POTS DE CREME DE LIMÓN Y LIMA

octubre 28, 2010
¿Cómo es posible que algo con un nombre tan delicado, tan etéreo, tan ligero, pueda no ser absolutamente irresistible? Y como es imposible resistirse, no tengo más remedio que compartir esta receta maravillosa, delicada, ligera y con el equilibrio justo de dulce y ácido, perfecta para los apasionados del limón. Estos pots de creme son una interpretación bastante libre del concepto, por no decir que se parecen muy poco a los tradicionales. En lugar de cuajarlos al baño maría en el horno, he preferido hacerlos parecidos a una mousse y conseguir la textura de mousse en frío,  que a mí me resulta más agradable. No soporto utilizar gelatinas porque los ingredientes con que se elaboran me ponen los pelos de punta (sí, sé que hay miles de cosas que no comeríamos si supiésemos cómo se elaboran, pero esta es mi aprensión personal), así que sigo probando alternativas para conseguir una textura similar sin tener que claudicar del todo. En este caso he usado sobres de preparado para cuajada (por favor, que nadie me cuente cómo se elaboran, y así puedo seguir usándolos con plena inconsciencia), y el resultado ha sido muy satisfactorio. No aportan sabor al resultado final, sino sólo textura. Creo que partiendo de esta receta voy a probar muchas otras variantes, porque lo permite: desde chocolate, a otras frutas simplemente cambiando el zumo, a lo que se me ocurra. Así que si en adelante reincido, no me lo tengáis en cuenta: se prepara en un momento, se puede aligerar con ingredientes light, y tiene una textura y un sabor deliciosos. Y eso, sin mencionar ese nombre maravilloso que ya adelanta lo que vas a encontrar luego. Irresistible.



Pots de creme de limón y lima

Ingredientes (para 4 personas)

200 ml de leche fría
200 ml de nata
1 huevo mediano
30 gramos de azúcar (2 cucharadas soperas aproximadamente)
Zumo de 1 limón
Zumo de media lima
2 sobres de preparado para hacer cuajada casera



Preparación
Disolver los sobres de cuajada en la leche fría. Poner al fuego un cazo con la nata y calentar. Añadir la leche cuando la nata  rompa el hervor, y dejar que vuelva a hervir, retirar del fuego, y dejar que enfríe un poco (un minuto bastará). Volver a poner al fuego y retirar cuando de nuevo vuelva a hervir.
Por otra parte, batir el  huevo con 2 cuharadas soperas de azúcar hasta conseguir que doble el volumen y quede una mezcla espumosa. Añadir la mezcla de nata, leche y cuajada al huevo y mezclar bien. Agregar el zumo de limón y lima, rectificar dulce y poner en pots de servir. Poner en el frigorífico al menos 4 horas antes de servir.





Tarta de manzana y confitura de albaricoque

octubre 25, 2010



 A J. no le gusta el chocolate. Pero le encanta el arroz con leche. Yo apenas lo hago, me parece un aburrimiento. Y él dice no haber aprendido para no comerlo a todas horas (claro, y yo casi le creo). Así que hacer un pastel de chocolate para acabar devorándolo yo sola es demasiado,-casi siempre-. Hace unos días me dijo que le apetecía tarta de manzana. Y a mí me dio pereza otra vez: es que es algo tan, tan, tan, tradicional, que no le veía el aliciente.
Pero ha estado lloviendo como si el cielo se fuera a caer sobre nuestras cabezas (sí, ya veis que crecí con Asterix), y solo apetecía un café humeante y un bizcocho para acompañarlo, sin complicaciones, sin  alardes, simple y delicioso. Y en unos minutos preparé esta tarta de manzana, que se hornea en 35-40 minutos, y que tiene las dimensiones justas para reconfortar el espíritu en un puente lluvioso sin llegar a embotar el estómago. Queda un bizcocho jugoso que aguanta perfectamente un par de días, delicioso con el café o el té, o incluso solo.
Eso sí: en este caso, la confitura de albaricoque NO es opcional. De verdad que pierde toda la gracia sin ella.

