Tartaletas de carne especiada con yogur

abril 30, 2012


Debo empezar diciendo que esto es más una idea que una receta. Ojeando una revista de cocina hace unos días vi de pasada algo parecido a esto. Se me quedó la idea, y una cosa llevó a la otra. Naturalmente, lo que se me quedó fue la idea, porque en cuanto no hago repostería - ahí sí, señoras, hay que ser escrupulosamente rigurosas con las cantidades y las proporciones, porque al fin y al cabo, es una reacción química y yo aún estoy lejos de poder inventar las proporciones sin guía- o no reproduzco una receta para el proyecto 1080fotos de cocina, que ahí sí que las sigo a pies juntillas para no desvirtuar el resultado con mis aportaciones- en fin, que salvo en estas dos situaciones, lo de seguir una receta al pie de la letra me da un perezón tremendo. Debe de ser que mucho de mi espíritu libertario me lo guardo para los fogones. De hecho, ha habido veces en que he tenido serias dificultades para transcribir una receta para el blog si la había hecho inicialmente sin pensar en publicarla. Realmente hay pocos platos a los que no les añada o les cambie algo cada vez que los hago. Hay mucho de abrir la nevera o la despensa e imaginar qué hacer con lo que tengo a mano en mi cocina, a ser posible en pocos minutos, y con resultados más o menos equilibrados dietéticamente y sabrosos.


Supongo que tiene que ver con el modo en que aprendí a cocinar. Creo que alguna vez ya he comentado que mi madre es una muy buena cocinera. Sobre todo, ella es la chef de su cocina. Mientras crecía, en casa todos ayudábamos con las tareas domésticas. Más allá de apagar un guiso del fuego que ella ya había dejado previamente preparado, no era mucho lo que nos dejaba hacer en la cocina. Recogíamos el cuarto, poníamos o quitábamos la mesa, y  otras tareas de casa, por turnos. Pero cocinar nunca fue algo en lo que ella se permitiera delegar. No tengo idea de por qué, la verdad, pero por la razón que sea fue así.

De este modo, salvo algunas indicaciones de palabra, tenía, por decirlo suavemente, muy poca experiencia en la cocina cuando me fui a un piso de estudiantes durante la carrera. Así que ahora podéis entender lo de abrir la nevera e intentar hacer algo con lo que fuera que hubiera allí dentro. Eramos un grupito de amigas tan organizado que cuando una cocinaba otra iba a la compra, con lo que os podéis hacer idea de la cantidad de días que faltaban la mitad de los ingredientes o que había comida a la que no sabías bien qué uso darle. Además, en ese momento, todo lo que fuera pasar más de 5 minutos cocinando se me antojaba una pérdida de tiempo inadmisible, como si todo el resto de mis actividades fuesen terriblemente más importantes y urgentes de atender. Total, que para cuando me interesó la cocina yo ya tenía de largo una buena tradición de improvisación y mezcla más que asentada en mi memoria. Después, con las niñas pequeñas, digamos que hice de la necesidad virtud y mejoré mis habilidades para conseguir que tomara forma algo a lo que apenas podía dedicar unos minutos, interrumpido por las continuas demandas de un bebé.
Así que llegamos hasta hoy. Las niñas están creciendo, pero mi modo de acercarme a la cocina sigue siendo muy práctico, y muy lúdico. Práctico porque mi vida, como la de casi todo el mundo, tiene unos horarios imposibles y no puedo dedicarle el tiempo que a veces me gustaría, así que en lugar de perseguir tener más tiempo, que no es algo que vaya a cambiar en breve, he tenido que optar por conseguir resultados aceptables en un momento; y lúdico, porque me gusta cocinar y ya tengo tantas obligaciones a lo largo del resto del día que esos pocos minutos que puedo pasar cocinando, intento que sean tan divertidos como pueda.


