24 marzo 2015

Rollitos de canela estilo americano - Sticky cinnamon buns - y 5 años de blog




Todas las que hayáis tenido que cambiar de ciudad (y sobre todo de país)  entenderéis perfectamente esto. Hay un par de cosas que son una tortura cada vez que haces una mudanza. Más allá del empujón inicial, una vez instalada, yo siempre tengo que enfrentarme -con una suerte desigual, todo hay que decirlo- a esas pequeñas cosas del día a día que parecen una frivolidad pero que son un auténtico fastidio. Para mí hay dos cosas básicas en esta categoría:
Uno: encontrar peluquería
Dos: manejarte con las tiendas de ropa.

Y no, no os confundáis. Si las dos cosas son un problema no es porque para mí un día ideal sea ir de tiendas y terminar dándome un capricho en la peluquería. Más bien, todo lo contrario. Lo creáis o no, yo soy de esa clase de mujeres para las que ir de compras no es un pasatiempo, sino una obligación. Así que cuando no eres demasiado fan de ninguna de las dos cosas, pero tienes que hacerlas y el resto del mundo es testigo de tu dudosa habilidad para ambas, lo de estar teniendo que empezar de cero cada vez es una pequeña tortura. 
Sí, claro que parece una frivolidad, pero cuando tienes un pelo mediterráneo (grueso, ondulado y con volumen) que no todos los peluqueros saben manejar, imagínate lo difícil que es encontrar a tu nuevo Rupert en cada nuevo sitio.
De todos modos, lo mío es de nota, porque incluso cuando no era yo la que se movía, se me mudaban los peluqueros. En Palma hubo un chico que consiguió que las visitas a la peluquería no fueran un disgusto seguro, sino que hasta me gustase (cosa bastante improbable, porque no cualquier peluquero ha estado a la altura de mi melenaza, -ahí lo dejo). Para cuando ya nos habíamos acostumbrado el uno al otro, me partió el corazoncito al decirme que se mudaba a Ibiza. Los años siguientes fueron un cambio de peluquería de nombre en peluquería de nombre, hasta que me harté de pagar el nombre de franquicias en las que me cobraban una pasta por un servicio digamos que mejorable, por aquello de no hacer sangre, y terminé probando las peluquerías de barrio que tampoco eran tan diferentes.
Pero entonces tenía un pelo largo que podía aguantar mejor según qué desastres. Ahora tengo otra vez el pelo muy corto. Y no puedo evitar necesitar a mi Rupert más a menudo. Y eso no es tarea fácil. De momento aquí estoy haciendo otra vez la ruta de las peluquerías más o menos conocidas, porque me impone acabar teniendo que llevar gorro durante semanas. Pero to be honest, como dicen por aquí, no estoy nada convencida. Solo espero que mi Rupert esté por ahí, en alguna parte, esperando a que lo encuentre y así poder dejar de agobiarme cada vez que me toca cortarme el pelo.


Como podéis ver, la cosa tiene bastante poca gracia. Pero además, está la segunda parte. No sé si os pasa a vosotras, pero para mí lo de volver a encontrar los sitios en los que comprar ropa cada vez que me mudo me fastidia también bastante. Cuando no eres fan de ir de compras lo más probable es que evites hacerlo hasta que ya no queda más remedio: es decir, cuando necesitas algo porque literalmente te hace falta. Y no, no me refiero al tópico “no tengo qué ponerme”. Me refiero a tener que reponer vestuario desesperadamente porque lo has estado evitando más tiempo del que tú misma sabes que es razonable. Pero es que yo me paso el día en una oficina que no tiene tiendas cerca (es decir, no puedo irme a mirar escaparates en la hora de la comida ni nada parecido), y cuando no estoy trabajando se me ocurren mil otras cosas que hacer antes que ir de compras. Así que os podéis imaginar que cuando voy, a la segunda tienda en la que me pruebo algo ya me satura, me canso, me aburro, me convenzo de que es un rollo y vuelvo a casa con los mismos pantalones negros que tenía que jubilar. Así que si eso me pasaba donde más o menos controlaba las tiendas y las marcas en las que al menos podía encontrar mis habituales, imaginad mi frustración cuando aquí tuve que empezar de nuevo. Un rollo mortal que sigo sin tener resuelto. Sí, lo de Internet está muy bien, pero me sigue haciendo falta probar la ropa para hacerme una idea.
No os podéis imaginar el disgusto que tengo desde que la única tienda de Zara que había en Belfast está cerrada por reformas. Os sonará a chiste, pero cuando no tienes pasión por la ropa, Zara es ese territorio familiar y conocido que te asegura que al menos encontrarás tus habituales. Y llevan desde enero de reformas. Y yo estoy huérfana de verdad. No os podéis imaginar el disgusto que tengo. Seriously, people.

