14 mayo 2017

Magdalenas de limón





Hoy tenía la necesidad imperiosa de publicar estas magdalenas porque necesito tener a mano esta receta que me ha dado un resultado espectacular. Me encantan las magdalenas. Simples, rápidas de hacer y con esa capacidad de transportarme a una merienda de leche con Cola Cao a mis seis años. No, no es la magdalena de Proust, pero sí es cierto que las magdalenas mojadas en un vaso de leche caliente me reconfortan, y me saben a todas esas cosas buenas, sencillas, simples, a cuando la vida no era más complicada que jugar, y reír, y crecer convencida de que el mundo era lo que quisieras imaginar cada día.
  
Pero en una explicación más prosaica, necesitaba tener otra receta de magdalenas, porque mi maravillosa receta, la que nunca me había fallado, la que hacía mi abuela, es una receta que usa gaseosas del Tigre. Y cuando vives en Irlanda del Norte y te da la urgencia por comer unas magdalenas no puedes estar dependiendo de tenerla a mano. O no comes magdalenas. Cada vez que he vuelto a España me he traído unos cuando paquetes, os lo prometo. Algo tan peregrino como eso. Y no podía ser. Se me acababan las reservas y no tengo viaje a la vista. 






Quería tener magdalenas para el desayuno y probé esta receta cambiando las gaseosas por levadura de repostería -que mira que se me podía haber ocurrido hace días, la verdad-. El otro cambio es usar como grasa aceite y nata. Habitualmente uso solo aceite y lo prefiero de girasol, porque el de oliva me resulta demasiado fuerte de sabor, pero eso va en gustos, realmente. Con la nata quedan perfectas, así que esta receta tenía que estar aquí para recordarme que así de ricas es como quedan.




Magdalenas de limón


Ingredientes

3 huevos
250 g de azúcar
La ralladura de 1 limón
Zumo de medio limón
75 g de aceite de girasol suave
110 g de nata para montar
250 g de harina de repostería
12 g de levadura de reposteria (tipo Royal)




Preparación.

Mezcla el azucar con la ralladura de limon en un bol amplio. Añade los huevos y bate con la batidora de varillas hasta que la mezcla blanquee y doble su volumen (unos 5 minutos).
Incopora los ingredientes liquidos:zumo de limon, aceite y nata y bate simplemente para integrarlos. Anade la levadura a la harina e incorpora a la mezcla. Bate de nuevo, lo justo para incorporar la harina, pero no la batas en exceso
Pon la mezcla en los moldes que uses y lleva al frigorifico unos 20 minutos, mejor media hora. Si tienes prisa, 7 minutos en el congelador te haran el mismo papel.
Precalienta el horno fuerte, unos 250 grados. Espolvorea con azucar las magdalenas antes de meterlas al horno.
Baja la temperatura del horno a 220 y mete las magdalenas. Hornea 10 minutos y apaga el horno. Dejalas todavia 3-5 minutos mas, hasta que esten doradas por fuera y cocinadas por dentro.


23 abril 2017

Pan trenzado


Hacer pan nunca me defrauda. No importa cuantos panes haya hecho, cada vez que hago uno, que pruebo una receta, o que repito una que puedo hacer con los ojos cerrados, ahí está de nuevo la magia. La magia de que la casa huela rico. Con un olor que no se puede imitar, que no se puede disfrazar, que huele a los abrazos generosos y a la risa de mi abuela, a las meriendas de pan y chocolate después del colegio, a la panadería por la que pasaba con mis hermanas todas las mananas de camino al cole, a la furgoneta que repartía en el despacho de pan. Y luego, está el milagro de la fermentación y el amasado, y el gluten, -y dejad que no sea nada técnica en esto. Dejadme olvidar que todo se reduce a una reacción química y dejadme pensar, como cuando era una niña, que hay pocas cosas más maravillosas que comer el pan caliente, recién sacado del horno, y haber visto cómo algo de harina, agua, levadura y sal se convierte en el alimento con el que podria pasar por los siglos de los siglos.


Si tuviera que elegir un solo alimento para el resto de mi vida, sería, probablemente, el pan. Y no, ahora no lo como en cada comida, pero aun aasí, yo soy capaz de comer pan. De comer pan en cantidades escandalosas, sin nada más. Adoro los bocadillos, y me encanta mojar pan en las salsas, adoro el pan tostado en el desayuno y el que acompaña a un pincho. En Mallorca aprendí a amar el pan moreno y descubrí el pa amb oli. Pero de todas las formas en las que lo coma, la que sigue sin cansarme, es comerlo solo. Soy capaz de comer una barra, una hogaza entera, y no comer nada más. Soy así de básica, así de primaria.


