vamos a cambiar la lógica de los récords. Perdonad bonitos, pero eso de ser el más joven en hacer algo se va a acabar. Y no os lo digo porque a mí ya haga mucho que se me pasaron los años de ser la más joven en hacer cosas (que un poco también, porque si no, no te da por pensar estas cosas, la verdad). Simplemente, ya no hay mercado, dentro de nada no va haber recorrido para hacer cosas más jóvenes todavía. Pero para lo que hay un mercado en aumento es para los récords por arriba.
En un mundo en el que todos lo hacemos todo cuanto antes y en el que ya no nos impresiona nada,  lo que realmente será excepcional es hacer algo por primera vez a edades cada vez mayores. Correr una maratón con 14 años es un logro, (bueno, y a cualquier edad), pero correrla por primera vez, pongamos por caso, a los 70, lo es todavía más. Aprender un idioma tiene mérito. Pero hacerlo una vez que te jubilas y viajar para practicarlo, lo tiene todavía más.
En fin, igual el abrupto final al que se ha visto conducida por el momento mi carrera deportiva de aficionada senior me ha hecho pensar en que, después de que te han contado que a cierta edad las cosas ya no cambian, igual eso no es tan cierto, y una puede decidir que una leche, y que estar vivo es probar, y hacer cosas, sobre todo cuando te han dicho que no eres capaz de hacerlas, tengas la edad que tengas, cuando se trata de ponerte a prueba a tí mismo y dejarte de chorradas y ver de qué estás hecho. Y no, con esto no me refiero a lo de cambiar a tu santa por  una Barbie, ni a comprarte una moto que no sabes conducir (tuve un jefe en una empresa superguay que se la compró antes de tener el carnet y tuvo que devolverla porque su pasta no le pagó lo que su falta de habilidad no había conseguido ganarle). Me refiero a hacer. A ser. A estar vivo. 
Igual uno de estos días si la rodilla no mejora retomo mi carrera literaria. O abro un canal de youtube. O me decido a hacer un doctorado en ciencias. O aprendo música, o encuentro por fin una idea de negocio.
Estáis avisadas: Las lesiones no son buenas. Pero lesionarte porque lo has intentado sigue siendo el más saludable de los ejercicios. Así que dejad a los cínicos diciendo que sois demasiado mayores, demasiado ridículas para muchas cosas, y no os creáis que cuando uno se hace adulto ya no cambia, que un perro viejo no puede aprender trucos nuevos. Yo cualquier día de estos empiezo a ladrar. 
Bueno, con todas estas tremendas preocupaciones que me asaltan desde que estoy lesionada, era inevitable volver a caer en la tentación. Y la tentación para mí tiene una forma casi en exclusiva: chocolate. Negro. Amargo. Intenso.
Estas galletas son un chute de chocolate cuando más lo necesitas. Son fáciles, son rápidas, y son, simplemente, perfectas. Así que estés o no estés lesionada, cuando necesites un poco de buen chocolate, aquí tienes unas galletas que te subirán la moral, seguro.


 Galletas de puro chocolate

100 gramos de harina de repostería, y algo más para la superficie de trabajo
125 gramos de cacao en polvo
1 pizca de sal
1/8 cucharadita de canela
80 gramos de mantequilla
170 gramos de azúcar glas
1 huevo pequeño
½ cucharadita de extracto de vainilla

Tamiza la harina, el cacao, la sal y la canela en un bol. Pon la mantequilla a temperatura ambiente en otro bol con el azúcar glas y mézclalo con la batidora de varillas durante aproximadamente 3 minutos hasta tener una mezcla pálida y bien aireada. Añade el huevo y la vainilla y mezcla de nuevo. Añade gradualmente la mezcla de harina, cacao, sal y canela del otro bol hasta tener una masa. Envuélvela en plástico de cocina y lleva al frigorífico al menos una hora.
Precalienta el horno a 180 grados, y prepara una bandeja con una hoja de silicona o papel para horno. Haz bolitas con la masa  del tamaño de una cucharadita. Yo me pongo un par de gotas de aceite en las manos y trabajo la masa rápido para tener bolitas del mismo tamaño. Ponlas bien separadas en la bandeja, porque se extenderán en el horno y no queremos que se peguen.
Llévalas al horno unos 8 minutos. Retíralas con cuidado con una espátula de la bandeja y ponlas a enfriar en una rejilla hasta que estén completamente frías.

 



RECIPE 
 
You will find below the recipe  in English. 
For full story and more photos, go to my blog in English: The slim duck 

Pure chocolate cookies
100 grams of plain flour
125 grams of cocoa powder
1 pinch of salt
1/8 teaspoon cinnamon
80 grams of butter
170 grams icing sugar
1 small egg
½ teaspoon vanilla extract
                                                                          
Sift the flour, cocoa, salt and cinnamon in a bowl. Put the softened butter in another bowl with the icing sugar and mix with a wire whisk for about 3 minutes until pale and foamy. Add the egg and vanilla and mix again. Gradually add the flour, cocoa, salt and cinnamon mixture until you have a dough. Wrap in kitchen plastic and put into the refrigerator at least one hour.
Preheat oven to 180 degrees and prepare a tray with a silicone sheet or baking paper. Make small balls of the size of a teaspoon. I put a couple of drops of oil in my hands and work the dough quickly into balls of a similar size. Put them in the tray well apart because they will spread in the oven and we do not want to stick.
Take them to the oven for about 8 minutes. Remove them carefully with a spatula while still hot, and place them in the tray to cool on wire rack until completely cool.