Tarta de manzana y confitura de albaricoque rápida
Ingredientes (para un molde de unos 20 cm de diámetro)

2 manzanas medianas
150 gramos de harina
1 huevo
2 cucharaditas de levadura de pastelería (aproximadamente 10 gramos)
50 gramos de azúcar blanco
125 ml de leche (aproximadamente medio vaso)
50 gramos de aceite de oliva (aproximadamente 3 cucharadas soperas)



Preparación
Precalentar el horno a 180º. Mezclar todos los ingredientes salvo la manzana en un bol. 
Pintar el molde con mantequilla y enharinar. Cortar las manzana en cuartos, quitar las semillas y la piel. Cortar una de las manzanas en cuadraditos e incorporar a la masa. Poner la masa en el molde. Cortar en rodajas similares el resto, y ponerlo sobre la masa decorando la superficie. 
Poner en el horno unos 35-40 minutos o hasta que una brocheta insertada en la parte más alta del bizcocho salga limpia. 
Dejar enfriar unos minutos antes de desmoldar y dejar enfriar por completo sobre una rejilla. Cubrir la superficie con mermelada de albaricoque.

Panecillos de orégano

octubre 21, 2010
Pan

Pocos alimentos son tan básicos como el pan y al mismo tiempo tan fascinantes. Hay pocos alimentos que comamos absolutamente todos los días y de los que, sin embargo, no nos cansemos nunca. Hay pocos productos que lleven tantos siglos comiéndose a diario prácticamente en todo el mundo y sigan siendo apetecibles y teniendo la virtualidad de llevarnos de vuelta a los sabores de la infancia, y a la vez sorprendernos en su versión más innovadora.  Y ya si se hace en casa y se contempla la transformación mágica, más que química, de la harina y el agua gracias a la acción de la levadura, y cómo el pan crece luego en el horno y llena toda la casa de ese olor a que nada malo puede pasar nunca donde huela así de bien, entonces, uno solo puede admitir que realmente las mejores cosas de la vida son las más sencillas. Yo siempre he disfrutado con el pan. Ahora estoy aprendiendo a hacerlo y probar combinaciones nuevas.  
En este caso, quería un pan de ajo en el que el ajo no molestara, así que lo que hice fue infusionar el aceite con unos ajos cortados, dejándolo hacerse a baja temperatura. Luego se retiran y se deja enfriar, y se utiliza como siempre. El aceite adquiere algo del sabor del ajo, pero no en exceso, y el resultado es mucho más agradable, más sutil. De todos modos, los panes aromatizados tienen su propio sabor y como dejan de ser neutros, hay que cuidar algo más las combinaciones.

Pancitos de orégano y ajo
Ingredientes (para 8 a 10 unidades)

500 gramos de harina
10 gramos de sal
5 gramos de azúcar
300 ml de agua
5 gramos de levadura fresca
45 gramos de aceite de oliva (3 cucharadas soperas aproximadamente)
2 o 3 dientes de ajo, al gusto
Orégano al gusto (yo utilicé un par de cucharaditas de orégano seco)




Preparación
Poner en un cazo de base gruesa el aceite a fuego bajo y añadir los dientes de ajo cortados en trozos grandes. Dejarlo hacerse a fuego muy lento, sin que se frían.  Después de unos 5 minutos (o antes si parece que empieza a freírse el ajo) retirar del fuego el cazo, desechar los ajos (colar el aceite si fuera necesario) y dejar enfriar completamente antes de hacer el pan.
Disolver la levadura en el agua tibia con el azúcar. Hacer un volcán con la harina a la que previamente se ha añadido la sal, y verter en el centro la mezcla de agua, azúcar y levadura.  Amasar un poco y añadir el aceite. Agregar el orégano y trabajar hasta que quede una masa elástica que no se pegue a los dedos, lo que puede hacer que sea necesario añadir algo más de harina o de agua.  Dejar reposar en un bol cubierto con un paño limpio humedecido hasta que doble su volumen. 
Pasado este tiempo, trabajar la masa lo justo para que pierda el exceso de aire, pero sin amasar en exceso. Cortarla en porciones de tamaño similar y dar forma a bollitos de tamaño parecido. Poner sobre la placa de horno que se vaya a utilizar con papel de hornear o plancha de silicona  y dejar de nuevo que aumente su volumen.
Poner en el horno precalentado a 200 grados durante unos 12-15 minutos, o hasta que los panes estén hechos.