Así que para quitarme el sofocón, mejor mirar atrás y recordar que hace así como 5 años que empecé este blog. Ha pasado no sólo mucho tiempo, sino también muchas cosas. En el blog, en mi vida, en mi trabajo, en Internet, en el panorama de blogs de cocina, en mi propio interés por la gastronomía y la cocina, en mi propia dedicación al blog.
Pero supongo que de alguna manera el haber llegado hasta aquí no deja de ser motivo de celebración. Mola mirar atrás y ver lo que  he hecho y lo que he aprendido, y ver cada foto y cada receta y cada comentario y recordar el momento exacto, lo que aprendí, lo que me hubiera gustado hacer de otra forma, lo que está bien, lo que me encanta. No sé si habrá un sexto año, pero los rituales tienen magia y no soy quién para quitársela a este momento.
En los últimos años había vuelto a repetir la misma receta con motivo del cumpleaños del blog. Pero como todo en este blog, nada está escrito en piedra, nada es definitivo ni rígido, ni imposible de cambiar. Así que en lugar de los pulla de canela que fueron mi primera receta y a la que me ha gustado volver cada vez que el blog ha cumplido un año, hoy he preparado otra alternativa a esta receta. Si he repetido tanto los bollitos de canela es porque a mi beta tester le encantan. No los hago solo para el blog. Es una de las recetas que más se repite en casa, porque es lo primero que me dice para acompañar un café cuando hace unas semanas que no preparo nada.  He probado muchas variaciones y muchas recetas intentando mejorar la receta original. Ya sabéis que me aburro si siempre hago lo mismo, qué le voy a hacer. Pero estoy considerando seriamente dejar de hacer pruebas con esto, porque él mismo me dijo en algún momento: “en serio, que la receta original no tiene ningún problema, si a mí es la que más me gusta….”
Esta de hoy me gusta porque los bollitos quedan algo húmedos y jugosos, y el resultado es más que bueno. No, no son bollitos de canela finlandeses. En este caso, son bollitos de canela tipo americano. Pero también están ricos y me apetecía tener esta receta también aquí en el blog.
No tengo ni idea de lo que me va a traer el nuevo año del blog, pero quién sabe, igual uno de estos días puedo pasarle esta receta a mi nuevo Rupert, si lo encuentro y es goloso.
Feliz año.


Bollitos de canela (para unas 12 – 15 unidades)

450 gramos de harina de fuerza
50 gramos de azúcar
85 gramos de mantequilla
7 gramos de levadura de panadería seca (1 paquetito)
2 huevos batidos
150 ml de leche entera
Aceite de girasol para pintar el molde

Para el relleno
50 gramos de mantequilla
2 cucharaditas colmadas de canela
85 gramos de azúcar moreno
1 huevo batido para pintarlos antes de hornear


