PANNA COTTA DE YOGUR Y AZAHAR

noviembre 29, 2010

El invierno en Mallorca es increíble. La luz que sigo teniendo cada día me sigue sorprendiendo. Tal vez antes no lo apreciaba tanto. Desde que uso la cámara, me tiene loca.
Cuando estudié historia del arte un profesor nos hablaba del impacto que supuso para Van Gogh el descubrimiento de la luz del Mediodía francés, siendo holandés. Yo lo anoté en mi cuaderno, pero no dejó de parecerme la exageración de una personalidad exagerada como la de Van Gogh.
Pero yo viví tres años en Finlandia, y de ahí, un buen día de febrero me planté directamente en Mallorca. Y fue exactamente en ese momento cuando regresaron esas palabras, con la brutalidad de la luz del primer invierno mediterráneo golpeándome en los ojos con una fuerza desconocida. Me recuerdo a mí misma recordando las palabras de mi profesor, y viendo como en una película en mi cabeza las pinturas flamencas con sus tonos mortecinos, y el color salvaje de los campos de trigo del sur de Francia  de Van Gogh.
Y de pronto, ahí estaba, toda esa luz en pleno invierno. 
Todo esto viene a que incluso un domingo por la tarde de noviembre esta luz entra por la ventana de mi casa, y lo inunda todo.  Ahora dura menos, mucho menos que en los veranos de días inacabables, pero incluso así, es un regalo que no siempre había apreciado en todo su valor. Hoy me siento afortunada de poder compartirlo. 

Hoy además de la luz de este postre tan blanco, tengo que compartir otro pequeño descubrimiento para mí: este es mi primer postre utilizando agar agar como gelificante. 
Si habéis leído alguna otra entrada, seguro que os suena mi aversión a la gelatina de origen animal. Sin embargo, no había probado hasta ahora este gelificante, y os puedo asegurar que este es el principio de una gran amistad.  (Si prefieres, puedes cambiarlo por gelatina neutra y hacer igual el resto de la receta, siguiendo las indicaciones del fabricante para disolverla).
Por mi parte, quería probar con la textura y el sabor, y lo cierto es que el resultado me ha gustado mucho. Para que no fuese excesivamente neutro de sabor, le añadí el aroma de azahar, que funciona de maravilla con la naranja (no podía ser de otra manera), y el contrapunto amargo de un poco de chocolate negro.


Panna Cotta de yogur y azahar 
Ingredientes (para 4 personas)

Para la Panna Cotta
3 gramos de agar agar (en alga, no polvo)
200 ml nata (35% materia grasa)
2 yogures naturales (de 125 ml cada uno)
60 gramos de azúcar blanco
2 cucharadas soperas de esencia de azahar

Para acompañar
Chocolate
Sirope de chocolate
Mermelada de naranja con trocitos de naranja.

Preparación
Poner las algas en un cazo. Poner nata a temperatura ambiente justo para cubrirlas y dejarlo en remojo unos 15 minutos. Verter el resto de la nata y poner el cazo a fuego medio. Llevarlo a ebullición y mantenerlo unos 4 o 5 minutos, o según indicación del fabricante. Añadir el azúcar y dejar que se disuelva. Retirar del fuego. En este momento debería estar todo disuelto. Si no es así, batir bien. Añadir la esencia de azahar y mezclar. Mezclar con los yogures y batir de nuevo. Verter sobre moldes individuales ligeramente engrasados con aceite y dejar enfriar completamente. Una vez frío, cubrir con papel film y llevar al frigorífico. 
Para servir, acompañarlo de mermelada de naranja y chocolate en trocitos o virutas, y sirope de chocolate. 


