El invierno en Mallorca es increíble. La luz que sigo teniendo cada día me sigue sorprendiendo. Tal vez antes no lo apreciaba tanto. Desde que uso la cámara, me tiene loca.
Cuando estudié historia del arte un profesor nos hablaba del impacto que supuso para Van Gogh el descubrimiento de la luz del Mediodía francés, siendo holandés. Yo lo anoté en mi cuaderno, pero no dejó de parecerme la exageración de una personalidad exagerada como la de Van Gogh.
Pero yo viví tres años en Finlandia, y de ahí, un buen día de febrero me planté directamente en Mallorca. Y fue exactamente en ese momento cuando regresaron esas palabras, con la brutalidad de la luz del primer invierno mediterráneo golpeándome en los ojos con una fuerza desconocida. Me recuerdo a mí misma recordando las palabras de mi profesor, y viendo como en una película en mi cabeza las pinturas flamencas con sus tonos mortecinos, y el color salvaje de los campos de trigo del sur de Francia de Van Gogh.
Y de pronto, ahí estaba, toda esa luz en pleno invierno.
Todo esto viene a que incluso un domingo por la tarde de noviembre esta luz entra por la ventana de mi casa, y lo inunda todo. Ahora dura menos, mucho menos que en los veranos de días inacabables, pero incluso así, es un regalo que no siempre había apreciado en todo su valor. Hoy me siento afortunada de poder compartirlo.
Hoy además de la luz de este postre tan blanco, tengo que compartir otro pequeño descubrimiento para mí: este es mi primer postre utilizando agar agar como gelificante.
Si habéis leído alguna otra entrada, seguro que os suena mi aversión a la gelatina de origen animal. Sin embargo, no había probado hasta ahora este gelificante, y os puedo asegurar que este es el principio de una gran amistad. (Si prefieres, puedes cambiarlo por gelatina neutra y hacer igual el resto de la receta, siguiendo las indicaciones del fabricante para disolverla).
Por mi parte, quería probar con la textura y el sabor, y lo cierto es que el resultado me ha gustado mucho. Para que no fuese excesivamente neutro de sabor, le añadí el aroma de azahar, que funciona de maravilla con la naranja (no podía ser de otra manera), y el contrapunto amargo de un poco de chocolate negro.
Panna Cotta de yogur y azahar
Ingredientes (para 4 personas)
Para la Panna Cotta
3 gramos de agar agar (en alga, no polvo)
200 ml nata (35% materia grasa)
2 yogures naturales (de 125 ml cada uno)
60 gramos de azúcar blanco
2 cucharadas soperas de esencia de azahar
Para acompañar
Chocolate
Sirope de chocolate
Mermelada de naranja con trocitos de naranja.
Preparación
Poner las algas en un cazo. Poner nata a temperatura ambiente justo para cubrirlas y dejarlo en remojo unos 15 minutos. Verter el resto de la nata y poner el cazo a fuego medio. Llevarlo a ebullición y mantenerlo unos 4 o 5 minutos, o según indicación del fabricante. Añadir el azúcar y dejar que se disuelva. Retirar del fuego. En este momento debería estar todo disuelto. Si no es así, batir bien. Añadir la esencia de azahar y mezclar. Mezclar con los yogures y batir de nuevo. Verter sobre moldes individuales ligeramente engrasados con aceite y dejar enfriar completamente. Una vez frío, cubrir con papel film y llevar al frigorífico.
Para servir, acompañarlo de mermelada de naranja y chocolate en trocitos o virutas, y sirope de chocolate.


























