23 abril 2017

Pan trenzado


Hacer pan nunca me defrauda. No importa cuantos panes haya hecho, cada vez que hago uno, que pruebo una receta, o que repito una que puedo hacer con los ojos cerrados, ahí está de nuevo la magia. La magia de que la casa huela rico. Con un olor que no se puede imitar, que no se puede disfrazar, que huele a los abrazos generosos y a la risa de mi abuela, a las meriendas de pan y chocolate después del colegio, a la panadería por la que pasaba con mis hermanas todas las mananas de camino al cole, a la furgoneta que repartía en el despacho de pan. Y luego, está el milagro de la fermentación y el amasado, y el gluten, -y dejad que no sea nada técnica en esto. Dejadme olvidar que todo se reduce a una reacción química y dejadme pensar, como cuando era una niña, que hay pocas cosas más maravillosas que comer el pan caliente, recién sacado del horno, y haber visto cómo algo de harina, agua, levadura y sal se convierte en el alimento con el que podria pasar por los siglos de los siglos.


Si tuviera que elegir un solo alimento para el resto de mi vida, sería, probablemente, el pan. Y no, ahora no lo como en cada comida, pero aun aasí, yo soy capaz de comer pan. De comer pan en cantidades escandalosas, sin nada más. Adoro los bocadillos, y me encanta mojar pan en las salsas, adoro el pan tostado en el desayuno y el que acompaña a un pincho. En Mallorca aprendí a amar el pan moreno y descubrí el pa amb oli. Pero de todas las formas en las que lo coma, la que sigue sin cansarme, es comerlo solo. Soy capaz de comer una barra, una hogaza entera, y no comer nada más. Soy así de básica, así de primaria.


La única condicion es que el pan sea bueno. O al menos, que no sea malo del todo, que a estas alturas una ya ha aprendido a pactar con la realidad y aquello de que lo mejor es enemigo de lo bueno me vuelve a la cabeza una y otra vez.
Espero tener un nuevo horno dentro de poco. Ya os contaré y os lo confirmaré, si al final llega el caso. Y es que desde que me mudé a este país los panes han cambiado completamente. La harina es distinta, no consigo levadura fresca de panadero salvo en una tienda polaca a la que solo puedo acercarme de cuando en cuando, y el horno es... digamos que temperamental. Claro, que por mucho temperamento que tenga, no sabe con quién ha ido a dar.
Veremos si en el nuevo las cosas cambian, porque lo que noto aquí es que las cortezas son muy suaves, como de pan de molde, no importa el tipo de pan que haga. Supongo el horno es el principal responsable. Veremos si puedo solucionar eso.
En cualquier caso, os dejo aqui un pan trenzado que es espectacular para presentar entero, queda con una miga perfecta, y que a mí me encanta. La receta es de un panadero famoso por estos lares, Paul Hollywood.




Pan trenzado

Ingredientes
250 gramos harina blanca de fuerza
5 gramos de sal
1 sobre de levadura -para panaderia- desecada (7 gramos)
10 ml de aceite de oliva
170 ml agua a temperatura ambiente
1 huevo batido, con una pizca de sal, para pintarlo

Preparación
Mezcla la harina, la levadura, el aceite y la sal (evita poner juntas levadura y sal, ya que esta inhibe las propiedades de la levadura)  en un bol grande. Añade luego 3/4 partes del agua y vuelve a mezclar con las manos. Trabaja la masa y añade el resto del agua. Amasa unos 10 minutos hasta que la masa esté elástica y flexible, ni seca ni dura. Pon la masa en un bol pintado con unas gotas de aceite. Cubre con film de cocina y deja que doble su volumen, aproximadamente una hora.
Golpea la masa con el puño cerrado un par de veces, para desgasificarla. Ponla sobre una superficie ligeramente enharinada y forma una bola. Divídela en 3 partes y estíralas, dando forma a lo que serán los cabos de la trenza. Une los extremos y aplástalos ligeramente para que se mantengan unidos. Haz una trenza y ponla sobre una placa de horno cubierta con papel de hornear o con una lamina de silicona. Remete los extremos hacia abajo para que los extremos queden limpios. Deja levar de nuevo a temperatura ambiente durante una hora, hasta que vuelva a duplicar su volumen. Al final del levado, precalienta el horno a 200º. Pinta la trenza con el huevo batido ligeramente salado y hornea unos 25 minutos hasta que esté dorada y suene a hueco cuando golpees con los nudillos la base. Deja enfriar en una rejilla.

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