Tartitas saladas de bacon y queso

noviembre 25, 2010


Siempre he pensado que los libros te dicen cosas distintas cada vez que los relees. Y es que tú no eres el mismo a los 20, que a los 30... Y esto que me parece tan evidente, nunca me había pasado con un libro de cocina.
Algo debería haber intuido, porque tengo mis libros de cocina llenos de páginas marcadas, y cuando los retomo, cambio estas marcas. Las recetas que me parecían sugerentes cuando los compré, me parecen de pronto de lo más banal. Otras que en su día descarté me sugieren ahora nuevas y diferentes combinaciones. Sin embargo, no me había dado cuenta hasta ahora de que lo mismo que sucede con la literatura ocurre con los libros de cocina.
Bueno, igual no se trata de nuevas lecturas de los libros, sino de una simple lección de humildad que estoy digiriendo con mucho gusto.
Hace varios meses compré la versión en inglés del libro de Michel Roux “Pastry”. Probé  un par de cosas. Los resultados no fueron malos pero tampoco para tirar cohetes. Pensé que simplemente era un bluf, y lo aparté.
Pero quería hacer estas tartaletas y teniendo un libro sólo de masas era absurdo no volver a intentarlo.... y esta vez sí, esta vez he de decir que el resultado ha sido brillante.
Mi conclusión en positivo: estoy empezando a ser mejor cocinera.
La cruda realidad: hace meses no estaba preparada para esto, y era la alumna y no el maestro el que no estaba a la altura.
Todo esto viene a propósito de la pasta brisa que he utilizado. Es relativamente delicada de manejar. Por eso os recomiendo pensar en alternativas si los resultados no son muy satisfactorios (mientras seguís practicando hasta que salga perfecta: prometo que la receta es brillante, y puedo hacerlo, porque no es mía). Se puede usar pasta preparada, o incluso optar por una versión ligera y hacer las tartas sin base, sólo con el relleno sobre el molde individual.
Por último: vale la pena hacer la cantidad que indico porque se puede congelar la masa que no se vaya a utilizar en el momento, o se puede hacer la primera cocción y guardar en un recipiente hermético (se supone que también congelar tras esta primera cocción, pero yo no lo he probado) varios días. Esto último es muy útil para una cena con amigos, o de cara a las fiestas. Se puede hacer la cocción en ciego y el día que se van a utilizar bastará con los 20-30 minutos de horno según el relleno que se elija. Yo incluso propongo que las uses como base para servir un plato frío: ensalada, ensaladilla de marisco, verduras salteadas, en fin, hay muchas posibilidades. 

Yo seré generosa conmigo y elegiré pensar que estoy aprendiendo a cocinar.


Tartitas saladas de bacon y queso

Pasta brisa
Ingredientes (para unos 6-8 moldes individuales)
250 gramos de harina
150 gramos de mantequilla, en trocitos y ligeramente ablandada
Media cucharadita de sal
¼ de cucharadita de azúcar
1 huevo
1 cucharada sopera de leche fría
 
Relleno (para 2 unidades)
3 huevos medianos
3 cucharadas soperas de queso crema (a mí me gusta particularmente un queso batido desnatado de Mercadona, que no me paga, pero que utilizo mucho en repostería. Alternativamente, dos cucharadas de leche, o nata –pero enriquece el plato- o queso tipo Philadelphia o similar)
125 gramos de bacon en trocitos
4 rodajas de queso de cabra
Sal
Pimienta
Aceite



Preparación
Hacer un volcán con la harina. Poner dentro la mantequilla, sal, azúcar y el huevo. Usando las puntas de los dedos, mezclar los ingredientes. Poco a poco, ir añadiendo la harina de los lados, hasta integrarla toda y obtener una masa de textura granulosa. Añadir la leche e incorporar hasta que ligue la masa. Usando la palma de la mano, trabajar la masa estirándola 4 o 5 veces hasta que esté suave. Hacer una bola, envolverla en papel film, y poner en el frigorífico hasta que se use, o congelar (aguanta bien hasta 3 meses). 
Dejar reposar al menos 20 minutos en el frigorífico. Para utilizarla, enharinar la superficie de trabajo y extender la masa con cuidado hasta tener una plancha de unos 3 mm de grosor. Cortar la masa y forrar con ella los moldes individuales. Pinchar con un tenedor la base y poner encima papel de hornear y judías o garbanzos o bolitas cerámicas para cocción en ciego, para que pesen e impidan que la pasta se hinche al hornearse. Cocer unos 10-13 minutos a 180º para tartaletas individuales. Dejar enfriar, y desechar las legumbres (yo las guardo y las uso un par de veces sólo para esto).