La única condicion es que el pan sea bueno. O al menos, que no sea malo del todo, que a estas alturas una ya ha aprendido a pactar con la realidad y aquello de que lo mejor es enemigo de lo bueno me vuelve a la cabeza una y otra vez.
Espero tener un nuevo horno dentro de poco. Ya os contaré y os lo confirmaré, si al final llega el caso. Y es que desde que me mudé a este país los panes han cambiado completamente. La harina es distinta, no consigo levadura fresca de panadero salvo en una tienda polaca a la que solo puedo acercarme de cuando en cuando, y el horno es... digamos que temperamental. Claro, que por mucho temperamento que tenga, no sabe con quién ha ido a dar.
Veremos si en el nuevo las cosas cambian, porque lo que noto aquí es que las cortezas son muy suaves, como de pan de molde, no importa el tipo de pan que haga. Supongo el horno es el principal responsable. Veremos si puedo solucionar eso.
En cualquier caso, os dejo aqui un pan trenzado que es espectacular para presentar entero, queda con una miga perfecta, y que a mí me encanta. La receta es de un panadero famoso por estos lares, Paul Hollywood.






Pan trenzado

Ingredientes
250 gramos harina blanca de fuerza
5 gramos de sal
1 sobre de levadura -para panaderia- desecada (7 gramos)
10 ml de aceite de oliva
170 ml agua a temperatura ambiente
1 huevo batido, con una pizca de sal, para pintarlo

Preparación
Mezcla la harina, la levadura, el aceite y la sal (evita poner juntas levadura y sal, ya que esta inhibe las propiedades de la levadura)  en un bol grande. Añade luego 3/4 partes del agua y vuelve a mezclar con las manos. Trabaja la masa y añade el resto del agua. Amasa unos 10 minutos hasta que la masa esté elástica y flexible, ni seca ni dura. Pon la masa en un bol pintado con unas gotas de aceite. Cubre con film de cocina y deja que doble su volumen, aproximadamente una hora.
Golpea la masa con el puño cerrado un par de veces, para desgasificarla. Ponla sobre una superficie ligeramente enharinada y forma una bola. Divídela en 3 partes y estíralas, dando forma a lo que serán los cabos de la trenza. Une los extremos y aplástalos ligeramente para que se mantengan unidos. Haz una trenza y ponla sobre una placa de horno cubierta con papel de hornear o con una lamina de silicona. Remete los extremos hacia abajo para que los extremos queden limpios. Deja levar de nuevo a temperatura ambiente durante una hora, hasta que vuelva a duplicar su volumen. Al final del levado, precalienta el horno a 200º. Pinta la trenza con el huevo batido ligeramente salado y hornea unos 25 minutos hasta que esté dorada y suene a hueco cuando golpees con los nudillos la base. Deja enfriar en una rejilla.

29 enero 2017

Nidos de merengue con fruta de la pasion




La fruta de la pasión es una de esas frutas tropicales que solo he empezado a comer en los últimos años. Igual tiene algo que ver con lo que les gusta en este país, porque aquí es bastante más popular que en España. Por una razón o por otra, no la había tomado antes. Pero con ella me pasa como con las frambuesas o las frutas del bosque. Me encanta su sabor ácido y ligeramente áspero. Y funciona particularmente bien con postres tan dulces como el merengue que básicamente no es más que un montón de azúcar sujeto por una red de clara de huevo atrapada por el aire de un buen batido.
 Si te resulta demasiado ácida, siempre puedes poner un poco de nata montada, o dejar macerar la fruta con un poco de azúcar antes de servirla. 


Nidos de merengue con fruta de la pasión
Ingredientes
150 gramos de clara de huevo (aproximadamente 4 claras, yo las usé deshidratadas)
250 gramos de azúcar glas
15 gramos (1 cucharada sopera) de harina de maíz (Maizena)
1 pizca de sal

Fruta de la pasión
Preparación 
Precalentar el horno a 175 ºC. Tamizar el azúcar glas con la maizena. Añadir una pizca de sal a las claras, y levantar las claras a punto de nieve fuerte, añadiendo el azúcar a cucharadas, esperando a que una esté incorporada para añadir la siguiente. Seguir batiendo con la batidora de varillas  hasta que el merengue esté duro y brillante, unos 7-8 minutos. Extender el merengue con una manga pastelera, formando círculos y rellenando la base, sobre papel de hornear. Pasar de nuevo y formar los bordes. Una vez preparados los nidos, ponerlos en el horno y bajar la temperatura a 125º durante 30 minutos. Después, bajar a 100º y dejar una hora más. Apagar el horno, y sin abrir la puerta, dejar enfriar completamente el merengue dentro del horno. 
Poner en un bol las claras con  la pizca de sal. Bate a velocidad media con la batidora de varillas o el accesorio de montar claras del robot de cocina. Ir añadiendo el azúcar poco a poco mientras sigues batiendo a velocidad media. Cuando empiecen a formarse picos en las claras, dejar de batir y tamiza el azúcar glas por encima, y bate para incorporarlo. Marca círculos del tamaño de un vaso en una hoja de papel de horno. Hacer círculos de merengue con una manga pastelera. Añadir los bordes.
Una vez frio, rellenar con fruta de la pasión. En realidad se puede rellenar con lo que quieras: nata montada y cualquier otra fruta acida funcionan particularmente bien (frambuesas, fresas, kiwi)