Embotits Matas

septiembre 27, 2012

Lo admito, no me gustaba la sobrassada hasta que llegué a Mallorca. Incluso hoy no es un embutido que me apasione. Pero he aprendido a apreciarla. Igual que otros embutidos que para los que no somos isleños resultan desconocidos y sólo descubres después de una temporada viviendo aquí -muchas veces no basta una visita para esto-. (botifarrons, camaiot...)

El sábado la familia Matas, que tiene una empresa de embutidos familiar, www.embutidosmatas.com, nos invitó a un grupo de bloggers locales a conocer su casa en María de la Salut.  Digo su casa más que su fábrica, porque sigue siendo una empresa familiar, y porque realmente nos hicieron sentir como en casa. 

Les puedes encontrar en un pueblo del interior, María de la Salut, que no es Manhattan, como nos dijo varias veces Joan, en lo que acabó siendo una de las frases de la noche.

Para empezar, nos  recibieron con esto:


¿Es o no es un detallazo?


Después, Joan, uno de los tres hermanos que llevan el negocio nos hizo de guía y nos explicó cómo han convertido el antiguo secadero artesanal de sobrassadas en un pequeño comedor.



Ahora está decorado con piezas de otras épocas, que cualquiera que haya crecido cerca de una carnicería hace un buen puñado de años podrá reconocer, e incluso mirar con cariño.






 

Joan nos explicó cómo elaboran sus productos. Lo más interesante: su proporción de materia grasa es más baja que en otros embutidos, lo que siempre es de agradecer,  no usan ingredientes artificiales en el proceso, y tampoco usan sangre en los botifarrones. El producto final es más magro que en otros casos, pero no resulta en absoluto seco.


El secadero actual ya no es manual, sino que las condiciones de humedad y temperatura se controlan perfectamente para conseguir el punto perfecto de maduración de cada embutido, como estas sobrassadas a la pimienta que veis abajo, que son una auténtica maravilla. Para alguien que no es especialmente forofa, como yo, consiguieron hacerme repetir. La sobrassada se cubre con pimienta, en un proceso que han patentado, y eso le da un sabor peculiar, ligeramente picante sin molestar en absoluto, muy agradable, y sobre todo muy diferente, con personalidad. A mí fue lo que más me gustó con diferencia, y eso que todo estaba genial.





Seguramente, estas otras se parecen más a lo que todos tenéis en mente sobre sobrassadas tradicionales:  


 Esta es la mesa que habían preparado para la "degustación":


Como podéis ver, fue una cena en toda regla,con sobrassada de varios tipos, botifarrons, camaiot, queso, y un pan de masa madre hecho por un panadero local al que tengo ganas de conocer.







Me faltan los postres, que como os imagináis corrieron de nuestra cuenta. Es lo que tiene invitarnos a nosotros: seguro, seguro, que dulce no falta. Espectacular la tarta de merengue, la de gin tonic (que sabe a gin tonic y entra igual de bien) el pastel de chocolate, y la de mango. 


Y sobre todo, espectacular la noche que pasamos, con una temperatura perfecta, con unos anfitriones que nos hicieron sentir como en casa en todo momento, y que nos transmitieron todo el sabor de las cosas bien hechas, del mimo en el cuidado del producto, y de una empresa familiar que cree en lo que hace y lo transmite. 

Sólo me quedé con ganas de conocer a la anterior generación, a la madre de estos tres hermanos, que por lo que nos contaron de ella, es una mujer emprendedora, fuerte y tremenda, que sentó las bases de lo que hoy sigue creciendo como un proyecto hecho desde el detalle y con el tamaño justo.


Gracias a toda la familia Matas, fue un placer compartir con vosotros esta visita, y poder aprender un poco más de vuestro día a día. 



Gazpacho con helado de queso

septiembre 24, 2012

Sí, ya es septiembre, ya ha empezado el cole, ya estamos con la vista puesta en el final de año, saboreando casi el otoño... pero aquí seguimos con un calorazo tremendo. (Se nota que no lo llevo nada bien?). Después de un verano de calor y  humedad insoportable, yo a estas alturas esperaba haber podido encender el horno.
No sólo no es así, sino que me parece que van a pasar unas cuantas semanas hasta que pueda hacerlo.
Así que os dejo uno de mis descubrimientos de este verano, y como todavía quedan días de mucho calor, vale la pena compartirlo. Se trata de añadir al gazpacho unas bolitas de helado de queso con albahaca. Realmente sencillo, pero le da un toque refrescante e inesperado al gazpacho de siempre.
Sobre éste, hazlo a tu gusto.  Yo aprendí a hacerlo -y a tomarlo- hace relativamente poco tiempo, porque nunca ha sido típico de la casa de mis padres, así que no entraré en disputas de cuál es el mejor, de trucos ni nada parecido.
Lo que sí tiene gracia en este plato es que hacer estas bolitas de queso no te llevará más de un par de minutos, y te servirán para acompañar, dar sabor, color y refrescar este y otros platos en un momento. Usa las hierbas que prefieras y cámbialo a tu gusto. En cualquier caso, es sencillo, rápido y da un resultado buenísimo.