Pasta con almejas y guindilla

octubre 18, 2010


Hace muchos años, cuando era una cría y los hombres G hablaban de "Venezia", una tía de mi madre volvió de su viaje a Italia totalmente ochentero cargada con bolsas de playa con el nombre de la ciudad serigrafíado en colores horribles, una indigestión de visitas monumentales consumidas demasiado rápido, y una espalda dolorida de pasar más tiempo en el autobús que en los hoteles. Pero para mi recuerdo adolescente lo que quedará para siempre de aquel viaje es esta receta de pasta.
Por entonces en casa de mi madre sólo se comía la pasta de una manera: macarrones bien cocidos con chorizo y tomate. Sólo macarrones y sólo con el sofrito de tomate y chorizo. Ahí acababan los límites de lo aceptable. Como mucho, se podían extender hasta los espagueti. Pero la tía P. volvió de Italia con una receta de pasta con almejas picantes. Y mi madre la adoptó y aprendimos que los macarrones (no llegamos más lejos en este primer intento) también se podían comer así. Luego llegarían las ensaladas de pasta, y muchas otras variaciones, pero este plato para mí marcó un antes y un después, y me hizo sospechar que a lo mejor las posibilidades de la pasta no habían hecho más que empezar, como después he podido ir comprobando a lo largo de los años.
Hacía muchísimo que no preparaba esta receta, y me alegro de que el concurso de PepeKitchen y caprichos de cocina  "recetas de pasta con marisco" me haya recordado este plato. No sé si tengo opciones o no, pero para mí ya es un premio haber rescatado este plato que hace años que no tomaba, y compartirlo con vosotros.
Yo he elegido para este plato penne, pero se puede hacer con otras pastas, eso sí, mejor con pasta corta y para comer en casa o en una reunión en el campo, rústica y sin demasiado protocolo. Es rápido, es fácil, pero muy rico.
Si se acompaña con un vino frizzante frío, después de una ensalada de verduras a la parrilla con unas lascas de parmesano recién cortadas, y se termina la comida con un tiramisú y un espresso, ¿quién no se siente transportada a Italia por un día?



Pasta con almejas y guindilla
Ingredientes (para 2 personas)

150 gramos de pasta corta (yo he utilizado penne)
200 gramos de almejas
3 dientes de ajo
2 - 3 guindillas
Perejil
Aceite de oliva
Sal

Preparación:
Cocer la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante, -con cuidado de dejarla al dente- en una cazuela con agua abundante y sal.
Cuando falten unos minutos para terminar la cocción de la pasta, sofreir los ajos picados y las guindillas partidas en trozos en una sartén grande con 3 cucharadas soperas de aceite de oliva. Añadir las almejas bien limpias y escurridas, y saltear hasta que se abran (deberían ser un par de minutos). Desechar las que han permanecido cerradas. Escurrir la pasta y NO pasar por agua, solo escurrir el agua de cocción y añadir inmediatamente a la sartén. Agregar abundante perejil picado, saltear un poco para que se impregne del sabor, y servir inmediatamente.