Pon la harina, azúcar y 1 cucharadita de sal en un bol. Añade la mantequilla en trocitos y mezcla con las manos hasta conseguir una textura como de pan rallado. Añade la levadura y los huevos batidos. Añade la leche y mezcla bien hasta obtener una masa suave (es posible que tengas que añadir algo más de leche). Bate con el gancho amasador de la batidora unos 7 minutos, o amasa a mano unos 15 minutos, hasta que la masa esté  suave y lisa. Pinta con aceite la base de un bol y deja reposar la masa cubierta de film de cocina o con un paño de cocina. Deja levar en un sitio cálido durante una hora o hasta que haya doblado su tamaño.
Una vez haya levado la masa, amasa ligeramente para quitarle el exceso de aire y extiéndela en un rectángulo trabajándola con un rodillo.
Funde la mantequilla, pinta la masa con la mantequilla derretida y espolvoréala con la mezcla de canela y azúcar moreno, repartiendo bien por toda la superficie. Si quieres, puedes añadir unas nueces u otro fruto seco al relleno. Yo prefiero los rollitos clásicos, sin frutos secos.
Enrolla la masa como si hicieras un brazo de gitano, intentando conseguir un rollo lo más apretado que puedas. Corta el rollo en piezas de tamaño similar.
Lleva los bollitos a una fuente apta para horno pintada con mantequilla. Pon los rollitos en ella, teniendo en cuenta que crecerán mucho.
Déjalos de nuevo a levar, al menos otra media hora.
Píntalos con el huevo batido una vez hayan levado (si quieres, puedes espolvorear algo más de azúcar moreno por encima) y llévalos al horno a 180º durante 30 minutos.



13 comentarios:

  1. Feliz cumpleblog Macu!! ¿cuando vienes por aquí? el Zara de Borne también está de reformas, pero siempre nos queda el de Avenidad y Porto Pi XD!

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    1. Mil gracias, preciosa. De momento no voy a poder acercarme, pero a ver si hacemos por vernos pronto. Ya te sigo y te veo más cañera que nunca. cool!!!!

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  2. Si es que al final las cosas cotidianas son las que más nos importan. feliz cumpleblog!! estos bollitos tambien nos encantan en casa, yo los hago con nocilla, con mermelada...

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  3. Ohh...5 años!!! Increíble como pasa el tiempo, felicitaciones, siempre me encanta leer y encontrar tus recetas.
    Oye, y nos frivolidad, nada, yo creo que es básico encontrar LA peluquería, la que mejor se acomode a ti, e imagino que en un país extraño la cosa se complica, más aún si están en otro idioma.

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    1. No, si ya tengo mi vocabulario, no creas :-) mil gracias por tus felicitaciones. Me encantan siempre tus comentarios.
      Un beso.

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  4. Felicidades!! Y espero que sean muchos más y yo los vea, jeje.
    No te preocupes, tarde o temprano encontrarás a tu peluquero ideal, yo quizás lo pasaría peor con encontrar una tienda de zapatos, jeje.
    Un beso fuerte!

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    1. Lo de los zapatos no lo llevo mal... de momento! Un abrazo enorme

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  5. Comprendo tu pequeño drama cotidiano. Para mí el tema de la peluquería también es espinoso, y sin tener que cambiar de país, ciudad y casi ni siquiera pueblo. ¡Feliz inicio de tu 6º año bloguero! Huelga decir que estos bollitos de canela tienen una pinta...

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  6. Yo te entiendo, estoy intentando cambiar de peluquería ¡en mi propia ciudad!, y no termino...con lo que fueraaaaaa.....cuando yo vivía en Londres primero y luego en Rochester (USA), no tenía estos problemas, no tenía necesidad de teñirme cada 15 días....que es lo que me pasa ahora..así que optaba por peinarme en casa....pero si fuera ahora, probablemente me dedicaría a probar cada mes una diferente....hasta encontrar la que me gustara.......y si les llevas estos rollitos reina....¡caeran rendidos a tus pies!.....somos gemelas de blog, el mío hará 5 años en Octubre también.
    Besos guapa
    Marialuisa

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  7. Me encantan estos rollitos de canela y hace tiempo que no los hago , además esta receta es diferente a las que tengo ... besos

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  8. ¡Muchas Felicidades! Cinco años dan para mucho. Te empecé a leer con los bollitos de canela del primer aniversario y me ha encantado ver hoy otra vez los bollitos de canela. Casi hasta me he emocionado porque cuando te leí por primera vez estaba con una excedencia por el nacimiento de mi hija que cumple los cinco años en noviembre. Echo la vista atrás y pienso ¡Cómo cambia la vida! Pero hay algún que otro referente que nos recuerdan los que fuimos y me he dado cuenta que tus bollitos de canela son uno de ellos. Muchas gracias y a seguir.¡¡¡ ya deseando leer los bollitos del años que viene!!!

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