15 enero 2015

Galletas de chocolate con forma de hombrecitos de jengibre que tenían que haber sido una casa





Últimamente apenas tengo tiempo para el blog. No es que no me apetezca, de hecho, incluso tengo unas cuantas recetas preparadas para publicar, pero es que parece que las cosas se ponen de acuerdo para que pueda dedicarle mi tiempo, mi atención y mis energías a todo menos a esto. 

En la parte buena yo pondría que estoy cocinando. Estoy cocinando y mucho. Y eso, sea o no sea para publicar en el blog, me gusta, me hace feliz y hace felices a los que me rodean. Y tengo tantas otras cosas en las que poner mi energía que a menudo tengo que recordarme que esto sigue aquí.
Entre las cosas que he cocinado últimamente están dos roscones de reyes que hice con la misma receta de siempre, que sigue saliendo igual de buena que siempre. Aquí, sin embargo, no tengo levadura fresca y tengo  que apañarme con la liofilizada, así que el primer intento quedó bueno de sabor, pero más compacto de lo que debería. El segundo, ya para el día de reyes, que celebramos aquí, quedo perfecto. Tanto, que tuve que congelarlo o lo hubiéramos devorado de una sentada. Eso sí, el día 6, que mis hijas volvían al cole, se fueron felices de la vida después de haber desayunado roscón y haber abierto sus regalos, a explicarles a sus amigos que los reyes saben dónde vivimos, y que siguen parando en nuestra casa. 


Y luego he hecho cosas absurdas, que no tienen nada que ver conmigo, como intentar hacer una casa de jengibre antes de Navidad, porque cayó en mis manos esta revista y mis hijas me liaron para hacerla un fin de semana antes de vacaciones.

Así que, muy a mi pesar, porque lo de las decoraciones y los trabajos manuales en la cocina no me interesa en absoluto, pero presa de un espíritu navideño digno de mejor causa, imprimí la lista de la compra, compré los ingredientes, y me preparé para un fin de semana de jugar a construir casitas y decorarlas con mis hijas. 


Cometí un error de principiante. No sé si presa de la emoción o simplemente de las prisas y los miles de otras cosas que estaba haciendo al mismo tiempo, pero por algún motivo, no leí la receta entera. Y eso, que es algo básico, que es algo que yo siempre recomiendo a todo el mundo, fue una gran tontería. Porque para cuando tenía la mesa llena de todo lo que os podáis imaginar y un poco más, para cuando había imprimido las plantillas para las distintas piezas y estaba pertrechada de paciencia para la que se me venía encima, entonces seguí leyendo la receta y me di cuenta de que las cantidades de masa eran una barbaridad –pero bueno, hay mucho que construir me dije, yo que soy nueva en estas lides-. También había bastante que esperar entre la preparación de la masa y el momento de poder usarla, lo cual, cuando trabajas con niños es un rollo porque su paciencia es algo que, simplemente, ni está ni se le espera. Pero con las galletas de mantequilla pasa lo mismo, me dije –debía de ser mi espíritu navideño el que seguía dando una respuesta a cada tropiezo del camino-. El problema llegó cuando vi que hacían falta varios días para construir la casa de marras. No daba crédito. Pero si es más rápido hacer una casa prefabricada de verdad que montar esa cosa. Y además necesitaba media cocina para dejarla quieta mientras las piezas secaban. ¿Quién tiene tiempo/ganas/sitio/paciencia y estómago para hacer algo así y  luego comerlo? Para mí esto ya era demasiado. Así que como la masa estaba reposando en el frigorífico, decidí que el plan se cambiaba sobre la marcha y saqué el corta galletas de los hombrecitos de jengibre, y en un momento tuvimos un ejército de muñequitos de chocolate. Una, dos, tres bandejas se fueron llenando en lo que empezaba a parecer una factoría. 