Cake de frutos rojos

octubre 14, 2010

Hay países en los que el otoño es una estación. Una verdadera estación, quiero decir. En ninguno de los sitios de España en los que he vivido es así. El otoño aquí es básicamente, una época de inestabilidad con días muy calurosos y  lluvia y viento esporádicos, y cambios bruscos de temperatura, hasta que un día, de pronto, la temperatura baja tanto que ya no vuelve a recuperarse, y ha llegado el invierno.
Pero hay países en los que el verano termina poco a poco, y las hojas de los árboles se van cayendo al ritmo que pasan las hojas en el calendario, y los días se van haciendo fresquitos progresivamente, y el olor del aire no es de verano raro, sino simplemente, el olor del otoño. Los bosques y los mercados se llenan de setas y de frutos rojos, y se apuran los últimos fines de semana para salir al campo y recogerlos y disfrutar del aire libre antes de un invierno largo, oscuro y frío. En esos bosques casi míticos, donde la humedad se mantiene  todo el año, y las copas de los árboles se abrazan formando tejados naturales de umbría perenne, hay bayas rojas, y moradas, y púrpuras que parecen  canicas multicolores cuando las cojes aún húmedas por las lluvias de septiembre. Y quiero imaginar, porque esto también entra en la categoría de lo mítico, que hay manos amorosas que recogen en cestitas de paja todos esos frutos silvestres, y  los siguen usando para  hacer confituras, para rellenar tartas, para endulzar las tardes de juegos de los niños.

O, en su defecto, que los congelan para que yo pueda usarlos y hacer mis tartas.


Cake de frutos rojos
Ingredientes (para un molde de cake rectangular de unos 24 cm)
220 gramos de harina
2 cucharaditas de levadura de repostería (unos 10 gramos)
Sal
100 gramos de queso cremoso (tipo Philadelphia)
2 cucharadas soperas de leche (aproximadamente 30 ml)
2 huevos grandes
1/4 de cucharadita de extracto de vainilla
110 gramos de azúcar blanco
Zumo de 1 limón
120 gramos de bayas rojas (frambuesas, fresas, grosellas, moras, etc)
50 ml de aceite de oliva




Preparación

Precalentar el horno a 180º, engrasar y enharinar un molde de cake rectangular de unos 24 cm (o forrarlo con papel de hornear).  En un bol pequeño, mezclar la harina, la levadura y una pizca de sal. Por otra parte, mezclar el queso con la leche, los huevos, la esencia de vainilla, el azúcar y el zumo de limón. Poco a poco, agregar los ingredientes secos del primer bol hasta incorporarlos. Añadir las frutas rojas y el aceite, poco a poco, hasta mezclarlo todo. Poner esta masa en el molde, y hornear unos 50-55 minutos o hasta que esté dorado,  la masa empiece a separarse del borde, y una brocheta de madera salga limpia si se inserta en el centro del cake. Enfriar en una rejilla 5 minutos, pasar un cuchillo por los extremos para facilitar el desmoldado y dejar enfriar completamente en la rejilla. 



Ensalada fría de cangrejo y manzana verde

octubre 11, 2010
Es el tiempo de las manzanas verdes, de esa variedad ácida, que casi hace cosquillas en la lengua, que tiene ese zumo sabroso que recuerda al limón, pero con una carne tersa, dura, que cruje al morderse. 
Hace años, la recogida de esta variedad para mí marcaba el final del verano. Su llegada anunciaba el final de las tardes infinitas en la piscina, o en la calle, de los juegos hasta que se hacía de noche, de lo más parecido a la libertad que puede vivir un niño. Y a casa llegaban las cajas repletas de manzanas con su piel verde brillante desafiando al otoño, más parecidas a una fruta tropical por lo intenso de su color, de sus sabores, que a las aburridas manzanas amarillas o rojas de sabor suave, casi neutro, de toda la vida. Entonces me parecía que era la depositaria de un secreto especial por conocer estas manzanas, tan poco habituales en aquella época por aquí. 
Hoy queda muy poco de toda esa emoción, sólo su recuerdo. Las manzanas, igual que prácticamente cualquier otro producto se puede conseguir casi en cualquier variedad imaginable en cualquier momento, y los años hacen que uno pierda esa asombrosa capacidad de encontrar la magia en cada minúsculo aspecto de la vida cotidiana. Pero para mí las manzanas verdes siempre tendrán ese halo de secreto, y la magia de atesorar un sabor intenso y poco común que no gusta a todo el mundo. 
Así que ha llegado el tiempo de las manzanas verdes y es el momento de recuperar una receta que descubrí en este blog y dejar que su sabor se mezcle con los sabores delicados del pescado y el cangrejo, y disfrutar, de nuevo, igual que cuando era niña, de su sabor crujiente y su acidez sin fisuras.


