Puedo prometer y prometo... (los que tengáis unos años ya conocéis esta frase) que este blog no ha estado de vacaciones, aunque lo parezca.
O tal vez el blog sí, pero yo, que soy la que piensa en la receta, hace la compra, la cocina, hace las fotos, os lo cuenta, procura no zampárselo todo y trata de seguir además con su vida con algo de equilibrio, no ha estado de vacaciones, ni mucho menos.Todo lo contrario, si todo lo contrario a estar de vacaciones existe.
Me gustaría poder contaros que tengo una vida super cuqui, que todo en mi vida es delicioso, es perfecto, es fácil, es superficial y precioso, y superguay, y super molón, y que todo es fácil y rosa posa, y se hace solo, y está siempre perfecto sin esfuerzo. Pero, con todos mis defectos -que no son pocos-, si hay algo que no soy es una mentirosa. Mi vida es de lo más normal. Como mami profesional de dos niñas aún pequeñas, sin familia cerca a la que poder recurrir en urgencias varias, mi vida es de lo más normalita, y sobre todo, de lo más cansada. Y eso es justo lo que podéis ver en el blog: Trabajo, trabajo mucho y muy duro, y a veces las exigencias de mi trabajo hacen que otras partes de mi vida queden en un segundo plano. A veces, como a todas las madres, me da la impresión de que mis hijas van a crecer pensando que lo normal es que una mami esté siempre corriendo, estresada, de viaje, olvidando cosas que para ellas son fundamentales, con ojeras y pensando que ya habrá tiempo, aunque según va pasando el tiempo ya ha aprendido que luego casi nunca lo hay.
A veces, yo también me dejo arrastrar por ese mensaje que llevamos metido hasta los huesos las mujeres, y me arrastra el chantaje de llevar el peso del mundo sobre los hombros, porque ser mujer nunca ha sido fácil, tampoco ahora. Y una mirada de decepción de tus hijas por la menor tontería te hunde en la miseria (sí, ya sé que también tienen padre, ya sé que hay cosas importantes y cosas que no lo son tanto, pero cuando tienes cinco años, te puedo asegurar que cuando tu mami se olvida de comprar esa diadema que te había prometido, el llanto más desconsolado se apodera de tí y hace sentir a tu mamá como la peor persona del mundo, aunque haya estado de viaje una semana, intentando arreglar el mundo, o al menos su pequeño mundo y también un poco el tuyo).
A veces una se cansa un poco de todo.
Y otras veces, se marcha de viaje una semana, y a pesar de las prisas, de las presiones, se planta en casa de amigos apenas conocidos sin avisar, y la reciben como si la conocieran de toda la vida, y en un momento, el aire se aligera, las cosas vuelven a ser divertidas, se hacen planes, se descubren sitios, y el mundo está otra vez por conquistar, y por disfrutar.
Y vuelves a casa y celebras estar de vuelta, y te das cuenta de que hacía tiempo que habías olvidado lo divertido que puede ser todo cuando tienes proyectos, cuando la vida no se limita a sobrevivir.
Y llegamos a la receta de hoy. Como ando bastante desconectada de la blogosfera porque la vida últimamente no me da, hace unas semanas vi que todo se llenaba de recetas de bagels, a propósito de un reto o algo así. Ni me había enterado (¡!) Yo había hecho esta hace semanas porque tengo una deliciosa relación de amor y odio con estos panecillos.
De amor porque me encantan y me parecen un desayuno-brunch perfecto desde que los tomé hace años por primera vez en los USA. Me parecieron geniales.
De odio, porque me parecen engorrosos de hacer en casa, y por eso los hago mucho menos de lo que me gustaría.
No son difíciles, pero si a los tiempos de levado que tienen todos los panes, les añades lo de tener que escaldarlos, y luego llevarlos al horno, no es complicado, pero sí es algo que a mí no se me ocurre hacer cada semana. Simplemente, me da mucha más pereza que otras cosas que "se hacen solas".
Pero de vez en cuando, cuando el amor, -o simplemente el deseo de algo rico, rico-, es más fuerte que el odio, me arranco y los hago.
Hoy he tomado prestada esta receta de Pepacooks. Esta me gusta muchísimo más que las que había hecho otras veces, así que no sólo es la que hago hoy, sino que os la recomiendo, igual que todo el blog.
Bagels
Ingredientes (para unas 8 unidades)
450 g de harina
125 ml de agua
125 ml de leche
1 huevo (clara y yema separadas)
15 g de levadura fresca de panadero
8 g de sal
5 g de azúcar
30 g de mantequilla derretida
Agua para hervir los panecillos
Unas semillas de sésamo (ajonjolí)
Preparación:
Deshacer la levadura fresca en la harina. Mezclar con la sal, el azúcar, la
mantequilla derretida y una clara de huevo. Añadir la leche y el agua, ligeramente templadas. Amasar hasta tener una masa ligada y lisa.
Dejar reposar la masa durante una hora. Pasado este tiempo, desgasificar ligeramente (amasar un par de veces, para quitar el exceso de aire, pero sin manipular en exceso la masa) y dividir la masa en porciones. Con estas cantidades, deberían salir unas 8 piezas de buen tamaño. Hacer una bola con cada trozo de masa, y luego hacer un agujero en el centro, para conseguir el bagel.
Precalentar el horno a 220º. Poner agua a hervir.
Dejar reposar los bagels ya formados unos 10-15 minutos.
Cuando el agua hierva con fuerza, ir poniendo los bagels en ella y escaldar rápidamente. Basta con 10 a 20 segundos. Mejor hacer este paso de uno en uno, ya que es un escaldado rápido y no es una gran cantidad, y te permitirá controlarlo mejor.
Ponerlos sobre papel de cocina para que escurran el agua que puedan haber cogido, y una vez escaldados todos, llevar a la placa de horno con una hoja de papel de hornear o de silicona, pintar los bagels con la yema que teníamos separada, batida, y poner las semillas de sésamo por encima.
Llevar al horno unos 25 minutos, hasta que se doren.
Los puedes rellenar de lo que prefieras, si bien un clásico es el queso de untar con salmón ahumado (que es el que yo hice para las fotos). Congelan de maravilla -aunque muchas semillas de sésamo se despegan en el proceso- y los puedes sacar por la mañana para desayunar a toda prisa. Un golpe de microondas, o en la tostadora abiertos por la mitad, y durante la semana te alegrarás mucho de haberte molestado en hacerlos el fin de semana.