Para el relleno
Saltear el bacon en una sartén antiadherente sin aceite hasta que comience a tostarse. Repartirlo en las dos tartaletas. En un bol batir los huevos con el queso (o la leche o nata si prefieres) , verter sobre el bacon y terminar con el queso de cabra en trocitos o rodajas. No es necesario añadir sal porque el bacon y el queso ya le aportan suficiente, pero un poco de pimienta le va muy bien. 
Hornear en el horno precalentado a 180º durante 12-15 minutos, o hasta que haya cuajado la mezcla y esté ligeramente tostada. Se puede servir en su molde, o desmoldar con cuidado y tomar inmediatamente. 



Crema verde con croutons de queso de cabra

noviembre 22, 2010

No hace demasiado había puré de verduras en mi casa todos los días. La batidora casi funcionaba sola de la frecuencia con que batía, mezclaba y trituraba las verduras. Unos días con pollo, otros con ternera, otros con pescado. Al principio eran unos purés finos, ligeros, batidos y vueltos a batir. Luego los fui haciendo algo menos batidos, con un poco más de textura, sin terminar de triturar. Y luego dejaron de tener la parte proteica, y volvieron a ser solo un primer plato, hasta que finalmente los purés se fueron espaciando y dejé de hacerlos cada día.
Hace dos años mi bebé empezó a tomar purés. Ahora tengo una niña grande, que está a punto de empezar a ir al cole de mayores y que ha hecho todo el viaje desde la lactancia materna hasta la alimentación entera, a la que le encanta comer sólido, así que ya no toma purés cada día.
Sin embargo, le siguen encantando cuando los hago. Todavía es la forma más sencilla de que tome verduras, y no se resiste ni cree que sea comida de bebés. Ahora ella los come encantada, pero solita.
Y yo tomo las cremas de verduras con el mismo placer de un bebé que no conoce otro alimento. En realidad creo que con más, porque yo sí conozco otros alimentos, y sé lo rico que es lo que estoy tomando.
Anoche esta fue nuestra cena. Sin queso ni croutons para las peques, pero con ellos para los mayores.
No estoy segura de que el verde brillante de la crema de verduras se refleje en todo su resplacendiente atractivo en las fotos, y es una pena, porque cuando terminé de triturarlo no podía esperar a fotografiar ese fogonazo de verde brillante que había en la sopera.


Crema verde con croutons de queso de cabra

Ingredientes (para 6 personas)
1/2 cebolla blanca
1 cucharada de harina de arroz
500 gramos de patatas
500 gramos de judías verdes
500 ml de caldo de carne
6 cucharaditas de queso crema (tipo Philadelphia, Quark, etc.)
6 rebanadas de pan para tostar
6 rodajitas de queso de cabra
Aceite
Sal
Pimienta

Preparación
Poner tres cucharadas soperas de aceite en una sopera de fondo grueso y freír la cebolla a fuego medio hasta que esté translúcida. Añadir la harina de arroz y darle unas vueltas con la cuchara. Agregar las patatas cortadas en cachelos (queremos que suelten el almidón) y el caldo necesario para cubrirlas. Dejar cocer a fuego medio. Añadir las judías verdes cinco minutos después y dejar cocer 15 a 18 minutos o hasta que las patatas y la verdura estén cocidas. Batir hasta conseguir una crema fina. Probar y rectificar de sal si es necesario. Para servir, tostar una rebanadita de pan por comensal y ponerle queso de cabra por encima, poner una cucharadita de queso crema por plato, y decorar con pimienta molida.