Gazpacho 

Ingredientes (4 raciones aproximadamente)

1 kilo de tomates bien maduros
1 pimiento verde
1 diente de ajo
1/2 pepino
1 cebolla blanca mediana
3 cucharadas de aceite de oliva
3-4 cucharadas de vinagre de vino blanco
1 cucharadita de sal

Preparación

Lavar las verduras, limpiarlas y cortarlas en trozos grandes. Poner en el vaso de la batidora los tomates, el pimiento, el ajo, la cebolla y el pepino y batirlo todo muy bien hasta que no quede ningún trozo de verdura. Añadir el aceite, el vinagre al gusto y la sal. Batir, probar y rectificar si fuera necesario, de sal o vinagre.  Se le puede añadir agua muy fría, si se prefiere  más líquido, o dejar tal cual, al gusto. También se puede colar para que quede lo más fino posible, si se prefiere. Llevar a la nevera y mantener en un recipiente cerrado hasta el momento de servir, bien frío.

Helado de queso con albahaca 

Ingredientes (para unas 10-12 unidades)

2 cucharadas soperas de queso mascarpone (u otro queso crema que te guste)
2 quesitos en porciones (tipo El Caserío)
Unas hojas de albahaca fresca picada o un poco de albahaca seca

Preparación
Mezclar en un bol los quesos con la albahaca y aplastar con un tenedor hasta tener una pasta en la que estén integrados todos los ingredientes. Coger porciones de la pasta y darle forma de bolitas con un par de cucharillas, o con las manos mojadas en agua si resulta más fácil. Poner las bolitas sobre una tabla de cocina pequeña. Una vez terminada la masa, poner la tabla con las bolitas dentro de una bolsa de congelación. Así evitarás que se peguen y se congelarán dentro de la bolsa. Después de tres o cuatro horas, cuando empiecen a estar congeladas, podrás retirar la tabla y dejarlas en la bolsita cerrada hasta que las utilices. 

Servir el gazpacho muy frío con dos o tres bolitas de helado, y decorar con unas hojas de albahaca.


Circus Pad

septiembre 19, 2012


Nunca hay suficientes palabras de gratitud para los amigos. Uno tiene la fortuna de ir encontrando a lo largo de su vida personas generosas, divertidas, creativas, cariñosas, y sobre todo, con las que instintivamente y de una forma natural apetece pasar el tiempo, porque cuando se está con ellos simplemente, no se nota cómo pasa el tiempo.
En el último par de años, y gracias al blog, yo he tenido la suerte de encontrar unos cuantos nuevos amigos.
Hoy quiero que mi amiga Caty me perdone el tiempo que hace que le debo esta entrada, y estoy segura de que lo hará, porque anda sobrada de todas esas cualidades que ya he mencionado.

Caty fue la primera blogger que conocí en persona, y de hecho, fue ella la que me encontró a mí. Así que como todo esto tiene que ver con ella, hoy voy a extenderme y os voy a contar una pequeña historia que me apetece mucho compartir.


Yo había empezado con el blog en marzo, y en octubre recibí un mail -bastante intrigante- en el que una blogger mallorquina nos invitaba a muchos bloggers de la isla (yo no conocía la mitad de esos blogs!) a la inauguración previa de su restaurante. No tenía muy claro qué esperar, cuántos íbamos a estar, si era una cena o una fiesta o un aperitivo, o qué.
Yo aluciné mucho, porque por aquel entonces mi blog apenas lo conocía nadie, y el hecho de que me invitase a mí me pareció sorprendente. Así que sin tener demasiada idea de a qué iba, me presenté en su nuevo restaurante y descubrí a una gran anfitriona, que tenía un blog -Guirigall-. Ella se había reconvertido y se lanzaba a su aventura empresarial con su restaurante, y quería que fuésemos las testers de su nuevo menú. Gracias a ella conocí a María, y a Teresa, y a Cristina. Luego habéis podido ver que el grupo de bloggers mallorquines se ha ampliado bastante.