Ensalada fría de cangrejo y manzana verde
Ingredientes (para 2 personas)

1 manzana verde (Granny Smith)
150 gramos de pescado blanco (yo usé merluza)
12 palitos de surimi de cangrejo (o carne de cangrejo)
2 cucharadas soperas de mayonesa (30 gramos aproximadamente)
Zumo de medio limón
Pimienta negra, verde y rosa recién molida


Preparación
Escaldar el pescado unos segundos en agua hirviendo (o poner un minuto al microondas con una cucharadita de aceite y sal), dejar enfriar y desmigar con los dedos, retirando cuidadosamente las espinas que pudiera tener. Dejar enfríar.
Picar el surimi muy fino, mezclar con el pescado enfriado, y añadir la mayonesa y un poco del zumo de limón. Mezclar bien, y rectificar, si es necesario. Esta preparación se puede hacer con unas horas de antelación, y ponerla en el frigorífico, para usarla justo en el momento del emplatado.
Lavar bien la manzana y con una mandolina, sacar rodajas de la parte más gruesa. Poner en un bol con agua y una cucharadita del zumo de limón para que no se oxiden, y montar inmediatamente la ensalada combinando alternativamente una capa de rodajas de manzana con una capa de la mezcla de pescado y cagrejo, terminando con una rodaja de manzana. Poner por encima unos golpes de la mezcla de pimientas y servir a continuación. 
Como todas las ensaladas, admite muchas variantes. Yo sólo le he puesto el pescado además de lo que incluía la receta original, para tomarlo más como un pequeño entrante que como una ensalada de ración. La única precaución es intentar no enmascarar el sabor de la manzana si se añaden otros ingredientes. 

Focaccia de uvas y queso de cabra con romero

octubre 07, 2010
Pan


Siempre me ha hecho mucha gracia la relación que los italianos tienen con su gastronomía. Por supuesto que tienen una cocina maravillosa, pero es muy divertido ver cómo ellos elevan a la categoría de extrasensorial cada bocado, sea pasta, vino o trufa. Uno podría alimentarse sólo viéndoles hablar y actuar acerca de la comida y de sus ritos, sus bondades y manías. En concreto, hoy esto viene a propósito de las pizzas blancas o focaccias. Sí, son deliciosas, y admiten todavía más variantes que la pizza, al no llevar la base de tomate y queso, pero de ahí a poner los ojos en blanco al recordar una en concreto... me sigue pareciendo muy divertido. 
Hace unos días vi en este blog una focaccia con uvas y romero. Añadirle el queso de cabra era la consecuencia lógica, y eso fue lo que hice. Añádase una copa de vino helado, tómese recién salida del horno, y... ¡No, si al final, tendré que darles la razón, y poner los ojos en blanco, con mi trozo de focaccia en la mano, y los jugos dulces de la uva y el sabor ligeramente picante del queso, y esa masa crujiente y tostada fundiéndose en la boca!
El resultado es de una sencillez tan aplastante como deliciosa. Vale la pena probarlo.
Buon apetito!


Focaccia de uvas y queso de cabra con romero
Ingredientes (para una focaccia de unos 25 cm de diámetro)

1 cucharadita de levadura  seca (aproximadamente 5 gramos)
1 cucharadita de sal (aproximadamente 5 gramos)
60 ml de agua tibia
2 cucharaditas de aceite de oliva (aproximadamente 10 gramos) y un poco más para aliñar
160 gramos de de harina
1 cucharadita de romero seco (aproximadamente 3 gramos)
150 gramos de queso de cabra, en rodajitas
150 gramos de uvas negras sin pepitas


Preparación
Mezclar la levadura y el agua en un bol y dejar reposar unos 10 minutos. Añadir la sal, el aceite, la harina y  media cucharadita de romero, y amasar hasta conseguir una masa suave y elástica. Poner en un recipiente pintado con aceite de oliva, cubrir con un paño de cocina humedecido y dejar reposar hasta que doble su volumen (entre una hora y media y dos horas).