Bollitos suizos

noviembre 18, 2010


Los bollitos suizos están unidos en mi memoria a las fiestas de cumpleaños infantiles de invierno. No lo puedo evitar, siempre que pienso en ellos recuerdo que era la merienda que nos preparaban antes de la tarta: bollitos suizos cortados en tiras de un par de centímetros de ancho con una taza de chocolate humeante y no muy negro (éramos niños). Eran bollitos recubiertos con un poco de azúcar, que se deshacían cuando los mojábamos en el chocolate.  Por eso hacíamos competiciones a ver quién se salpicaba antes, porque estábamos de cumpleaños y mamá no se iba a enfadar tanto como si fuera un descuido, jugando en casa y haciendo el tonto en el desayuno, y teniendo que cambiar la camisa recién puesta.
Imagino que este es el motivo por el que hacía años que no me acordaba de ellos: están ligados en mi memoria a la infancia. Son una merienda para niños.
Y sin embargo, hace unos días cuando bajó la temperatura y tuvimos viento y lluvia, hubo un momento en que no pude pensar en nada más reconfortante que unos bollitos suizos con chocolate caliente.  Tuve que esperar al fin de semana para prepararlos, pero los preparé, vaya si los preparé. Y estoy segura de que la niña que fui estaría encantada con esta merienda.



Bollitos suizos
Ingredientes (para 16-18 unidades)
375 gramos de harina
70 gramos de azúcar glas
16 gramos de levadura fresca de panadería (o 4 gramos de levadura seca de panadería)
125 ml de leche tibia (y algo más para pintar los bollitos)
40 ml de suero de leche (o buttermilk -en su defecto, 40 ml de leche cortada con zumo de medio limón)
40 gramos de mantequilla
1 huevo
Un poco de azúcar blanco para espolvorear.

Preparación: 
Si se utilizar levadura fresca, disolverla en la leche tibia. Mezclar la harina, el azúcar y la levadura (si es seca). Batir por otra parte la leche, el suero de leche, el huevo y la mantequilla. Poner esta mezcla con la primera y amasar bien, en amasadora eléctrica unos 4-5 minutos o hasta que quede una masa elástica y uniforme. Hacer una bola, poner en un bol ligeramente pintado de aceite, cubrir con film de cocina y dejar en un lugar cálido hasta que doble su volumen (aproximadamente de una hora a una hora y media).
Pasado ese tiempo, amasar muy ligeramente, hacer bollitos del mismo tamaño y ponerlos bien separados (aumentan su volumen en el segundo levado y al hornear) en la bandeja del horno cubierta con una lámina de silicona o papel de hornear. Dejar de nuevo que aumenten su volumen una media hora. Precalentar el horno a 180º, hacer un corte en cruz con una cuchilla, pintar con leche, espolvorear de azúcar y hornear de 8 a 10 minutos o hasta que estén dorados en la superficie. Dejar enfriar sobre una rejilla y tomar tibios.