 
Otra cosa que os recomiendo no hacer nunca, y menos cuando lo que estáis horneando son galletas, es dejar el horno desatendido. En fin, cuando acababa de meter la última bandeja en el horno, J. me preguntó algo. Subí al piso de arriba, empezamos a hablar, y seguimos hablando, y esas cosas que pasan cuando vives con alguien con quien te gusta hablar, que seguimos hablando y para cuando volví a la cocina un olorcito a galleta quemada ya estaba llenado hasta el último rincón de la casa.
Conclusión: incluso cuando llevas años cocinando sigues haciendo, de vez en cuando, todas esas cosas que sabes que no hay que hacer y que en condiciones normales no harías.  El lado bueno de todo esto, que lo tiene, y mucho, es que las galletas quedaron espectaculares. Solo son aptas para amantes del chocolate, porque son chocolatosas a más no poder. Es como una galleta de mantequilla pero en chocolate: una bomba. Y mirándolo bien, a mis hijas lo que les apetecía de la casa era jugar con la glasa y decorar las galletas, pero el sabor de todo ese azúcar es algo con lo que no pueden. Así que hicimos glasa de un par de colores y lo que hicieron fue decorar las galletas que se habían quemado. El resto las repartí con unos amigos, porque en casa empezaron a volar y éramos muy capaces de zampárnoslas todas de una vez, así que intenté controlar los daños.



Pero como bien esta lo que bien acaba, y a pesar de que todo el mundo sigue empachado a estas alturas, yo quería colgar esta receta porque quiero volver a hacerlas en algún momento (seguramente con la mitad de las cantidades originales), que es uno de los objetivos del blog. 

Galletas de chocolate con forma de hombrecitos de jengibre que tenían que haber sido una casa.

Ingredientes

• 100 g de chocolate negro belga
• 400 g de mantequilla en pomada
• 300 g de azúcar • 100 g de miel
• 2 huevos grandes, ligeramente batidos
• 700 g de harina de trigo
• 100 g de cacao
Derretir el chocolate en un recipiente al baño María- calor sobre una cacerola de agua hirviendo apenas. Dejar enfriar un poco. En un tazón grande (o usando el cuenco de una batidora de pie), bata la mantequilla y el azúcar hasta que estén bien combinados.

Batir en el chocolate derretido y miel de caña. Mezclar los huevos hasta que estén bien combinados y tamizar la harina y el cacao. Mezclar hasta que se forme una masa cohesiva. Enfríe por 45 minutos.
Coloque una hoja de papel de horno sobre la encimera y colocar una cuarta parte de la masa en la parte superior. Ponga una hoja de papel de horno en la parte superior y extender la masa hasta aproximadamente 35 cm x 25 cm, aproximadamente el grosor de una moneda de £ 1. Repita con los otros cuartos de la masa para crear 4 piezas. Apilar con cuidado los trozos de masa en su papel de horno sobre una tabla de cortar o bandeja para hornear; descansar en la nevera durante al menos 1 hora.
Precaliente el horno a 190 ° C, ventilador de 170 ° C, gas 5. Hornea las galletas durante 10 minutos. 



09 diciembre 2014

Bollitos de Santa Lucía



En Palma hay una importante colonia sueca. No son tantos como los alemanes o los británicos, pero hay bastantes suecos que viven todo el año allí. Lo que tienen, además, es que son muy organizados. Sea a través de sus iglesias, o por grupos de aficiones comunes, no importa en qué lugar del mundo estén, no es difícil identificar esa comunidad. En Palma además de muchas otras cosas, seguían la tradición de la procesión de Santa Lucía cada 13 de diciembre. Y no, no me lo invento, lo podéis ver aquí. Una niña del colegio sueco encabezaba la procesión, seguida por todas las demás, con túnicas blancas y una corona de velas en la cabeza. En Palma resultaba de lo más vistoso, sobre todo, por lo exótico de ver a las niñas suecas reproduciendo los ritos que primero fueron paganos y luego se cristianizaron y que son de las pocas expresiones de este tipo que conservan las versiones calvinistas del cristianismo. Lo chocante era verlas, rubias y totalmente ajenas al decorado Mediterráneo, celebrar el triunfo de la luz, cuando los inviernos en el sur de Europa no son, ni por aproximación, la noche eterna que viven sus abuelos en Suecia. Claro que por eso están ahí. Por el sol, la luz y el buen tiempo.
La procesión solía acabar (supongo que seguirá igual) en la plaza del Ayuntamiento, y las Lucías cantaban sus villancicos suecos en medio de esa plaza coronada por un olivo gigante. Vamos, igual que sus primas en Suecia, casi seguro.