Por eso: no, no sigo una receta. Rara vez puedo dedicar tiempo a hacer una compra en el mercado, a elegir el producto y demás, si no se trata de un evento especial. La mayoría de las veces algo me da una idea y ya el resto funciona solo, con mucho de intuición y cada vez más de experiencia. Y sobre todo, con el método más antiguo y más seguro que existe para aprender: prueba y error, y practicar, practicar y practicar. Así que con una ligera idea de lo que debía ser el plato final, hice este.
Otra vez uso pasta filo, ya os dije que últimamente me da mucho juego. Hay que tener cuidado de que no se tueste demasiado, -como podéis ver que me pasó a mí-, porque ya veis que lo de estar haciendo varias cosas a la vez es lo que tiene: hay daños colaterales como éste.
En mi descargo diré que de sabor estaban muy bien, y por eso me animo a publicarlas.

Tartaletas de carne especiada con yogur 

Ingredientes (para 6-8 unidades)

200 gramos de carne picada (mezcla de ternera y cerdo)
1/2 cebolla
Aceite de oliva
1 cucharadita de ras-el-hanout
2-3 cucharadas de agua (o de caldo de carne)
8-10 hojas de pasta filo
125 ml de yogur griego para acompañar




Preparación
Poner el aceite en una sartén y sofreir la cebolla a fuego medio. Cuando casi esté hecha, añadir 1 o 2 cucharaditas de ras-el-hanout y mezclar bien. Añadir la carne, darle unas vueltas a fuego fuerte, para que pierda su color crudo, añadir unas cucharadas de agua o caldo, rebajar el fuego y dejar cocinar unos 10 minutos.
Precalentar el horno a 180 grados. Pintar con aceite unos moldes individuales del tipo de los de madalenas. Doblar una hoja de pasta filo sobre sí misma formando un cuadrado un poco más grande que el molde y cortar con unas tijeras los pliegues que quedan doblados en el borde, para que queden todas las láminas a la vista. Poner en los moldes, rellenar con la carne y llevar al horno unos 8-10 minutos, o hasta que la pasta empiece a tostarse. servir templados acompañados de yogur griego, queso freco batido, o tipo quark, o similar. Espolvorear con un poco de Ras-el- hanout si se desea.




NOTA: Como he dicho antes, esta receta es más una guía que una receta en sí misma. Puedes cambiar el ras-el- hanout por curry, o reutilizar un resto de boloñesa para rellenar estas tartaletas. Y si prefieres una opción dulce, puedes rellenar la pasta filo de unas frutas salteadas con azúcar y acompañarlo de yogur o una natilla o un helado de yogur, nata o vainilla, o caramelo, y tienes un postre delicioso. ¿Hace falta que siga? ¡Ya veis que empiezo y no paro! Feliz semana.

Tarta de espinacas

abril 23, 2012

20 de abril es el nombre de una canción de los 90 que solía gustarnos mucho a J y a mí. -sí, está claro que ya vamos teniendo una edad- y es también la fecha en la que nació mi segunda hija, hace 4 años. Todos los nacimientos son un pequeño milagro. El de S. lo fue un poco más para nosotros. Esta semana, además de traernos felicidad, ha conseguido que un par de veces la tuviesemos que reñir con poca convicción, intentando controlar la carcajada. La primera fue cuando después de haberla visto con la comida del pez en la mano por la mañana, vi luego que la pecera tenía medio bote de comida dentro. Obviamente, ella había decidido que los tres o cuatro copos diarios eran poco para su pez, y esperó a que nos diésemos la vuelta para darle lo que parecía una ración más aceptable. Un par de horas después, el collage que estaba haciendo acabó con su pantalón roto de unos buenos tijeretazos, sin arreglo posi ble, y su carita de niña buena que no entendía nada, y mis intentos por reñirla sin reírme. Y ella, toda orgullosa, con sus recién estrenados 4 años, y yo recordando hoy que muchas veces tomamos por descontado cosas tan sencillas como ver crecer sanos a nuestros hijos, y asistir a sus pequeños descubrimientos, a sus grandes disgustos por tonterías, a sus exigencias, a sus urgencias, y a su risa tan de verdad, a su felicidad desbordante. 
Muchas veces necesito recordarme estas pequeñas cosas. De hecho, si lo he escrito aquí es para no olividarlo, para que no se diluya en la prisa y las urgencias del día a día, y tener un recuerdo preciso de este momento. 
Después de tanta introspección, una se da cuenta de que hay que correr de nuevo a hacer la cena y necesita alguna receta rápida, casi instantánea, con algo de verdura, que llene lo suficiente para ser un plato único, y se haga casi, casi sola, como esta tarta de espinacas.