Crema de setas, tomillo y parmesano

noviembre 15, 2010



¿Qué sería del invierno sin una buena sopa? Y sobre todo, ¿qué sería de mí sin una buena sopa en invierno, y en verano y en cualquier momento? No me canso de decirlo: Las cremas, las sopas y todas sus variaciones me encantan. Y sin embargo, es la primera vez que preparo esta sopa. Lo que es seguro es que no será la última: es rápida, es sencilla, es muy sabrosa, y bastante más ligera que la sopa de setas por excelencia que yo recordaba, la que solía comer cuando viví en Finlandia. Solían ponerla un día a la semana en el comedor de la empresa, y créelo o no, la servían como plato único. Cuando las chantarelles estallan en todo su esplendor todos los mercados se llenan de ellas, y se preparan de todas las formas imaginables. A mí no son las setas que más me gustan, pero se han quedado en mi memoria para siempre ligadas a esta crema. Nunca llegué a saber a ciencia cierta cómo la preparaban. Si algo tienen los platos tradicionales finlandeses es su obscena aportación calórica, por razones obvias, pero creo que allí descubrí lo que puede calentar el cuerpo -en el sentido más literal de la expresión-, un plato contundente de cuchara. 
Las keitto, las sopas, eran un plato habitual y normalmente único, creo que gracias a la leche, la nata y la harina. Yo he preparado esta versión de crema de setas en un momento y el resultado no ha podido ser más satisfactorio. Bastante más ligera que la kantarelli keitto, y con los sabores sutiles de las especias, el tomillo y el inconfundible parmesano, es perfecta para una cena ligera y rápida, pero de cuchara.  Yo he usado gírgolas, pero se puede preparar prácticamente con cualquier otra seta o mezcla de setas.

Con esta receta participo en el concurso  de recetas con setas que convocan  iloveaceite y La cocina de Javi 


Crema de setas, tomillo y parmesano
Ingredientes (para 4 personas)

500 gramos de setas (yo usé gírgolas)
30 gramos de aceite de oliva virgen extra
2 dientes de ajo
500 ml de caldo de carne, pollo o verduras al gusto (yo usé de carne)
50 gramos de parmesano rallado (y algo más para servir)
1/8 de cucharadita de chile en polvo
1/8 de cucharadita de comino en polvo
1/4 de cucharadita de nuez moscada
1 o 2  cuharaditas de tomillo seco (al gusto)
125 ml de yogur griego (y algo más para servir)
Brotes de germinados para decorar 




Preparación
Sofreír los ajos en el aceite y saltear las setas en una sartén grande.
Pasar las setas salteadas a la cazuela y cubrir con el caldo. Si con la cantidad indicada no es suficiente para cubrirlas, añadir el necesario para cubrirlas.
Llevar a ebullición y añadir las especias y el parmesano rallado. Cocinar a fuego fuerte unos 5-10 minutos, hasta que coja los sabores. Retirar del fuego y batir hasta conseguir una crema fina. Incorporar el yogur, batir de nuevo, y rectificar de sal. Servir caliente acompañado de un hilito de aceite de oliva virgen extra, una cucharada de yogur, parmesano rallado y brotes de alfalfa germinada si se quiere.