A mí siempre me hizo gracia. Era uno de los pocos momentos en los que esta comunidad se dejaba ver tan a las claras. Yo conocí a algunos a través de la mujer de un conocido, que era sueca. Típica hisotoria de un amor de verano en los 70. Ella se quedó y estoy segura de que el barco de él (en el que él pasaba todos los fines de semana) y la tremenda capacidad de ella para hacer su propia vida y organizar el mundo al margen de su familia, son lo que hicieron que su matrimonio durara tanto. Siempre me hizo gracia esta pareja, tan práctica, tan completamente diferentes, con esa inteligencia brutal para sobrevivirse en pareja y sobrellevarse durante años razonablemente bien. 
Mi amiga sueca había ayudado, hacía años, a organizar estas procesiones. 
Yo conocía estos bollitos de azafrán, que son típicos por Santa Lucía, pero no los había hecho hasta ahora. Este año me he acordado de esas niñas rubias que desfilaban por el centro de Palma, reproducienco tradiciones que cada vez tienen menos que ver con ellas, y que solo tienen sentido en la memoria de sus padres. 
Pero con o sin corona de luz, estos bollitos tienen la virtualidad de toda la bolleria escandinava: son una auténtica maravilla. Todos estos panes dulces que siempre estan listos para tomar con un café en cualquier momento del día, son absolutamente perfectos. Son normalmente masas fermentadas, del tipo del pan, enriquecidas con mantequilla y/o huevo. Es una reposteria honesta, sencilla, casera, como corresponde a los largos días en los que no se puede hacer gran cosa afuera. A mí me encanta hacer este tipo de bollos. La única precaución con estos es ser comedidos con el azafrán. Los bollos quedan preciosos con el color que les da, pero además de color, el azafrán es muy potente de sabor, y si te pasas no resulta nada agradable. Mejor ser conservadora en el uso del azafrán en esta receta. Por lo demás, esta es la típica receta para hacer un fin de semana frío, y tomar luego con un café caliente, viendo el día helado a través de la ventana y disdrutando del calor y el olor que ha dejado en toda la casa. Totalmente irresistibles, por Santa Lucía, o en cualquier otro momento.






Bollitos de Santa Lucía

Ingredientes
300 ml de leche 
Unas hebras de azafrán (3 o 4)
75 gr de mantequilla cortada en cubos
500 gramos de harina de fuerza
100 gramos de azúcar 
1 cuchradita de sal
7 gramos de levadura de pan de acción rápida (15 gramos de levadura de pan fresca)
1 huevo grande, batido (y otro para pintar los bollitos antes de llevar al horno)
Unas pasas (o arandanos desecados) para decorar
Un poco de aceite para engrasar

Preparación
Pon la leche en un cazo y calienta hasta que esté a punto de hervir. Usa un mortero para reducir el azafrán a polvo, y añádelo a la leche junto con la mantequilla. Mezcla para derretir la mantequilla y reserva hasta que esté tibio.
En  un bol grande mezcla la harina, el azúcar, 1 cucharadita de sal y la levadura, y haz un volcán en el centro. Vierte la leche junto con el huevo batido y mezcla hasta tener una masa pegajosa. Pon la masa en una superficie de trabajo enharinada y amasa hasta que este suave y elástica, unos 10 minutos. Deja reposar la masa en un bol pintado ligeramente de aceite y cubre con papel film, al menos una hora o hasta que doble su tamaño. (si usas levadura fresca el tiempo puede ser algo más. La levadura desecada normalmente es de acción rápida).
Divide la masa en mitades hasta tener 12 porciones iguales. Cubre las piezas con el papel film con un poco de aceite para que no se seque la superficie mientras les das forma. Coge una porción y dale forma de cilindro alargado, de unos 30 cms. Coge un extremo, y enróllalo hasta el centro en espiral. Coge el otro extremo y enróllalo también hasta el centro, en sentido contrario. La forma final recordará una S. Repite con todos los bollitos, y colócalos en una bandeja de horno preparada con una hoja de silicona o papel de horno. Una vez terminados, cubrelos con el papel film y dejalos levar de nuevo hasta que doblen su tamaño. (Si los haces por la noche, puedes dejarlos a hacer este segundo levado en el frigorífico toda la noche, y hornearlos por la mañana).
Calienta el horno a 200 º (180 con aire). Pinta los bollitos con huevo batido y pon una pasa en el centro de cada espiral. Lleva al horno unos 15 minutos, y deja enfríar antes de tomarlos. Mejor tomarlos en el mismo día, pero aguantan bien un par de días. Congelan muy bien. Para descongelar, bastan unos 40 a 60 segundos en el microondas (según su potencia).