Esta es una versión bastante aligerada de una clásica tarta de espinacas con hojaldre, básicamente, porque yo últimamente estoy jugando con la pasta filo como si fuera un hojaldre sin mantequilla entre sus finísimas capas. El resultado que se consigue es similar (obviamente, no tiene la mantequilla entre las capas que es lo que hace inconfundible las masas hojaldradas) por lo crujiente, pero mucho menos pesado. Si además, el relleno se prepara con espinacas, unas pasas y un poco de queso descremado, el resultado es una tarta muy apetecible, muy fácil, muy rápida, y muy, muy rica.



Tarta de espinacas

Ingredientes

8-10 hojas de pasta filo
200 gramos de espinacas frescas en hojas
50 gramos de pasas
200 gramos de queso crema (cottage, philadelpia o similar)
1 cucharada sopera de aceite
Sal y pimienta


Preparación 
Precalentar el horno a 180º. Poner en una sartén el aceite, saltear las espinacas con las pasas y reservar. Dejar templar ligeramente fuera del fuego, y mezclar con el queso. 
Pintar ligeramente con aceite el molde, extender las hojas de pasta filo, una encima de otra y recortar el borde. Llevar al horno hasta que cuaje la mezcla y la pasta esté dorada y crujiente, unos 8-10 minutos.

Ensalada de trigueros, con fresas

abril 18, 2012


Cómo disfrutar de los productos de temporada en un minuto, con un resultado de sabor espectacular y sin ninguna complicación: así debería llamarse esta receta. En realidad, son las ganas de llevar la primavera al plato lo que ha hecho que esta ensalada funcione tan bien. Me encantan los espárragos trigueros. Es cierto que ahora los encuentras casi todo el año en las estanterías del súper, pero cuando es temporada se me hace la boca agua adelantando su sabor recién asados a la parrilla. Las fresas -bueno, en realidad los fresones, porque ya ni recuerdo cuándo vi las últimas fresas por aquí- también lo inundan todo con su temporada tan corta, pero tan intensa. Y en estas semanas en las que hay fresas y hay espárragos, y están los dos en su mejor momento, puedes hacer esta combinación en un par de minutos. Te garantizo que no te dejará indiferente. Por lo demás, las fresas con su punto ácido funcionan muy bien en ensaladas, así que incluso si te apetece sólo añadir unos fresones a la lechuga, le cambiarás la cara y convertirás tu ensalda habitual en otra bien privameral.
No digáis que no os lo advertí: acabo de descubrir lo genial que quedan las frutas en ensalada, y no me canso de probar.



Ensalada de fresas y espárragos con queso feta


Ingredientes

Un manojo de espárragos trigueros
Un puñado de fresas (o fresones)
Queso feta (aproximadamente)
Aceite de oliva virgen extra
Sal marina gruesa o sal en escamas

Preparación.


Limpiar los espárragos, cortando la parte dura del tallo. Lavarlos bien y escaldar en una cazuela con agua hirviendo durante 20 segundos. Pasar por el chorro de agua fría para detener la cocción. Secar y asar a la parrilla o a la plancha. Añadir sal gorda.
Limpiar y cortar las fresas. Secarlas bien.
Poner en un plato los espárragos, repartir por encima las fresas y terminar con el queso feta desmigado. Aliñar con un chorro de aceite de oliva virgen extra.