CRÊPES DE ARÁNDANOS Y ALBARICOQUES PARA UN BRUNCH

noviembre 11, 2010

Estoy de un francés últimamente que ni yo me lo creo. Realmente no conozco tanto de la cocina francesa, pero he de admitir que no sólo es una de las grandes cocinas del mundo, sino que a nivel técnico marca una verdadera diferencia. No se trata sólo de usar natas y quesos, como se ridiculiza a menudo, hay mucho, mucho más. Y yo sé muy poco, la verdad, pero cuanto más aprendo más entiendo por qué es una de las más respetadas del mundo. Muchas de las preparaciones clásicas en repostería, las masas, cremas y salsas son creación suya. Y realmente es muy interesante. A mí, además, me pasa como a los americanos, y muchas preparaciones francesas siguen pareciéndome muy "chic".
Bueno, bromas aparte, en su día una conocida me pasó una receta de "crêpes suzette" con mucho mimo, detallada y cuidada al milímetro que ella había conseguido sacarle a la madre de la familia con la que pasaba todos los veranos aprediendo francés. Era un pequeño tesoro, porque tuvieron que pasar unos cuantos años repitiendo su stage con la misma familia hasta que a la señora le pareció suficientemente fiable mi amiga como para hacerla depositaria de tamaño secreto. 
En un inusitado un arrebato de intercambios receteriles, ella me la pasó a mí (creo recordar que a cambio de una receta de tiramisú). Yo por aquel entonces, tenía preocupaciones bastante más serias (léase: chicos, estudios, salir, prácticas) y nunca me animé a hacer aquella receta en la que había que levantar las claras a punto de nieve y dejar reposar la masa, y no sé cuántas cosas más que por aquel entonces me resultaban tan intimidantes como la física cuántica. 
Así que la receta fue pasando por mis distintos cuadernos de recetas doblada en su hoja, sin que nunca me animara a hacerla. Y finalmente tengo que admitirlo: la perdí sin haberla probado nunca.
Estoy segura de que ahora alguna abuelita francesa estará más feliz tomando su café au lait porque su secreto no se ha revelado, pero yo me doy cuenta de lo mayor que me he hecho al pensar en lo inconsciente que fui en su momento.
Toda esta larga introducción viene a que, a pesar de todo, las crêpes son un plato que preparo con frecuencia. Y como no podía ser de otra manera, con una sencillez y rapidez aplastantes, propias de mí. 
Me encantan dulces y saladas, y suelo prepararlas para hacer brunch el domingo si hay tiempo. 
La receta que utilizo es tan sencilla que apenas se le puede llamar receta. Si no le pones azúcar tienes la base para unos crêpes salados que puedes rellenar a tu gusto, doblar  como prefieras, y comer de mil formas: prueba a rellenarlos de queso crema (tipo Philadelpia) con trocitos de salmón ahumado y cebollino picado, enrróllados sobre sí mismos haciendo un cilindro y corta trocitos de un par de centímetros de ancho. Tienes un aperitivo delicioso en un momento. Pon en el centro unas setas salteadas, cierrálos formando un saquito y sírvelos con una velouté de canónigos... En fin, casi, casi lo que se te ocurra se puede hacer. Y en dulce, lo mismo. Ponles mermelada, zumo de naranja, flambéalos, acompáñalos de helado, de sirope... Si les añades levadura se convierten en tortitas... 
En fin, que las posibilidades son espectaculares.
Yo en este caso, los rellené de dos confituras y les añadí sirope de chocolate, pero lo interesante es tomar como punto de partida la masa, y probar con ella las combinaciones que se te ocurran.


Crêpes de arándanos y albaricoques para un brunch de domingo

Ingredientes (para 6 a 8 unidades, dependiendo del diámetro de la sartén que uses)
100 gramos de harina de repostería
100 gramos de leche entera (temperatura ambiente)
1 huevo entero
2 cucharaditas de azúcar (10 a 15 gramos)
1 pizca de sal
Mantequilla
Mermelada de arándanos
Mermelada de albaricoques
Sirope de chocolate

Preparación
Poner en un bol la harina, la leche, el huevo, la pizca de sal y el azúcar  (si la preparación es para crêpes saldadas, no poner azúcar, y proceder igual con el resto de la receta).y mezclar hasta conseguir una pasta cremosa y líquida. Dejar reposar al menos media hora antes de usar la mezcla. 
Mezclar un poco con la cuchara al utilizar la masa, y poner un poco de mantequilla en una sartén. Cuando esté bien caliente, verter con un cazo o una cuchara una pequeña porción de la mezcla sobre la sartén, (debería ser suficiente una cucharada sopera: las crêpes son muy finas) y extenderla moviendo la sartén en círculos para que cubra toda la base. Ponerla a fuego más bien fuerte, y dejar que se haga. Cuando empiecen a aparecer agujeritos en la superficie, dar la vuelta con una espátula y hacerla por el otro lado.
Rellenar con una cucharada de mermelada de arándanos y doblar. Hacer otra, rellenar con la mermelada de albaricoques, poner en el plato y decorar con sirope de chocolate. Acompañar de las dos confituras para añadir más al gusto.