Yo a veces pienso que aquella primera cena fue como una primera cita a ciegas, pero en grupo y sin la componente sexual. Igual la analogía no es muy buena, pero os podéis imaginar la situación: Ir a conocer a alguien que conoces de la web, sin demasiadas referencias, y sin saber de qué se trata, ni de qué iba todo aquello, ni quiénes más iban a estar, ni si íbamos a tener algo en común.

Sin embargo, aquella primera cena resultó mejor que bien, y marcó el tono de lo que vendría a partir de entonces: Caty es una persona muy creativa, divertida, curiosa, inquieta y en constante búsqueda. Para mí es un placer compartir un poco de su viaje con ella.



Caty trabaja en nuevas ideas y hace un tiempo lanzó su Circus Pad desde su blog actual: Circus Day. Y hace ya un tiempo me regaló uno a mí.

Lo cierto es que hasta hace muy poco no había podido hacerle fotos a mi juguetito y enseñaroslo a las que no lo conocéis. Pero por fin puedo compartir con de qué se trata, si es que todavía alguno de vosotros no lo conoce aún.




Esta carpeta de recetas ha sido ideada por ella, con mil detalles que la hacen preciosa y que te permitirá no tener todos esos recortes de recetas que tienes desperdigados por todas partes, con un forro que se puede mojar y limpiar, y volver a usar sin miedo en la cocina, con un calendario con  las frutas y verduras de temporada; Con las equivalencias de medidas, y sobre todo, personalizado, mimado y pensado para tí hasta el último detalle. ¿Qué te puedo decir? Es preciosa además de ser de lo más práctica!!!!



Vale que yo no soy objetiva, porque a mí me encanta todo lo que hace, pero creo que esta carpeta tan perfecta para tus recetas y tus recortes de cocina es simplemente, una gozada. 

Si tú tampoco puedes esperar a tener tu Circus Pad, puedes contactar con Caty aquí, o pulsando en el banner que va a estar permanentemente en el lateral del blog.



Para que todos los días sean un CIRCUS DAY!!!!!

1080 fotos de cocina: Boullabaise de rape y patatas

septiembre 17, 2012

Restaurante Zaranda

septiembre 11, 2012
Estar en una cocina de un restaurante profesional durante un servicio, cuando nunca has pisado una, es toda una experiencia para un aficionado a la cocina.
Si la primera vez que lo haces entras directamente en la cocina de un restaurante con una estrella Michelin, con dos soles Repsol y muchos más reconocimientos que seguro que olvido aquí, te puedo asegurar que es una auténtica experiencia. 

Este sábado tuve la oportunidad de compartir con el equipo del chef Fernando P. Arellano un servicio completo en su restaurante Zaranda y la verdad es que fue impresionante verles trabajar a todos: él dirigiendo la cocina, Itziar al frente de la sala, y todo un equipo de profesionales jóvenes y totalmente entregados a su trabajo.

Fernando e Itziar fueron lo suficientemente generosos para dejarme pasar con ellos una jornada en la cocina de Zaranda. Tenía mucha curiosidad por ver cómo se trabaja en una cocina de primer nivel.  No sabía qué esperar, pero estaba segura de que iba a merecer la pena. Lo cierto es que no me defraudó en absoluto.

Para empezar, el restaurante está en un entorno idílico. Seguro que para muchos pensar en una noche de sábado en septiembre en Mallorca ya  resulta suficientemente idílico. Pero  además, el restaurante está en un entorno rural, en medio de un silencio y una tranquilidad que son de otro mundo. El restaurante está en el Hotel Hilton Sa Torre. Simplemente entrar en la finca en la que se encuentra el hotel es tan especial que consigue aislarte de tu realidad cotidiana e introducirte en una experiencia nueva, relajada y totalmente deliciosa.







Cuando yo llegué, el equipo llevaba ya horas trabajando. De hecho, estaban aprovechando para cenar -aunque no tengo muy claro que se pueda llamar así a una comida a las 6 de la tarde, pero a falta de algo mejor, lo dejaré así-.  Entretanto, yo aproveché para hacer algunas fotos del patio, las terrazas, el jardín, y para ver el interior del restaurante.


La luz que entraba a esa hora por las ventanas y caía sobre los manteles impecables, resbalando sobre los dibujos de las butacas tenía una tonalidad casi irreal que no estoy segura de que las fotos hayan conseguido captar. 







Pero no es en el interior donde se ejecuta esa danza milimetrada de los camareros de sala dirigidos por Itziar, impecables, discretos, y eficientes. La terraza, en lo que debió ser en su día el patio de la antigua possesió, es donde realmente se disfruta de la cena en una noche así.