1080 fotos de cocina. Pollo con cerveza

abril 16, 2012


Si alguien me hubiera dicho que esto es propiamente una receta, y que aparecía en el libro de Simone Ortega, me hubiera muerto de la risa. Señores, esta receta es de mi madre! Con este proyecto estoy descubriendo que muchas de las recetas de mi casa están en este libro. Y no, mi madre jamás tuvo un ejemplar.
Esta es una de las mejores formas de cocinar el pollo: queda rico, pero la salsa es un vicio auténtico. Se prepara en unos minutos, y luego solo hay que darle un par de vueltas. Una maravilla.
Esta es mi contribución al proyecto 1080 fotos de cocina de este mes.
¿Es o no es protagonista la salsa?

Espagueti con salsa de piquillos, anchoas y alcaparras

abril 10, 2012


Esta es una de esas recetas que te apañan una comida en un par de minutos, pero se sale de lo de siempre. En lo que tardarías en llamar al chino o a la pizzería -añádase aquí la comida a domicilio a la que estés más enganchada- tienes un plato de pasta con un toque diferente, y casero.
Aviso para navegantes: esta salsa tiene un sabor muy intenso, no apto para paladares poco aficionados a sus ingredientes, porque están más que presentes. Si no adoras absolutamente el pimiento, (de ahí el color de la salsa) mejor añade unas cucharadas de salsa de tomate a la mezcla para suavizarlo. Por lo demás, esta receta es apta para todo el que sepa endender su cocina. Toda la dificultad que entraña es cocer la pasta al dente. 


Espagueti  con salsa de piquillos, anchoas y alcaparras
Ingredientes (para 4 personas)

200 Espagueti
150 gramos de pimientos del piquillo en conserva
8- 12 unidades de anchoas en aceite de oliva (aproximadamente 2 o 3 anchoas por ración)
Alcaparras
3-4 cucharadas soperas de tomate frito (opcional, sólo si no te encanta el sabor de los pimientos)

Preparación
Lo cierto es que con ver la lista de ingredientes y las fotos, pocas indicaciones hacen falta. La única precaución es seguir las instrucciones de cocción de la pasta, para dejarla al dente y que quede suelta. Mientras cuece la pasta, poner en la batidora los pimientos del piquillo escurridos, batir y salpimentar. (Si el sabor te resulta muy fuerte, se puede añadir un chorrito de aceite de oliva o un par de cucharadas de tomate frito, hasta rebajar el sabor del pimiento al gusto). Escurrir la pasta, y servirla con la salsa de piquillos,  las anchoas cortadas por ecima y las alcaparras escurridas.


Hummus

abril 05, 2012


Sí, ya sé que vivir en Mallorca da mucha, mucha, envidia en la península. Ya sé que los blogguers mallorquines nos vemos con cierta frecuencia y nos dedicamos a contar lo bien que lo pasamos, y eso da más envidida. Y ya sé que ahora está haciendo un tiempo de perros en casi todas partes, y por eso os voy a dar otro poco más de envidia con las fotos de un día de campo genial que tuvimos hace un par de fines de semana (sorry por no estar al filo de la actualidad, pero qué le voy a hacer: llevo unas semanas que no me da para casi nada).

Caty nos invitó a pasar el día en su casa de campo en el centro de la isla. Y entre todos hicimos una comida de lo más apañadito. Es lo que tienen las comidas de bloggers. No nos engañemos, siempre hay cierta tensión a la hora de elegir qué llevar, porque todos nos esmeramos por mostras nuestras mejores creaciones, pero lo que es seguro, seguro, es que siempre comemos de maravilla. Como además la buena compañía está garantizada, porque ya vamos siendo un grupo de asiduos, lo de pasar un día comiendo, hablando, haciendo risas y fotos siempre es divertido. 