Gratin Dauphinois - mon style

noviembre 08, 2010
Hace años compartí piso unos meses con una chica francesa que intentaba aprender español. Para calcular los años, basta decir que cada vez que se subía a sus tacones decía que se ponía "Tacones lejanos", como en la película de Almodóvar que habían estrenado poco antes. Mi amiga S. y yo jamás corregimos su error. Era mucho más divertido verla salir por el pasillo después de  "ponegse-sus-tacones-lejhanousss" y supongo que la probre se volvió a Francia convencida de que no existía en castellano algo así como zapatos de tacón o tacones altos, sino simplemente "tacones lejanos".  
Aparte de esto, apenas recuerdo de ella dos cosas más: 
  • sus curiosas teorías nutricionales, que se resumían en intentar adelgazar comiendo exclusivamente verduras o purés de verduras, pero con una buena cucharada de mantequilla, porque "tenía que comer alguna grasa", y terminar la comida con un par de porciones de queso -algo que me encanta,  aunque a pesar de haberlo intentado persistentemente, yo todavía no he encontrado ninguna dieta que te permita tomar una buena ración brie para acabar la comida-;
  • y que introdujo en mi memoria gastrónomica esta sencilla especialidad francesa. 

Este plato para mí siempre ha sido un acompañamiento a carnes o pescados alternativo a las patatas al horno, algo diferente, sobre todo si lo haces en moldes individuales. Personalmente, me cargo la tradición y le añado cebolla y champiñones o setas, para obtener un pastel salado que sirve tanto de guarnición de carne como de plato principal con una ensalada, se va haciendo en el horno tranquilamente y puede estar listo al sentarse a la mesa.
Y si en el proceso te apetece ponerte mona, simpre puedes comerlo subida a tus "tacones lejanos".



Gratin dauphinois (mon style)

Ingredientes (para 4 personas)
500 gramos de patatas
250 ml de leche
100 ml de nata
1 diente de ajo
50 gramos de setas
1 cebolla mediana
Pimienta negra molida
1 cucharadita de nuez moscada
1 guindilla


Preparación
Pelar las patatas, y lavar. Reservar (mejor en un bol cubiertas de agua -sin cortar todavía, no queremos perder el almidón-) hasta el momento de utilizarlas.  Saltear las setas con un poco de aceite y la guindilla.. salpimetnar. Por otra parte, calentar en un cazo la leche con la nata, añadir el ajo en trocitos, un golpe de pimienta negra al gusto y una cucharadita de nuez moscada y llevar a ebullición. Retirar del fuego. Cortar las patatas en rodajas de 3 o 4 mm. (algo más gruesas que para tortilla). Cubrir el fondo de una fuente que pueda llevarse al horno con las patatas, salpimentar, añadir una capa de cebolla cortada en rojadas finas, y poner las setas. Cubrir con otra capa de patata y cebollas, y salpimentar de nuevo. Verter la mezcla de leche, nata, ajo y especias sobre las patatas y poner en el horno, precalentado a 180º durante unos 50 minutos.
Servir como guarnición, o como plato principal, acompañado de una ensalada.

COCKTAIL DE CAVA, NARANJA Y LIMA

noviembre 04, 2010
Hay días en los que una solo tiene ganas de llamar a sus amigas, tomarse unas copas, reirse un poco, y salir a una discoteca cuando el alcohol empiece a hacer algo de efecto y el volumen de las risas empiece a ser preocupante. Hay días en los que a una le apetece por unas horas algo de diversión ligera y frívola. Hay días en los que una piensa que antes de que llegue fin de año hay que darse un homenaje en forma de fiestecita, ponerse al día, y disfrutar. Y en uno de esos días llamas a tus amigas y las recibes con este cocktail. Lo demás, mejor no os lo cuento.
Este cocktail es lo más sencillo del mundo, sí, se prepara en un momento, y no tiene más complicaciones, ni más aspiraciones, pero es que cuando se trata de invitar a mis amigas, lo que quiero es que nos podamos hacer unas risas todas juntas, y poder estar con ellas como una más, sin tener que preocuparme de cómo van los preparativos. Cuando empieza la fiesta, empieza para todas, y eso incluye a la anfitriona, así que ponte guapa, y prepárate, el resto, déjaselo al cava y disfruta.