22 noviembre 2014

Finalista de Easy Food Home Cook Hero Awards 2014 - Pasta alla Norma

Para aquellos que no lo sabéis, Easy Food es la revista de cocina líder en Irlanda para cocineros no profesionales. Cuando me mudé a Belfast empecé a seguirla y me suscribí a ella hace unos meses.
En 2011 empezaron un concurso anual para encontrar a los mejores cocineros aficionados de Irlanda, los  Home cook hero awards. Este año yo participé en la competición, y para mi sorpresa, fui elegida como una de las finalistas. Para el concurso pedían recetas de distintas categorías, e hicieron una seleción de los 3 finalistas en cada una de las 10 categorías basada en las recetas que habíamos enviado. Mi versión de la Pasta alla Norma fue seleccionada en la categoría de pasta, que patrocinaba Barilla.
A las 8.20 de la mañana de una mañana de sábado terriblemente desapacible llegué a la Cooks Academy, en el centro de Dublín. Tenía que cocinar el plato seleccionado para  3 jueces (2 cocineros-estrella en Irlanda, Catherine Fulvio y Tom Flynn, y la editora de la revista), junto con las otras dos finalistas de mi categoría. 
La verdad es que la experiencia fue inmmejorable. Tanto la gente de la Cooks Academy como el personal de la revista fueron geniales durante toda la mañana. La gracia es que el día del concurso teníamos que cocinar el plato para los jueces por la mañana en la academia los  30 finalistas, (y por tanto la organización para que todos tuviéramos todo lo necesario en cada momento era imprescinidible y funcionó de maravilla). Yo fui sola a cocinar, pero algunos de los concursantes habían venido con amigos o familiares y justo antes de empezar se iba calentando el ambiente mientras esperábamos. 
La otra parte del concurso es que además, un equipo de TV nos grababa para el programa que se emitió el sábado siguiente en TV3 Ireland, uno de los canales nacionales. El concurso de la mañana estuvo seguido de una gala por la noche  en uno de los hoteles más lujosos de Dublín, el Shelbourne. Así que aquí está el programa completo. Me podéis ver alrededor del minuto 27, y justo después veréis quién ganó en mi categoría, que como ya habréis adivinado a estas alturas no fui yo.



A mí y a mis otras dos compañeras en la categoría de pasta nos tocó el honor de ser las primeras de la mañana, tanto para cocinar como para hablar con las cámaras. En cuanto empezamos a grabar se hizo la hora de empezar a cocinar para nuestro grupo y los 45 minutos que teníamos se pasaron volando. Poco a poco, los otros grupos también habían empezado a cocinar y para cuando terminamos todos los puestos estaban llenos de gente compitiendo en distintas categorías.
Como habíamos empezado las primeras, también fuimos las primeras en llevar nuestros platos al jurado, así que los dejamos deliberando y para entoces el concurso por la mañana se acabó para nosotras. Se suponía que nos enteraríamos de quién había ganado en la gala de por la noche, pero para entonces (si no nos habían dado ya bastantes pistas antes) estaba claro quién había sido la afortunada ganadora, cosas de la tele, supongo. Nos hicieron algunas fotos más, y con eso, básicamente se acabó la mañana para nosotras. 
Y como me veis abajo, no gané, pero me lo pasé de maravilla durante todo el proceso. 

 Yo con mi Pasta alla Norma en la  Cooks Academy, Dublin

Barilla nos regaló una chaquetilla de chef a las tres finalistas. Mi primera chaquetilla de chef. Estoy segura de que Helen, la representate de Barilla no tiene ni idea de la ilusión que me hizo, porque tengo miles de otras cosas de cocina, pero jamás se me había ocurrido lo de la chaquetilla, y ahora es una de esas cosas que me sacan una sonrisa cada vez que las veo. Así, que se lo dije en su momento, pero gracias otra vez a Helen, que fue un encanto; gracias al personal de la Cooks Academy y a todo el personal de la revista, que organizaron todo el dia para que saliera todo de manera impecable, desde el concurso por la mañana, a la gala por la noche. Muy buen trabajo el de todos! Ha sido una de las experiencias más divertidas que he tenido relacionada con mi afición a la cocina, y mi primera aparición en un canal nacional de la tele irlandesa (por el momento...)
Así que ahora soy oficialmente una de las finalistas de los Easy Food Home Cook Hero Awards de 2014.

La receta que hice fue Pasta alla Norma. Es un plato tradicional italiano con berenjenas, que son uno de mis ingredientes favoritos de siempre. Esta receta la publiqué en su día en el blog, no tenéis más que pulsar el enlace si os apetece probarla. Espero que la disfrutéis.