Pasado este tiempo, amasar ligeramente, dar forma a la focaccia y poner en la placa de horno, sobre papel de hornear o una lámina de silicona, y dejar reposar de nuevo aproximadamente media hora.
Calentar el horno a 200 grados, cortar las uvas por la mitad longitunalmente y ponerlas sobre la superficie. Cortar el queso en rodajas de tamaño uniforme y poner encima. espolvorear con el resto del romero, y unas gotas de aceite de oliva, si se desea. Poner en el horno durante unos 15 minutos, o hasta que esté crujiente.

BARRITAS DE TARTA DE QUESO Y CHOCOLATE

octubre 04, 2010

Estas barritas de cheesecake son "las" de Bakerella. Por si todavía no lo conoces, el blog Bakerella es una maravilla. Su autora acaba de publicar un libro con las recetas que ha ido creando para el blog. Su principal seña de identidad son las tartas chupa-chups. Crea auténticas maravillas en miniatura, para comer en un bocado, que yo sería incapaz de comer: son tan bonitas! Pero aparte de esto, sus post son muy divertidos, y hace cosas tan apetecibles como ésta. Cuesta creer que algo tan rico  no se le hubiera ocurrido antes a nadie, pero yo me alegro de haber visto cómo ella lo hacía, y aún más de haberlo repetido.
Y es que es obvio: si la tarta de queso es buena, y el chocolate también, la mezcla sólo puede ser mejor todavía, ¿no?
Pues sí, Bakerella tenía razón: la mezcla es mejor, es mucho mejor. Eso sí, sólo apta en forma de barritas o bocaditos pequeños, porque este bocado resulta tan delicioso como contundente.
En cualquier caso, ésta es, además, una de las mejores recetas de tarta de queso que he probado últimamente, así que sin añadir la cobertura de chocolate queda una tarta de queso perfecta para cubrir con una compota de frutos rojos, o arándanos, o frambuesas, o moras.

Barritas de tarta de queso y chocolate
Ingredientes (para aproximadamente 12 barritas)

300 gramos de galletas (Digestives, McVities, o galletas María)
50 gramos de azúcar moreno
75 gramos de mantequilla derretida

300 gramos de queso crema
200 gramos de azúcar blanco
3 huevos
30 gramos de harina (2 cucharadas soperas)
200 ml de nata (35% materia grasa)
1/2 cucharadita de esencia de vainilla


Para la cobertura de chocolate
200 ml de nata (35% materia grasa)
50 gramos de mantequilla
200 gramos de chocolate negro (preferiblemente 70% cacao)
100 gramos de azúcar glas






Preparación
Reducir las galletas a un puré fino. Yo solía hacerlo a mano con el rodillo, pero recomiendo usar un robot de cocina con el accesorio de picadora. El resultado es homogéneo y perfecto para esta preparación.
Mezclar con el azúcar moreno y la mantequilla derretida. Repartir homogéneamente en un molde de horno rectangular, y alisar la superficie.
Precalentar el horno a 180 grados. Batir el azúcar, el queso y la harina con una batidora de varillas. A velocidad media, añadir los huevos uno a uno, mezclando bien antes de añadir el siguiente. Añadir la nata y la vainilla y mezclar hasta integrarlo todo. Verter sobre la base y poner en el horno 45 minutos. Sacar y dejar enfriar. 
Preparar la ganaché calentando la mantequilla y la nata justo hasta que rompan el hervor. Retirar del fuego y añadir el chocolate en trocitos. Mezclar hasta que se derrita. Añadir el azúcar y mezclar hasta integrarlo. Verter sobre la tarta de queso. Poner en el frigorífico, mejor toda la noche. Cortar en barritas y servir. 

 
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