Claro que esta es la parte que todos conocemos, y no es lo que yo buscaba. Mi objetivo estaba detrás de las puertas batientes  por donde asoman apenas la potente luz blanca y los azulejos impecables de la cocina.



A eso de las siete ya estaban todos preparados. Hacía horas que la cocina tenía actividad, pero en ese momento, que es la hora de apertura,  todo el mundo pareció activarse automáticamente, sin una sola señal –al menos que yo pudiera percibir-. Sin embargo, como si estuvieran respondiendo a un reloj interior, perfectamente acompasado, todo comenzó a acelerarse.


 El personal de sala empezó  a entrar cantando la llegada de las primeras mesas.
 


A partir de ese momento el ritmo fue creciendo sin descanso, y sólo comenzó a decrecer a partir de las 10 y media, cuando ya apenas quedaban por salir los postres de las últimas mesas.
Al igual que en el comienzo, de forma totalmente imperceptible, el ritmo había ido suavizándose. Ya no quedaban alimentos, hierbas, cremas, crujientes o petit fours encima de ninguna superficie de trabajo. Poco a poco las mesas de trabajo se habían quedado vacías de platos, cuchillos, y todos los cacharros que unos minutos antes las habían ocupado. En un isntante, cada uno de aquellos cocineros estaba recogiendo con la misma concentración su sitio, limpiando sus puestos y anunciando sin una sola palabra que aquella noche el trabajo, estaba, de nuevo hecho, y que para mis ojos, había sido  excepcional. 

Pero entre un momento y el otro pasaron muchas cosas que voy a intentar contar.
Para una profana como yo fue llamativo cómo está diseñada la cocina. Tiene una zona de frío -podéis verla en la siguiente foto-  donde se preparan y montan los platos fríos, con verduras frescas, que está bastantes grados por debajo de la zona de cocción.

Junto a la zona de cocina propiamente dicha, el centro neurálgico es una mesa independiente con una potente iluminación sobre la que se termina de preparar y montar cada plato.


Desde esta mesa Fernando P. Arellano dirige todo lo que pasa en la cocina como si fuera un director de orquesta. No se le escapa nada. Todo está medido, controlado, mimado en todos los detalles: textura, temperatura, punto de coción, sabor, color y presentación.
No está solo: sin apenas ruido van y vienen los distintos componentes de cada plato, ves moverse manos, llegan ingredientes, se comprueba el punto del pescado, se preparan la salsa o la guarnición.





Cada plato es cuidadosamente supervisado por el chef, que es meticuloso en el punto de los alimentos, en el sabor, y aún más en la disposición de los alimentos para el emplatado y en la impecable limpieza de todo lo que tiene que llegar a la sala. 



Me sorprendió el ritmo y el orden con el que se trabajaba. Es cierto que este tipo de restaurantes cuenta con un ratio de personal de cocina  y sala con respecto a los clientes que otros tipos de restaurantes no pueden permitirse. Supongo que, en parte,  a eso se debe que el ritmo de trabajo fuera intenso, con una gran concentración, pero no acelerado, no desordenado. Probablemente, también, a que no fuera una noche de mediados de julio o agosto, que sí habían sido frenéticas, por lo que me contaron. La impresión que me transmitió fue la de un trabajo meticuloso, perfeccionista y sin concesiones, ni siquiera a la prisa que a veces parece que exige el ritmo de otros restaurantes.





Mientras veía todo esto intentaba tomar fotos. Ya veis que la luz es terrible. Si alguna vez has hecho fotos de comida debajo de la luz de tu cocina, ahora imagínate la misma luz pero cien veces más potente, e intenta hacer fotos. Pero se trataba de ver la cocina y su trabajo in situ, así que hice lo que pude. Sobre todo, intentaba no perderme nada, molestar lo menos posible, e ir entendiendo lo que iba pasando a mi alrededor.


Y de vez en cuando, ir probando alguno de los mejores platos de los platos del chef.

(Por cierto: Gracias otra vez, Fernando! :-)

¿Qué os puedo decir? Todo lo que probé me pareció excelente, tratado con una gran delicadeza, sin artificios, lleno de sabor y perfecto. La única pega es que no fui capaz de ir haciendo fotos al mismo tiempo que probaba. pero eso es fácil de arreglar: Tengo que volver, pero vez para disfrutarlo desde la sala.


Os cuento con más detalle algunos de los platos que vi preparar y tuve la suerte de probar:

Unos snacks con verduras, un cremoso de ibérico, nueves de macadamia con curry y aceitunas preparadas.