Juana y yo pusimos los entrantes. Ella llevó una quiche con cebolla, rúcula  y manzana absolutamente espectacular. (más abajo os cuento los entrantes que yo llevé). Germán y Sara prepararon una paella. (bueno, y un par de panes caseros de morirse).  Fue todo un espectáculo verles trabajar juntos. Además de ser un encanto, son una de esas parejas que no se pueden imaginar por separado. Todo en ellos es como ver bailar a una pareja de bailarines que está tan compenetrada y se conoce tan bien, que antes del siguiente paso cada uno ya sabe qué va a hacer el otro. Y esto, también se veía de maravilla viéndoles hacer juntos la paella. Así que entre eso, y que quería hacer algunas fotos, terminé haciendo este reportaje gráfico de cómo hacer una paella de marisco.






 




En los postres fue donde más competencia hubo, porque somos todos unos golosos de campeonato, y como buenos bloggers, hacer postres nos vuelve locos a todos. Rosi trajo unos cuadraditos divinos de limón y fresa y otros de avena, nueces y Nutella. Manu trajo una Sacher versionada que también estaba de muerte, Fran hizo de modelo de manos para estas fotos (¿a que tiene unas manos preciosas?), y Teresa llevó esta tarta de avellanas y harina de algarroba y -y esto sí que son palabras mayores- LA TARTA. Con todos mis respetos a todos los demás, queridos amigos: esta tarta es la bomba. Es la estrella de su recetario y después de probarla os puedo asegurar que está más que justificado. Es la mejor tarta de fresas con nata que he comido. Y eso lo dice alguien que no es amante de la nata. De verdad que está ya incorporada al mío como tarta de cumples y celebraciones. Hay que probarla, y más ahora, que están en temporada las fresas. Teresa: gracias por compartir esta receta tan deliciosa!

Bueno, mi discreta aportación a la comida, entre tanto lujo fueron un par de fougasse y varios panes de pita, con caviar de berenjena y manzana verde para picar, que ya había hecho antes y que puedes dejar preparados de antemano. Y aunque ya sé que nunca es buena idea probar una receta nueva cuando tienes un compromiso, me animé a hacer este hummus. Aunque no lo podáis creer, nunca había hecho hummus en casa. No era santo de mi devoción, pero es que creo que no lo había tomado demasiado bueno. 
La conclusión: que no puede ser más fácil y más rico; y que si no te quieres liar a hacer panes y demás, hay muchas opciones de panes para picar comerciales que te resuelven el aperitivo. Además, lo bueno del hummus es que lo puedes dejar preparado de atemano en el frigo. Simplemente, ten la precaución de cubrir la superficie con un par de cucharadas de aceite, para evitar que se seque, y te aguantará unos días en la nevera. 
Definitivamente, no será la última vez que lo haga, porque nos gustó mucho. 
¿Qué, os he dado un poco de envidia? Pues animaos y os pasáis a conocernos cuando estéis por la isla. Lo que es seguro es que comer, comeremos muy bien. 

Hummus

Ingredientes
500 gramos de garbanzos cocidos (si son de bote, muy bien aclarados varias veces, hasta que el agua salga sin una sola burbujita)
3 cucharadas soperas de aceite de oliva
3 dientes de ajo
Zumo de limón (1 o 2, al gusto)
1/2 cucharadita de comino en polvo
1/2 cucharadita de pimentón dulce
Sal

Poner los garbanzos en una sopera con los ajos, una pizca de sal, y medio litro de agua. Cocer 5 minutos. Escurrir y conservar el agua de cocción.
Poner en el vaso de la batidora los garbanzos y los ajos, y añadir el zumo de limón, el aceite y batir. Añadir las especias y batir bien. Ajustar añadiendo agua si fuera necesario (cucharada a cucharada), rectificar de sal, y servir acompañado de este pan de pita.

 
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