Cocktail de cava, naranja y lima
Ingredientes (para 4 personas)
500 ml de cava (helado, y de la mejor calidad que puedas permitirte)
500 ml de zumo de naranja 
zumo de media lima

Preparación
Poner en una jarra el zumo con el champán y añadirle el zumo de lima. Probar y rectificar al gusto. 
Servir en copas de cocktail o de cava, y decorar con rodajas de lima o de naranja. Se puede añadir un terrón de azúcar en el fondo de la copa si se desea.

Devil's food cupcakes con 3 chocolates

noviembre 01, 2010

Si no eres una adicta al chocolate, mejor que no sigas leyendo. Esta receta  es una mezcla de varias cosas. La mejor receta de magdalenas que conozco es la que hago siempre en casa, así que hasta que no encuentre una que la supere, sigo fiel a ella. Ni muffins, ni cupcakes varias han podido con ella (por ahora).  Pero le había puesto chocolate otras veces y funcionaba también de maravilla, y con chocolate y pepitas de chocolate... Y esta vez me apetecía probar un pastelito con varias texturas de chocolate, así que decidí no añadir demasiado chocolate a la masa (y así de paso J. me felicitó por el resultado), además, puse chocolate dentro de la magdalena y lo rematé con una cobertura de moccha (bueno, en una parte de ellas). De esta forma, se puede graduar la cantidad, intensidad y tipo de chocolate al gusto. Y en este caso, las que estaban a mi gusto, es decir, bien surtidas de los tres chocolates, resultaron una auténtica devils food. 
Las magdalenas y cupcakes congelan muy bien. Si vas a congelarlas, hazlo sin la cobertura. Cuando las vayas a comer, bastan 15-20 segundos de microondas directamente tras el congelador, y están deliciosas (y más éstas, que al calentar recuperan la textura cremosa del chocolate del relleno).  Como la cobertura se hace en un momento, hazla cuando vayas a comerla y disfrutarás de los 3 chocolates a la vez en su textura adecuada.

Devils food cupcakes con 3 chocolates

Ingredientes (para 8-10 unidades, dependiendo del tamaño del molde)

150 gramos de harina
2 huevos (claras y yemas separadas)
125 gramos de azúcar
100 ml de aceite de girasol
70 ml de leche entera
2 paquetes de gasificante para repostería (gaseosas en sobre, 1 blanco y 1 de color)
una pizca de sal para montar las claras
2 cucharadas de buen cacao en polvo
Chocolate al gusto en porciones (yo usé negro, pero se puede usar el que prefieras)

Para la cobertura de moccha (adaptación de esta crema de moccha)
4 o 5 porciones de chocolate negro (70% cacao preferentemente)
2 cucharadas soperas de café negro (puede ser descafeinado)
3-4 cucharaditas de azúcar glas


Preparación
Para las magdalenas: levantar las claras a punto de nieve muy firme con un pellizco de sal. Añadir el resto de ingredientes, mezclándolos, pero intentando no bajar las claras, en este orden: primero las yemas, el azúcar, el aceite, la leche, el gasificante (primero un color, luego otro),  y la harina. Por último, añadir el cacao. 
Precalentar el horno a 160º, rellenar los moldes a la mitad de su capacidad, poner una porción de chocolate en cada uno, y cubrir con el resto de la masa, sin llenarlos más de 3/4 de su capacidad. Poner en el horno entre 12 y 15 minutos, hasta que estén doradas. 

Para la cobertura:
Poner el chocolate en trocitos pequeños en un bol, y mezclar con el café bien caliente, hasta que se deshaga. Si es necesario, poner de 20 a 30 segundos en el microondas. Añadir el azúcar y mezclar bien hasta tener una cobertura con la textura deseada. Con las cantidades que indico se logra la consistencia de la imagen. Añadir más café, chocolate o azúcar al gusto si se prefiere reforzar un sabor, o hacerla más líquida o más consistente. 



 
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