Un aperitivo con un mejillón de concha comestible, y un pincho con cordero, crema de yogur  y tomatito.

 
Probé un salmonete que se ahumaba mientras lo comías, en una mini parrilla, con una espuma deliciosa para acompañarlo. Como veis, en este caso me pudo la pinta que tenía y no le hice la foto antes de comerlo!


Probé cuatro tipos de panes que hacen en el mismo restaurante, igual que su paté casero y su mantequilla.

 
Probé el tiradito: un carpaccio de secreto ibérico con vinagreta de lima, y hortalizas, al que mis fotos no hacen justicia ni de lejos.



Definitivamente me conquistó uno de los platos estrella de la casa: el huevo negro con caviar de sepia y arroz venere. ES-PEC-TA-CU-LAR.



(Foto: restaurante Zaranda)


Salté a los postres con la panacotta de cardamomo con higos frescos, streussel casero y helado de higos -que además recogen de la propia finca-.


Seguí con el mini brownie y el baba rum entre los petit fours (además, podéis ver los financiers y los macarons)

    
Y terminé apenas el cremoso de queso de cabra con sorbete de fresa al rioja y albahaca.

 

(Foto: restaurante Zaranda)

También vi preparar una crema de calabacín que incluía una base y fría de queso de Mahón , sobre la que se montaba el calabacín en diferentes texturas, para servirla en mesa con la crema propiamente dicha.







(foto  de la crema terminada, de Zaranda)


Vi montar el taco de lengua de ternera, glaseada y servida con guarnición de patata confitada, y ensalada tibia de puerros, vi los platos de pintada, la morena y la serviola.


  Y como anécdota, incluso vi al chef preparar una ensalada de tórtola que todavía no está en el menú, pero que por su cara no creo que tarde en incluirla. (y porque lo publicó en su cuenta de twitter: @arellanofernan)



La exigencia y el gusto por el trabajo bien hecho, la técnica del chef, no se acaba en el plato. Se extiende a corregir posturas absurdas, a pedir que se levante una caja para sacar su contenido de forma correcta, en lugar de hacerlo en cuclillas en el suelo, o a acercar un plato a su posición correcta en lugar de estirar el cuerpo sobre la mesa. Todo se podría haber hecho de la misma manera, -probablemente-, sin esas pequeñas correcciones. Pero ahí está la clave: incluso si el resultado es parecido (tal vez, el mismo) no es sólo el resultado el que cuenta. El proceso también tiene sus reglas, y su mejor forma de hacerse. Hay una manera de hacer las cosas y de eso se trata. También de enseñarla.
Estoy segura de que pasar por una de estas cocinas tendrá distintos efectos en cada uno de estos chicos, la mayoría muy jóvenes.
Algunos se llevarán un puñado de recetas y de técnicas que podrán repetir y combinar con mayor o menor éxito en sus futuros puestos. Algunos otros irán más allá e interiorizarán el modo de trabajar del chef. Y si hay mucha suerte, y es listo, y trabaja mucho, y tiene suficiente ambición, tal vez alguno de ellos le cuente a algún cliente dentro de unos años, después de una cena en una noche de septiembre que él estuvo en Zaranda con Fernando Arellano años antes de tener su propio restaurante, sus propias estrellas, y sus soles y lo que sea que entonces reconozca el trabajo brillante, y que mucho de lo que es lo aprendió trabajando con él:  exactamente como yo le vi hacerlo a Fernando el sábado por la noche.

A mí la experiencia me ha  convencido de que la excelencia no se improvisa, de que detrás del éxito hay talento, hay brillantez, hay equipo, pero sobre todo, hay un amor casi obsesivo por el trabajo bien hecho y  por el detalle;  una intransigencia feroz con la mediocridad: Cada día, en cada plato, en cada servicio.

Espero que este larguísimo post de hoy haya conseguido transmitir al menos un poco el ambiente que se vive en una cocina excepcional.

Yo quiero dar de nuevo las gracias a Itziar, a Fernando, y a todo el equipo (perdonadme, pero no me quedé con vuestros nombres!) por dejarme compartir con ellos una jornada de trabajo y haber sido una observadora de primera línea de este mundo que nos apasiona a todos los aficionados a la cocina.

GRACIAS, CHEF!




Podéis encontrar más información del restaurante Zaranda (incluida su carta y fotos de sus fantásticos platos) así como de Fernando Arellano, en:

www.zaranda.es
http://www.facebook.com/ZarandaSaTorre
@zarandarest
@arellanofernan
@itzirodriguez

 
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